Vistas de página en total

lunes, 8 de julio de 2019

Italia o la grande bellezza

Italia sigue enhechizándome como la primera vez que la visitara, hace ahora más de treinta años (me asusta el paso tan rápido del tiempo, una obsesión, el paso del tiempo). Parece que fuera ayer mismo (decíamos ayer...). 
Lago Levico

Venecia (grabada en la retina de mi memoria afectiva), Milán, Siena, Florencia, Roma... creo que fueron los lugares que visité, en un viaje organizado, que, como ya he señalado en alguna ocasión, no es la mejor forma de viajar. Pero mejor viajar que quedarse en casa a contemplar las musarañas en el cuarto oscuro de los roedores. 
Me dice mi amigo Javi, luego de enviarle algunas fotinas acerca de mi reciente viaje, que no hay pueblo feo en Italia. 
Italia (no sólo Firenze) es un gran museo al aire libre. Y todas sus ciudades, sus pueblos, su naturaleza son de una gran belleza, La grande bellezza, como la peli de Sorrentino. Una cinta que tanto nos hace recordar La dolce vita, del mago Fellini, uno de nuestros padres espirituales. Con el que uno se siente en verdad identificado. 

En esta ocasión, he podido visitar sobre todo El Trentino-Alto Adige, el Tirol sur, gracias a la invitación que me han hecho Álida y Jordi, una pareja entrañable, que vive en Italia desde hace aproximadamente treinta años, porque antes moraron en la antigua Yugoslavia. 
Recuerdo que en un viaje Inter-Raíl de juventud por Europa (varios Inter-Raíl hice cuando era un rapaz, incluso hasta casi los cuarenta, que quizá es la edad en que uno ya deja de ser joven), llegué a parar en Bolzano, la capital del Alto Adige (por ahí deben estar algunas fotinas en papel, que así lo confirman). Y luego, mientras vivía en Dijon, viajé a Udine (ahí vivía/vive Loretta). Y hasta recuerdo haber pasado por Trieste (o quizá lo soñé, creo que fue real). También el pasado año pude asomarme al Lago de Como, en la región de Lombardía (relativamente cerca de Milano, donde vive Elisa), que ya es un paisaje alpino, con gran parecido a Suiza (queda al ladito mismo). 
Bolzano, piazza Walther

Sin embargo, en este reciente viaje he descubierto que esta zona de Italia ha sido una revelación para mí. Con sus grandes y bellas montañas, sus viñedos y manzanos, su naturaleza esplendorosa (aquí nadie quema nada, como ocurre en el Bierzo, en España, y se cultiva todo de un modo envidiable, incluso en las pendientes más acusadas de su orografía), sus castillos y sus lagos, sus pueblos y ciudades elegantes y coloridas. Un mundo bien desarrollado, bien cuidado, bien trabajado, cuyo territorio es un modelo a seguir, como escribiera la propia Álida Ares en un artículo en La Nueva Crónica
Bolzano

El Bierzo, que tiene un cierto y acaso remoto aire con el Trentino, debería imitar el modelo de desarrollo sostenible de esta estupenda región italiana.  
Álida es berciana de Villadepalos. Y amiga desde hace ya unos años. Creo recordar que nos conocimos con motivo del Congreso Internacional dedicado a Gil y Carrasco. 
Por su parte, Jordi es catalán de Barcelona. Y ahora amigo, pues a él casi no lo conocía. Me lo había presentado Álida en el Bierzo, eso sí. 
Álida es filóloga, profesora y traductora. Y podría ser una excelente editora, si se lo propusiera. En realidad, ya lo es. Y la prologuista de mi libro Del agua y del tiempo, con el que tanto me ayudara. Álida Ares acaba de traducir El membrillo de Estambul http://sextopiso.es/esp/item/443/el-membrillo-de-estambul, una obra de Paolo Rumiz, que es uno de los grandes escritores italianos actuales, junto con Mauro Corona (a quien también ha traducido, ahí está el maravilloso Fantasmas de piedra, que tanto nos hace recordar a La lluvia amarilla, de Julio Llamazares, sobre este asunto volveré en otro momento: http://valentincarrera.es/fantasmas-de-piedra/), Erri De Luca (quien recibiera en 2014 el Premio Leteo en León, gracias sobre todo al poeta Rafa Saravia), o Claudio Magris (tengo pendiente leer su Danubio).
Merano

Jordi Canals es un hombre cultísimo, profesor, experto en lenguas y letras, un gran conocedor del entorno en que vive (y aun de otros lugares), un cicerone perfecto, un guía extraordinario, una persona generosa y aplomada. Una de esas personas que conoces y de la que jamás podrás olvidarte. 
Jordi, que conoce muy bien Cataluña (incluso ha llegado a impartir clases de catalán), no es nada catalanista. Y su mente está abierta al mundo. Los nacionalismos, bien lo sabemos, son una lacra. Y eso de creerse superiores al resto de los humanos es una majadería fuera de tiesto (valga la rebuznancia). Y un peligro de la hostia bendita. 

Levico

Me ha gustado recorrer esta zona de Italia, a buen seguro desconocida para la mayoría de españoles. Pero sobre todo me ha encantado la compañía de Jordi y Álida (ambos profesores en la Universidad de Trento), que tanto me han enseñado, no sólo acerca del Trentino, sino también de autores españoles como Gregorio Morán (guionista de una peli de Bardem y autor de El cura y los mandarines, que espero leer, entre otras), o el periodista y escritor andaluz Alejandro Luque, entre algunos otros. 
Desde el Renon

Y descubrir que el gran antropólogo polaco Malinowski (a quien llegara a estudiar en la Facultad) estableció su residencia de verano (años 20 y 30 del pasado siglo) en el Alto Adige, en Soprabolzano, en el bello municipio del Renon, con vistas de ensueño a los Alpes, a las Dolomitas. Un lugar maravilloso para la inspiración. 
El gran periodista y escritor Kapuscinski, también polaco como Malinowski, viajó poco antes de su fallecimiento (él que escribiera magníficos libros de viaje) a Bolzano y SopraBolzano tras las huellas del padre de la antropología moderna. 
Al parecer, también Freud, el padre del psicoanálisis, disfrutó de largos periodos vacacionales en el Trentino, en concreto en Lavarone, en la meseta de Asiago, que queda muy cerca de Levico Terme, tras el fuerte austriaco del Pizzo de Lévico, que se ve desde la casa de mis anfitriones, según me indica Jordi Canals. "Tanto es así que la Società Psicoanalítica italiana de vez en cuando aún se da cita allí", agrega Jordi. 

Otros artistas y poetas como Ezra Pound o Mahler también hallaron inspiración en el Trentino Alto Adige. 
Mahler en concreto compuso, en la localidad de Dobbiaco, sus últimas obras maestras como La canción de la tierra o la Novena Sinfonía. 

O bien que la archifamosa emperatriz Elisabeth de Baviera, Sisi, la reina del Imperio Austro-Húngaro disfrutara de las ciudades balneario de Merano (donde cuenta con una estatua y un sendero que lleva su nombre) como en Levico Terme, donde viven en la actualidad mis insuperables anfitriones. 
Es un gran placer estar con personas como Álida y Jordi. Mil gracias.  

Merano y Levico Terme, ciudades balneario

Merano es conocida por sus aguas curativas (me hace recordar, salvando todas las distancias, a Noceda del Bierzo). 
Merano


Y Levico Terme, a veintipocos kilómetros de la ciudad de Trento, es una población con mucho encanto, rodeada de altas montañas, situada en el valle de Valsugana, con su lago, o mejor dicho sus lagos, porque también se halla al lado el lago de Caldonazzo. 
Y con sus manantiales curativos, sus termas (de ahí el nombre de Terme). Un sitio tranquilo, con un parque exuberante, Habsburgo, en medio de una naturaleza impresionante, con sus pistas de esquí en invierno (lástima que en julio no haya nieve). 
Desde Vetriolo Terme, al fondo Levico

Merece mucho la pena la subida a Vetriolo Terme, a unos dos mil metros sobre el nivel del mar (Levico está a unos 500), porque desde Vetriolo (donde también hay un balneario) se tienen unas vistas maravillosas. Un sitio que gusta mucho a los parapentistas. Me hizo recordar, cómo no, el alto de Gistredo. Porque uno lleva su paisaje adonde quiera que va. 
Continuará la visita por el Trentino Alto Adige. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario