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domingo, 17 de diciembre de 2017

Tardes de vino... libros y música

'Non debes tener dubda, que del vino se faze
'la sangre verdadera de Dios: en ello yaze
'sacramento muy santo, pruévalo, si te plaze.'

(El Arcipreste de Hita, El libro del Buen amor)


El vino está presente en la historia desde hace miles de años. Y es una referencia harto importante en el arte. 
El vino ha inspirado a literatos a la hora de componer con la palabra. Grandes bebedores eran, entre otros muchos, Quevedo y Poe. Por poner sólo dos buenos ejemplos. 
El propio Quevedo, que era un gigante de las letras españolas, dedica al vino varios párrafos en sus obras, como podemos leer en el sueño de la muerte (incluido en su obra Sueños).
Nuestra cultura occidental (y fundamentalmente la mediterránea) está teñida y regada con vino. Nos gusta regar nuestras huertas y linares con vino de cosecha. 
Lástima que en el útero de Gistredo ya casi no queden viñas. 

La tradición grecolatina, con sus dioses Dioniso/Dionisos y Baco (en realidad la misma divinidad con diferentes nombres) nos ha influido de un modo decisivo. 
Homero, que al parecer también era buen empinador, hace referencia al vino en alguna de sus obras, por ejemplo en La Ilíada. 
Y Ovidio le dedica varios pasajes en su Arte de amar, que recomiendo encarecidamente a unos y otras. Una belleza de principio a fin esta obra. 
La literatura griega y romana clásicas están impregnadas de vino. Y las bacanales también hacen acto de presencia como ocurre con el Satiricón, de Petronio, que el mago Fellini llegara a adaptar al cine.
"¿Qué es la vida a quién le falta el vino?", se dice en el libro Eclesiástico.  
También el bíblico Cantar de los cantares o Cantar de Salomón huele a viña y a vino, incluso a erotismo. Ein Guedi, oasis a orillas del Mar Muerto, en el conflictivo Estado de Israel, aparece como uno de los escenarios de esta obra. "¡Bebed y embriagaros, queridos míos!", se puede leer en esta obra. Algo parecido a lo que nos cuenta el poeta Baudelaire, al que le entusiasmaban los paraísos artificiales. En el Spleen de París escribe: “Es hora de embriagarse. Para no ser los esclavos martirizados por el tiempo, embriagaos constantemente. De vino, de poesía o de virtud, como gustéis". 
En nuestra tierra todo lo celebramos con vino, con un vino español. ¡Qué rico! Pues el próximo lunes, o sea mañana mismo, dedicaremos una tarde al vino... los libros y la música. Será en el Campus de Ponferrada. No os la perdáis. 
Y el martes volveremos a las andadas en León, en este caso en el edificio de Rectorado de la ULE. 
La biblioteca de la ULE, a cargo de su director Santiago Asenjo, con la organización de Ana Otero, y la colaboración del programa interuniversitario de la Experiencia tanto en León como en Ponferrada, pondremos en marcha estos eventos culturales, con el vino como alma máter, símbolo e hilo conductor. Acaso la estrella que nos conducirá a Belén (ahora que se nos acecha la Navidad).
Un buen vino, ya sea del Bierzo, o de otra zona de León (cualquier Prieto Picudo), acompañado de una ración de pulpo o de callos es una delicia. 
“El Bierzo tiene fama del vino y del aguardiente, de las mujeres bonitas y de los hombres valientes”, escribe Raúl Guerra Garrido en su Viaje a una provincia interior. 
Luego catemos vino, en su justa medida, eso sí, que bien sabemos, como se nos dice en Macbeth por boca del Portero: "ya se sabe, empinarla en exceso es engañar a la
lujuria: que la anima y la corta; la excita y al tiempo la desinfla; la persuade y la deja; la sube y no la sube; en conclusión, en sueños la equivoca y la deja después desengañada". 
Con estas palabras shakesperianas vayamos abriendo boca, que la Casa del Jazz, orquestada por Gio Yáñez, nos amenizará la tarde con música. 

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