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miércoles, 11 de mayo de 2016

Cuentos para niñas y niños

Este viernes estaré, por la mañana, en el colegio de Compostilla de Ponferrada gracias a la invitación que me ha hecho Luis Nogaledo, paisano del útero gistredense, amigo y profe responsable en esa escuela de primaria. 
Luis Nogaledo es asimismo el webmaster de la página del Colectivo Cultural La Iguiada, donde figuran contenidos no sólo de nuestra revista La Curuja, sino también del pueblo de Noceda del Bierzo, una gran labor, sin duda. 
http://nocedadelbierzo.com/ 
Qué magnífica la figura del maestro o maestra, a pesar de que otrora no gozara de la importancia que en realidad tienen tales seres humanos, dispuestos a lidiar con la población infantil, con los rapacines y rapacinas que están en edad de aprendizaje y educación, bueno, en realidad, siempre estamos en edad de aprender y mejorar porque el saber, si bien ocupa mucho espacio y mucho tiempo, es algo necesario, imprescindible para conducirse por este mundo. Aunque a veces uno cree si no sería mejor estar sumido en la ignoracia, en un estado de felicidad contemplativa, aristotélica. 

En todo caso, el trabajo de los profes (al menos en otras épocas) no ha sido reconocido como se debiera. Incluso se decía el siguiente adagio:  "Pasa o pasas más hambre que un maestro de escuela". Aunque también es cierto, todo hay que subrayarlo, que en tiempos fachas había unos maestros que nos metían literamente el miedo en el cuerpo, inflándonos a hostias, que vaya guamazos y golpizas nos/les  atizaban a sus pupilos. Chingados, los pendejos. Y en Noceda del Bierzo (esto lo he contado por escrito en la revista la Curuja, en su primera época, tendré que recuperar tales textos) había maestros, si tal puede decirse, que eran unos auténticos cabestros, unos salvajes en toda desregla, que vaya reglazos que daban, los muy penitentes. Pero ahora no es menester aquí sacar a relucir y airear trapos sucios, antes al contrario, sería conveniente y hasta necesario (de justicia) ensalzar la labor docente, la tarea que realizan las maestras y maestros con su alumnado, en una época harto difícil para los enseñantes.

Enseñar es en verdad todo un arte, un trabajo difícil cuando uno persigue la excelencia. Y para atraer la atención de los infantes ('infantas') hay que ingeniárselas, intentar adentrarse en sus universos para acaso construir otros paralelos, que les resulten estimulantes. Y este viernes, nomás, tengo encomendada la misión (bueno, esto me ha quedado pelín trascendente) de hablarles de los cuentos, de la lectura y la escritura de cuentos, esos mundos fascinantes, que tanto nos apasionan a quienes nos gusta laborar y aun jugar (acostarnos) con las palabras, las palabras que se hacen carne y sangre, fluido rosa en su psicodelia vital, andante. 
Recuerdo que, bien pequeño, me entusiasmaba escuchar historias, que me contaran cuentos, y algo más grandecito ya me encantaba leer aquellas joyas literarias impregnadas de aventuras. Me encandilaban las historias de Julio Verne, sobre todo, pero también de Emilio Salgari, entre algunos otros.
Siendo un mocosín me gustaba mucho aquel cuento titulado El lobo y los siete cabritillos, que por lo demás se me antoja muy cruel, aunque con su punto moralizante, tanto como la mayoría de los llamados cuentos para niños y niñas, desde Caperucita Roja (en el que también un lobo se come a una abuelita) a La Cenicienta o La bella durmiente y los siete enanitos, entre otros muchos.
En  El lobo y los siete cabritillos, el lobo, aunque comete sus fechorías, amparándose en todo tipo de trapacerías, acaba ahogado en su propia maldad. Cabe señalar a este respecto (ahora que acabo de leer un ensayo novelado del médico y psicoanalista Luis Salvador López Herrero) que sólo los seres humanos somos malignos, incluso nos regocijamos en el mal (véase a los psicópatas/tiranos...). En cambio, los animales, si algún estropicio cometen, no actúan con maldad, sino por pura defensa, por pura supervivencia. Pero esto daría para mucha tela que cortar. Y no es el tema que ahora nos incumbe.
Pues bien, este viernes intentaré, al menos, captar la atención del alumnado infantil contándoles algunos de los entresijos de la narración (oral y escrita). A ver cómo me sale.  
http://bierzocomarca.eu/index.php/sociedad/35-educacion/25526-2016-05-10-12-48-43 

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