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domingo, 14 de febrero de 2016

Gustavo Bueno en Imprescindibles: La vuelta a la caverna


 http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-gustavo-bueno-vuelta-caverna/3485086/

"Morirse con las botas", dice el maestro Gustavo Bueno, morirse como un estoico. "El pensamiento puede llegar hasta el final del todo", apostilla este genio, este hombre de 91 años, este grandísimo filósofo con una vitalidad envidiable, con una lucidez extraordinaria, el gran pensador del siglo XX y parte del XXI después de Ortega y Gasset. 
Un filósofo ("individuo que fabrica teorías") que ha construido un sistema filosófico, la teoría del cierre categorial (cierre operatorio) a partir del materialismo gnoseológico, que ha dado sus frutos, incluso en el terreno del arte, como ha hecho recientemente su discípulo aventajado Pablo Huerga Melcón con su magnífico ensayo, 'La ventana indiscreta, una poética materialista del cine', donde reflexiona sobre el llamado séptimo arte como ciencia humana. 

"Pensar sin sistema es una indecencia", asegura el profesor Bueno (pensar contra alguien), quien también aboga por triturar casi todo, destruir la mayor parte de las cosas en que nos movemos, por ser éstas erroneas, por estar torcidas. Resulta obvio que vivimos en un mundo engañoso, donde la falsedad y la mentira se imponen como una apisonadora, desde la tontería de la existencia de dios ("Dios no existe, no es que exista o no, es que no puede existir") hasta otras tantas engañatoladas en las que estamos sumidos. Un mundo en el que estamos prisioneros cual si fueramos sombras en la caverna de Platón.
Las opiniones no valen nada si no tienen su argumento. Es mejor no pensar si el pensamiento no está argumentado. 
Hay, según Bueno, diferentes categorías científicas, que no se pueden reducir a una sola categoría, como quisiera el Nobel astur Severo Ochoa, que lo reducía todo a la Química. 
Gustavo Bueno reconoce que si no hubiera ido a Oviedo (atraído por el padre Feijoo y la minería), entonces no habría desarrollado su sistema filosófico. En Asturias llegó a dar charlas a los mineros, a quienes consideraba que superaban en conocimientos a los propios alumnos/as de la Facultad de Filosofía. La filosofía engranada en la vida cotidiana, la filosofía como un modo de entender el mundo en que vivimos, cada día más complejo.
Asistí a sus clases a mediados de los años ochenta, y eran en verdad adictivas, estimulantes, reveladoras. Lo recuerdo como mucho afecto. Un orador nato, crítico, brillante, con su modo de hablar dialéctico/platónico, siempre retomando, abriendo camino, repensando todo. 
Hace años lo visité en su Fundación ("academia o universidad platónica que aplica el método racional), le conté que había sido su alumno, que, después de cursar estudios en su facultad, había vivido fuera de España... Y me contestó: usted abandonó la caverna y ahora ha vuelto a regresar a la misma. 
En la actualidad, a través del entrañable Pablo Huerga (quien por cierto aparece en esta grabación, Imprescindibles en la 2), quiero volver a la Fundación para verlo y charlar con él.
Ateo, marxista ("no tamudista"), prosoviético, Gustavo Bueno es sobre todo una persona con enorme capacidad analítica, que no deja indiferente a nadie con su discurso, con su saber, con su modo de encarar la realidad, con algunos de sus mejores libros dedicados a entender España ("problema filosófico que nos desborda"), Europa ("una biofenosis, un club capitalista"), la democracia (el pueblo sólo puede elegir a partir de lo que le ofrecen, con lo cual no sirve como tal), la cultura (secularización del reino de la Gracia, "el espíritu del pueblo soplando", que acaba engendrando nacionalismos), la transición española como un camelo (el régimen actual como prolongación del régimen franquista, lo cual es muy lúcido, a tenor de lo que hemos visto y vivido), la política actual (el mito de la izquierda...), izquierda y derecha como ecualizadas, homogeneizadas, lo cual no se ha acabado de entender bien por la llamada izquierda, calificándolo como facha (nada más lejos de Bueno). "Llamarle facha a Don Gustavo es el colomo de la imbecilidad", aclara uno de sus amigos. 
Como quiera que el futuro está por escribir, nos recuerda el maestro Gustavo Bueno, yo no espero nada (así se despide, con esta dosis de escepticismo). Una lección de vida y sabiduría.

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