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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Je suis París





Soy París, todos y todas somos París en estos momentos de tristeza, después de la barbarie cometida a sangre fría por unos fanáticos en la ciudad más turística del mundo, la urbe en la que viven miles de extranjeros, un buen número de españoles y españolas, entre los cuales se hallan, por ejemplo, la pintora berciana Ángela Cobos, originaria de Noceda, la actriz ponferradina Otilia Laiz, a quien recuerdo en su papel en ‘La comunidad’, de Alex de la Iglesia, o bien el cineasta Chema Sarmiento, que recientemente estuvo en Santa Marina de Torre para recoger la Pica de Oro, que le concediera la Asociación Carqueixa. Uno mismo vivió en la capital francesa en la década de los noventa, época en la que la ciudad de la luz exhalaba un tufo violento, sobre todo en determinados barrios periféricos, pero también en el corazón de Châtelet-Les Halles o en el multirracial Faubourg Saint-Denis.


Ayer, en La Nueva Crónica.

Je suis París
París, que ya sufriera los graves atentados contra ‘Charlie Hebdo’ a principios de este año, se ha convertido en el escenario predilecto de los yihadistas para rematar su faena con este surrealista crimen contra cientos de personas, contra la humanidad, en definitiva, como nos recuerda el presidente Obama. Surrealismo en estado salvaje, tal como en su día llegara a imaginar Luis Buñuel, uno de los cineastas más originales que ha dado el llamado séptimo arte. Hoy, el creador de ‘El fantasma de la libertad’ se quedaría a buen seguro sobrecogido con esta puesta en escena, impregnada de locura, porque la vida (en este caso la muerte brutal) siempre supera cualquier ficción.
Ahora me siento conmocionado. Me pongo en la piel de las familias de todas las víctimas, me religo con ellas a través del dolor y el espanto, mediante el afecto, y sospecho que esta guerra –porque esta es una guerra en toda desregla- no ha hecho más que empezar. Y no lo digo con afán pesimista, antes objetivo, habida cuenta de que los terroristas islámicos han decidido (hace ya tiempo) tomarse la venganza por su cuenta y riesgo, heridos, en su fuero interno, porque el mundo Occidental (con los Estados Unidos a la cabeza) han arrasado literalmente, con sus bombas y sus misiles, algunos de sus países. Y, como es habitual en esta vida absurda por instantes, siempre pagan justos por pecadores. Los peces gordos, los cabrones de altos vuelos, las arman pardas (utilizando, en este tablero de ajedrez perverso, peones con el cerebro lavado y planchado), ya sean de una religión u otra, de una cultura u otra, mientras el pueblo acaba pagando todos los platos rotos. Y a partir de estos tiempos nuevos, tiempos salvajes, nadie estará a salvo en este mundo deshumanizado, vuelto del revés, porque nos tendrán agarrados por las pelotas, esclavizados al miedo y al horror (control férreo y despótico), con la consiguiente y absoluta falta de libertad. Si antes, cada vez que viajábamos a algún país, nos trataban a baquetazo, como a borregos, y nos miraban hasta la talla de nuestras prendas interiores, a partir de ahora nos radiografiaran el alma. Y nos la acabarán robando o mutilando. El odio hacia el Otro (Otra) se incrementará, con el consiguiente disparo de la xenofobia, los muros, las alambradas y las fronteras se alzarán de nuevo (en realidad siempre han estado en pie, no sólo en “tierra santa”, sino en todo el orbe). Los países ricos seguirán explotando y vendiendo sus armamentos a los pobres. Y la historia de la infamia y la perversión continuarán. Muertos ya en vida, ni viajar fuera del país podremos. Vaya panorama. Je suis París pero también soy español y oriental y ciudadano del mundo, porque nada de lo humano me es ajeno. 

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