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lunes, 4 de marzo de 2013

Juan Antonio Bardem

Recupero este texto, escrito inicialmente en noviembre de 2002 en Diario de León, bajo el encabezamiento de El molín de Ampuero, con motivo de una clase magistral que impartiera su hija María Bardem en la Escuela de Cine de Ponferrada. Qué tiempos aquellos.  
María Bardem es script de cine desde 1980 en películas como El día de la Bestia o Mortadelo y Filemón, en series como El comisario o Cuéntame, en TV movies como Fago o El Solitario y en anuncios de publicidad como Patatas McCain o Ford Mondeo.

Nunca olvidaré lo que nos dijera el director Juan Antonio Bardem a propósito del cine de la época franquista: "el cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico". 

El propio Bardem, con Berlanga, formaron un dúo extraordinario en películas como Esa pareja feliz y ¡Bienvenido, Míster Marshall!
Incluso se atrevieron a decir que ellos habían inventado la censura, ya que hasta la aparición de las primeras formas de disidencia aquélla era poco menos que innecesaria.  

Bardem y Berlanga pertenecen a esa "generación" de cineastas disidentes, que no comulgaban con el sistema imperante. 

Es bie sabido que si uno no se adapta al sistema está condenado, cuando menos, al silencio, a la marginación. Y fuera del sistema dominante -político e insdustrial- no había en aquellos años 50 el menor espacio. 

La culminación de la cultura disidente llegaría con las famosas Conversaciones Cinematográficas de Salamanca, que fueron organizadas entre el 14 y el 19 de mayo de 1955 por el cine-club del SEU de Salamanca, dirigido por Basilio Martín Patino, otro de nuestros grandes cineastas. Si bien la censura cinematográfica -ya sea en nuestro país o en los Estados Unidos- es tan vieja como el propio cine, no cabe duda de que Bardem, cuya ideología política de izquierdas nunca ocultó,  fue uno de los directores a los que los inquisidores franquistas de la pluma siguieron muy de cerca. 

Juan Antonio Bardem confiesa haber tenido muchos problemas para rodar, y eso no se puede ni se debe perdonar a los capullos y politicastros de la antigua guardia. 

A menudo se dice que, bajo un regimen dictatorial y censurador, se han creado obras artísticas. Pues vale. Un  regimen de tales características es evidente que no favorece a quienes aspiran a ir más allá de la realidad, o simplemente se muestran desobedientes con los cánones establecidos.  En el caso del cine, no resulta tan fácil hacer una obra independiente y libre, pues uno no depende sólo de sí mismo, como podría ocurrir en la literatura (vaya ingenuidad, acabo de soltar), pongamos por caso, sino que estás sujeto a un gran equipo, y sobre todo estás atado a la guita, que todo lo manda en el cine (y aun en el resto de actividades). Y si alguien se encarga de cortarte el grifo, ya está jodido. 

No tuve la suerte de conocer a Juan Antonio Bardem, pero sí pude conocer a su hija María, una "chavala" muy agradable y graciosa, que estuvo impartiendo alguna clase de script en la Escuela de Cine de Ponferrada. 

Cuando alguien cercano se muere -mismamente Bardem-, es como si uno se viniera abajo. Y al director de Calle Mayor lo siento muy próximo. 

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