A orillas del Cantábrico, donde el mar sacude con fuerza los acantilados del oriente asturiano y el horizonte parece fundirse, en ocasiones, con un cielo plomizo, se alza Llanes, una villa marinera que conserva intacto el embrujo de un lugar singular.
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| Torreón |
Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, invita a perderse entre callejuelas empedradas, casas blasonadas y mansiones de indianos que evocan historias de emigrantes y fortunas forjadas al otro lado del océano, tanto es así que la historia impregna sus piedras, con una muralla medieval del siglo XII y un Torreón, antigua fortaleza y prisión, que se eleva imponente como testigo de siglos de acontecimientos.
Próximo al Torreón, puede disfrutarse del Casino modernista, que evoca esta época de esplendor de los indianos, aquellos emigrantes que regresaron enriquecidos de América y contribuyeron a embellecer la localidad con construcciones como el palacio de Partarríu, que sirvió como escenario para la inquietante residencia de la película El orfanato, dirigida por Bayona. No en vano, cineastas y productores han encontrado en Llanes y su concejo el escenario perfecto para contar sus historias.
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| Casino |
Con el transcurso de los años, esta localidad se ha convertido en un extraordinario plató natural donde la realidad y la ficción se entremezclan. No sólo sus palacios, como el mencionado Partarríu (en proceso de restauración), sino sus playas (San Antolín, Torimbia, Barru, Borizu, Toró... que he podido visitar en anteriores viajes) y parajes costeros han servido de marco a largometrajes y series televisivas que permanecen en nuestra memoria como El abuelo e Historia de un beso, de Garci; o El portero, Remando al viento, Mi nombre es sombra y El detective y la muerte, de Gonzalo Suárez, entre otras. De ahí proviene el eslogan de Llanes de cine.
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| Partarríu |
Aunque ya lo he dicho en otras ocasiones, el cineasta Suárez (él diría cineostia con su característico humor) fue director honorífico de la extinta Escuela de cine de Ponferrada, donde estuve durante años trabajando desde su puesta en marcha hasta su final como cofundador de la misma, además de mi labor como profesor, coordinador y encargado de las Relaciones externas.
Uno de los espacios que despierta los sentidos tanto de los oriundos como de los visitantes es precisamente el paseo de San Pedro, que discurre al borde de los acantilados como una alfombra verde suspendida entre la tierra y el mar. Además, este paseo es un genuino mirador a la playa del Sablón, la antigua muralla y la villa que se asoma al Cantábrico.
El paisaje posee una belleza cautivadora que atrapa al trotamundos desde el primer instante.
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| Plaza de Parres Sobrino |
El propio Garci utilizó el paseo de San Pedro, aparte de la céntrica e histórica plaza de Parres Sobrino, que en tiempos fuera el mercado medieval de la villa, para filmar algunas de las escenas de Historia de un beso.
Por su parte, el puerto, auténtico corazón de la villa, recuerda a un pequeño canal abierto al mar, como si por un instante el visitante fuese transportado a Venecia. A uno y otro lado se suceden terrazas animadas, embarcaciones que se mecen al ritmo de las mareas y rincones donde la vida parece transcurrir sin prisas. Y eso fascina al viajero, que se siente tranquilo paseando sin mirar el reloj.
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| Puerto |
«Es bien sabido —lo repiten a menudo en Marruecos, país que ha visitado en diversas ocasiones— que las prisas matan y hasta rematan...», y lo hacen mediante infartos cerebrales y otros males. Quizá por ello el filósofo surcoreano Chul Han, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, describe nuestra época como un paisaje patológico marcado por la depresión, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, el trastorno límite de la personalidad y el agotamiento. Es la llamada «sociedad del cansancio». Frente a ella, parece reivindicar la contemplación como punto de partida para alcanzar el equilibrio y la ataraxia estoica y epicúrea, esa serenidad que permite vivir sin sobresaltos en un mundo cada vez más desequilibrado.
https://cuenya.blogspot.com/2022/09/asturias-y-cantabria-en-el-corazon.html
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| Desde el mirador de San Pedro |
En realidad, Chul Han reivindica la inactividad como una necesidad, habida cuenta de que ésta es esencial para nuestro bienestar y nuestra salud mental. En estas reflexiones anda el viajero mientras deambula de forma casi peripatética por la villa hasta que llega al espigón, donde los Cubos de la Memoria de Ibarrola ofrecen un espectáculo cambiante de colores y reflejos, porque la obra del artista vasco parece cobrar vida con cada variación de la luz, transformando el hormigón en un lienzo que parece establecer una conversación con el agua y el cielo.
Pero si hay algo que completa el alma de Llanes es su gastronomía. En las mesas aparecen los sabores más genuinos de esta tierra: la fabada, el cachopo, las deliciosas casadielles o los dulces carbayones. Todo ello acompañado por la sidra, una bebida exquisita que forma parte de la identidad asturiana y al viajero le resulta deliciosa.
Llanes es, en definitiva, un mapa de los afectos al que el viajero regresa como si lo hiciera a su casa, que en realidad lo es, porque la siente como propia, una villa que deja en la memoria sensorial y emocional del viajero una huella imborrable.
De Llanes a San Vicente de la Barquera, una estampa clavada también en la retina de la memoria.






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