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martes, 10 de noviembre de 2020

Salentinos, Macondo del Bierzo

Viajemos, como esencia vital, habida cuenta de que la vida en sí misma es un viaje, casi siempre breve, como un suspiro. Me obsesiona el paso acelerado del tiempo, sobre todo en esta época coronavírica, en la que se nos han congelado las ilusiones. Y el tiempo pareciera que no da de sí.


Que se hubiera estancado. O se hubiera, acaso, distorsionado como en una pesadilla. Así que sigamos viajando en la medida de nuestras posibilidades, y por supuesto viajemos a nuestro interior, como submarinistas que se adentraran en el magma del subconsciente, que es un caballo todopoderoso trotando por las praderas de un verde valle. O algo tal que así. 

Prosigamos viajando, aunque sea en un vagón de tercera, desplazándonos a través de los raíles de los sueños. El viaje, siempre el viaje, como estructura o andamiaje sobre el que construir y aun reconstruir nuestras vivencias.


Vivir para contarlas, como quisiera el Nobel Gabo, que nos legó una obra llena de vida, aunque estuviera teñida por la fantasía y ese realismo mágico que entronca, como ya he señalado, con la Galicia rural, honda y boscosa, en la que los vivos conviven y dialogan con los muertos con absoluta naturalidad, sin hacer aspavientos.  

Viajemos por nuestra tierra, que por estos lares sí nos lo permiten, al menos por ahora. Quizá de cara al próximo año se vayan despejando los nubarrones en el horizonte, con la esperanza que nos procurará esa vacuna o vacunas contra el virus, que nos sigue royendo el alma, agujereando nuestras entendederas.  


El Bierzo entero es un mapa de afectos que recorro con satisfacción. Con el placer inmenso de sentirme en una tierra familiar. Y el Bierzo Alto se me antoja cuasi cuasi un territorio ignoto, exótico, al que me gusta volver una y otra vez. 

Salentinos, situado en ese Bierzo agreste y profundo, despierta en mí la sensación de arribar a uno de esos espacios míticos que aparecen en el realismo mágico, quizá porque Salentinos es en sí mismo puro realismo mágico, un Macondo reinventado o re-interpretado, con sus veinte casas a orillas de un río de aguas diáfanas. Aguas cristalinas que se precipitan, como en el espacio legendario de García Márquez, por un lecho de piedras prehistóricas. Con la solera atrayente de la belleza primigenia. 

Vuelvo a Salentinos en este otoño que en sus bosques y montañas adquiere el colorido de un cuadro impresionista. Con el nítido recuerdo de un poeta, Ángel González, que viviera en Páramo del Sil, que es población que uno atraviesa antes de alcanzar este Macondo del Bierzo. 

Este Macondo Salentinos como uno de los puntos de partida hacia la cumbre del Catoute, emblemático pico que nos permite contemplar, extasiados, la olla/hoya berciana en su totalidad. 

En esta ocasión el Catoute, bajo la bruma, confiere al paisaje un aire de romanticismo que nos sumerge aún más en un mundo de ficción. Entre la fabulación y la realidad asoman esas casas de piedra, cubiertas de losa, con sus corredores de madera.  

Un aire de romanticismo o de saudade impregna el ambiente. Y el viajero o visitante (en entrañable compañía) se topa con algunos oriundos, entre ellos Alberto, que se muestra hospitalario, ofreciendo gustoso su casa para que podamos tomar algo, habida cuenta de que no existe ni siquiera un bar (tiempos gloriosos aquellos en los que, a través de Marta, era posible yantar un suculento jabalí guisado, o jabalí con patatas en su bar-restaurante). Y a decir verdad en esta época el bar está chapado, como se dice ahora, a resultas de la pandemia. En verdad, lleva ya cerrado hace años.

En realidad, existe un albergue o refugio, adonde imagino que van a parar quienes hacen la ruta al Catoute, o simplemente deciden alojarse en el pueblo. El tipo que regenta este albergue está nomás esperando a que lleguen sus huéspedes, con lo cual dice que no puede ofrecernos ni siquiera una cerveza, porque, con las personas que se alojan en su casa, ya no puede dar cabida a nadie más. 

Pero por fortuna aparece Alberto, quien, además de buen conocedor de la zona y aun de otros lugares del Bierzo, incluso de Asturias, se revela como un gran conversador. Su conversación, unas castañas asadas al tambor y unas cervezas resultan estimulantes. Y dan energía para continuar por las veredas de los sueños. 

Seguiremos soñando con viajar. 


2 comentarios:

  1. Qué bonitos recuerdos nos trae a la memoria estos pueblos y parajes del Bierzo alto: como Urdiales, los Montes, Pardamaza, Libran, Salentinos y tantos otros, algunos, ya sin habitantes (así quedarán todos por la verdadera pandemia que es la despoblación debido a la falta de una política de reformas y ayudadas a sus gentes) pero llenos de encanto. Ánimo, Manuel, en tu camino de caminante de sentimientos terrícolas para que sigas disfrutando y nos hagas también disfrutar a los demás. Un abrazo!

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  2. El reposo del Guerrero. Cuanta paz, cuanta belleza en cualquier estación del año. Debemos conservarlo es su Estado natural y dejarlo como legado a venideras generaciones.

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