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jueves, 27 de marzo de 2014

Palabras para Astorga



               Palabras para… En los últimos tiempos parece que nos rondaran y aun persiguieran las palabras. Hamacarse en las palabras, acostarse con ellas, es un ejercicio saludable y excitante, que a uno le sigue procurando éxtasis. Pura levitación. Como si de repente me pusiera a girar en plan peonza, véase a los derviches giróvagos, en medio del espacio interestelar. El pasado ‘finde’ se celebró el Día Internacional de la Poesía, lo que fue un buen motivo para acercarme, siempre en excelente compañía, a la ciudad de Astorga, donde se daban cita algunos y algunas grandes de la lírica leonesa, que nos deleitaron con sus versos, incluso un joven del público, que nos enganchó con su defensa de las mujeres sometidas al yugo castrador de nuestra sociedad deliberadamente machista. Esa tarde en Astorga, que también era día de reconocimiento a la mujer, se me antojó, una vez más, una gran ocasión para reflexionar sobre la poesía, que es y debería ser siempre vida, y me emocionaron algunos de los poemas que allí se “entretejieran” y leyeran, además de uno que recitara una poeta, de un modo magistral, del genio Lorca (que me sigue trastocando con su duende), o bien se cantaran, como el ya clásico ‘Palabras para Julia’, del poeta José Agustín Goytisolo, el hermano de otros grandes de la literatura en mayúsculas: Luis y Juan, sobre todo éste último, por cuya obra siento auténtica devoción. A uno, más allá de celebrar el Día de la Poesía, que es algo esencial, le gustaría vivir en un permanente estado poético, y hasta transformar lo cotidiano vulgar, la realidad grosera, que a veces nos envuelve con su fétido aliento, en algo artístico, hacer de la vida y con la vida poesía, en estado puro, ser sublime sin interrupción, como quisiera el autor de ‘Las flores del mal’, devolver vida a la literatura, como pretendiera Henry Miller, vivir, en definitiva, la poesía día a día.


               Astorga, la ciudad de la estirpe Panero, tristemente ya desaparecida, la ciudad del chocolate y las mantecadas, la cecina y el palacio episcopal, celebró por todo lo alto el Día de la Poesía. Y eso es de agradecer en estos tiempos, malos para la lírica -creo que nunca, a lo largo de la historia, han sido buenos-, donde lo que prima e impera es la dictadura del capitalismo salvaje, que todo lo traduce o procesa en dinero-mierda, la moneda de cambio con la que algunos y algunas prostituyen su espíritu (en ocasiones también su cuerpo). Como cada miércoles, éste también, me reencontraré con mi grupo de teatro maragato y pronunciaré unas palabras para… Astorga.
                                                                                                                                          
                                                                                                                            

                                                                                                                                  

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