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viernes, 22 de julio de 2011

Días de poesía y amistad en Priego

                                          Ángel Luis, Clara Janés, Pablo García Baena, Társila y Juanjo


Diego Jesús Jiménez y Tomás Néstor en León (2009)

http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/encuentro-poetico-en-priego_701508.html 

Desciende entre pinares la quietud de la tarde.
En él fluyen los cielos y se desvela, como un tapiz, su música.
Suspendido en la imagen que reflejan las aguas, el universo sacia
la sed que no conoce límites. En mi sangre penetran
como luces dormidas los aromas, moradas
donde mi cuerpo habita, oculto, en sus remansos.
                                                                    Desnudos paraísos de frío
sus paisajes de nieve, donde aún la pureza
fuera de mí, herida por la infancia, florece en la memoria
como un dios extinguiéndose. 
(Diego Jesús Jiménez, Itinerario para náufragos)

 Una experiencia inolvidable, Priego, que espero repetir el próximo año. Bueno, eso nunca se sabe porque la vida se rebela por instantes absurda y no hay quien a darle forma y contenido. Tendemos a racionalizar la realidad, la vida, y a menudo nos puede lo irracional, lo kafkiano, el sueño de la sinrazón produciendo monstruos. 


                                       Idoia y Luis Alberto de Cuenca
Pero seamos optimistas y no nos dejemos llevar por un análisis tremendista. Priego, decía, me encantó. Y ahora estoy saboreando esos días de poesía y amistad, sonrisas y afectos entrelazados en una belleza que se me hace maravillosa, porque la belleza es acaso la única protesta que merece la pena en este mundo des-razonado, en el que tanta gente pasa hambre y sufre guerras y catástrofes varias. Qué lástima. Con lo bonita que puede, también, llegar a ser la vida. 


                             Olga, Marisa, Miguel Mula y Adriana
La poesía como vida, la vida impregnada de poesía. La belleza de unos versos que se hacen carne y espíritu. La amistad que se teje entre unos seres humanos dispuestos a divertirse, disfrutar, sentir la vida, el mundo, como tiernos infantes (en este caso no difuntos), con la inocencia salvaje y prístina, con la mirada infantil de quien se asombrara de lo que ve y escucha, toca y saborea. 


                            Anabel Torres y Fernando Nombela
Priego me encantó como escenario de sosiego y paz, y aun como espacio de ataraxia y huerto epicúreo donde las personas se reúnen en torno al amor sagrado de unas palabras incandescentes: el brasero dulce y amable de las palabras que renacen de sus cenizas, que vuelven a tomar vuelo y consistencia, que retoman nuevo significado tras su significante revulsivo: la creación (reconstrucción) de un nuevo mundo a través de la palabra aún no gastada ni malgastada.
                                          César Gavela

                                                        Pilar Blanco 
La palabra como sanación. Los versos balsámicos, que invitan a la recreación y le hacen creer a uno en el mundo. 
                                  Colinas y Juanjo
Priego me tocó la fibra, me alimentó con sus versos y sus gentes. Y sentí con intensidad y cariño a mis compañeros y compañeras de viaje: el viaje al interior de la belleza. El viaje a las esencias. Me entusiasmó conocer a Pablo García Baena, con su vitalidad y su entereza, su porte elegante y su saber. Me gustó la presencia tranquila de Clara Janés y sus vivencias por el ancho mundo. Me alegró volver a ver a Luis Alberto de Cuenca, con sus versos cercanos, cual si fueran de uno mismo, como aquello que dice: “Todo en la vida / se reduce a dos cosas: / sexo y comida”, o lo que se me antoja similar:.la vida se resume a Eros y Tánatos, deseo y muerte, algo bien psicoanalítico, freudiano, que comparto y siento. 

                                       Anabel Torres y Antonio Carvajal
Por allí pasaron también Antonio Carvajal (al que Anabel Torres le rindió homenaje), el maestro de la luz, mi paisano Colinas, que me dedicó uno de sus libritos, Catorce retratos de mujer. Gracias, Antonio, por tus palabras cargadas de lírica y vida. Y todos esos amigos y amigas que me hicieron vivir momentos tan agradables, en su amor y compañía: 

Olga (inolvidable), Adriana (una revelación), Idoia (un gusto volver a verla), Pilar (cercana), María (un encanto), Marisa (que pintó un cuadro que me hizo recordar el puente de Arles, de Van Gogh), Anabel Torres (con quien me hubiera gustado platicar más), Eva/Patty Ice (agradable), Társila (madre e hija, y a su vez mujer e hija del gran poeta Diego Jesús Jiménez), César (que nos deleitó con su ingenio y versículos dedicados a los poetas nádicos), Miguel Curiel (que nos cantó a la luz de la luna, con su voz lírica y su guitarra), Miguel Mula (siempre entrañable), Ángel Luis (hospitalario), Rafa Escobar (que me dedicó su libro de poemas, cuyo título se me hace transgresor; qué pena que tuviera que salir pitando al saber de la agonía de su primo), Tomás Néstor (que nos leyó unos poemas, con su voz siempre poderosa), José Enrique (que disertó sobre la poesía de Colinas), Fernando Nombela (que resultó seductor y simpatiquísimo), María José, Marga, Amparo, Juanjo Lanz... Siento no acordarme de todos y de todas. Y lástima que no pudiéramos ver/escuchar a Pere Gimferrer, él que tanto sabe de cine y literatura aunque su poesía me siga latiendo hermética, como algunos poemas de su Rapsodia. Hasta la próxima. 

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