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jueves, 10 de enero de 2019

Cosas de la bucólica: La gastronomía en el Quijote

Hoy jueves 10 de enero, en el Museo de la Radio de Ponferrada, estaremos para acompañar, arropar al periodista, escritor y viajero cepedano Tomás Álvarez en la presentación de su libro Cosas de la bucólica: La gastronomía en el Quijote. 
Como curiosidad, cabe señalar que hoy mismo (durante estos meses de enero y febrero) Tomás Álvarez impartirá clases acerca del Camino de Santiago al alumnado de la Universidad de la Experiencia en el Campus de Ponferrada. 
"Escritor de hondos saberes, periodista al filo de la actualidad durante largos años", así lo define el académico Luis María Ansón, el prologuista de Cosas de la bucólica. 

Un volumen que nos abre literalmente el apetito acaso por la belleza será comestible o no será. Y esta es una obra bella, tanto en su contenido como en la forma, ilustrada por el pintor Rosendo García Ramos, Sendo, "un personaje asendereado, de aire quijotesco, parco en palabras y fecundo en obra", según Tomás Álvarez, y editada por el también escritor Juan Manuel Martínez Valdueza, a quien hemos tenido la ocasión de entrevistar para la fragua literaria leonesa https://www.ileon.com/cultura/086819/juan-manuel-martinez-valdueza-tengo-pedigri-leones-de-mas-de-ochocientos-anos, al igual que al creador de la obra que presentamos esta misma tarde https://www.ileon.com/cultura/085397/tomas-alvarez-la-escritura-es-la-salvacion-de-la-memoria
Decía que Cosas de la bucólica (bucólica en sentido de boca, lo tocante a la alimentación, qué cosas) es un libro que nos invita a saborear, a catar sabrosos manjares; alcuzcuz o cuscús (habitual en el mundo moruno, aunque uno prefiere el tajine), guisos de carne o ensaladas con miel, huevos con tocino entreverado (exquisito plato), incluso la famosa olla podrida (que huele que alimenta, como se dice ahora), como los que se nos muestran en el Quijote, la obra magna de Cervantes, por la que siento devoción. Y que conviene ir entrándole de a poquito, como al buen jamón, para que nos quede -en el paladar, en nuestra lengua-, ese regusto a gloria bendita. Incluso un mendrugo de pan y un cacho de queso, como los que devoraba el bueno de Sancho, ya nos ayudan a seguir camino, haciendo camino al andar, pues El Quijote, "verdadero retablo de la vida del final del siglo XVI", es un estupendo libro de viajes por la geografía española, no sólo la manchega, como algunos pudieran creer, sino por otras provincias y territorios míticos o reales, como la Ínsula Barataria (a la que Tomás dedica uno de sus capítulos, "donde Cervantes describe el almuerzo más surrealista de los narrados en la literatura universal"), que en verdad existe, como nos recuerda el gran narrador leonés Julio Llamazares en su Atlas de la España imaginaria. O bien por la provincia leonesa (ahí figuran sus montañas, arroyos, cascadas y  prados, donde crecen castaños, nogales, tejos y hayas, y donde andan lobos y osos, con ecos de dulzainas y gaitas de Zamora, así como el personaje del cautivo leonés, enamorado de la bella mora Zoraida, que bien podría ser un alter ego de Cervantes: su cautividad en Argel).
Y por tanto figura la gastronomía de todos esos lugares por los que va viajando Don Quijote en compañía de su escudero, como nos recuerda Tomás.
Hasta hay quienes sostienen que Cervantes pudo haber nacido en el noroeste montañoso del Reino de León aunque oficialmente no figure como tal. 
En todo caso, es evidente que el manco de Lepanto, él que fue un gran viajero por Italia, por tierras moras y aun por nuestra piel de toro ("a punto de embarcarse con destino a Constantinopla en una galera"), conocía bien nuestra provincia.  
Así que Tomás, querido amigo, hoy, con la presentación, nos adentrarás de nuevo en esa obra sublime que es El Quijote. Y nos abrirás el apetito. Dispuestos estamos a brindar por todo ello. Que nunca nos falten las viandas y el bebercio. Y la música, ese arte sublime, que hoy nos obsequiará la cantante y compositora María José Cordero. 

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