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domingo, 26 de febrero de 2017

La Gran Belleza

 Hoy, que es la ceremonia de los Oscar, me atrevo a reseñar esta película, que también fuera ganadora de un Oscar a la mejor cinta extranjera en 2013.


La nostalgia como la única distración posible para quien no cree en el futuro, dice el prota de La grande Bellezza o La gran Belleza, una película que me ha dejado hipnotizado, pegado literalmente al televisor.  
Creo que este tipo de pelis es para verlas en el cine. Y no lo digo con afán purista. Hace mil años, lo confieso, que no piso una sala de cine, ni acá ni acullá. Aunque el cine siempre haya sido, siga siendo una fascinación. Me hubiera gustado verla en versión original pero en este país de paisitos somos dados al doblaje, que también genera trabajo, cierto es (bienvenido sea, en ese sentido, que no todo va a ser malo). 
Hace tiempo que me había hablado de esta cinta mi amigo Javi. Y por fin he tenido el gusto de verla. 
Cartel de la película.


La gran belleza, del napolitano Sorrentino (de Sorrento, podría ser) es una película que me ha cautivado por la estética de sus imágenes (esa forma de filmar me hace recordar al mejor Greenaway, véase asismismo El vientre de un arquitecto, sobre la Roma carnal, si bien en este caso la cámara llega a hacer piruetas, en ocasiones circenses), por sus imágenes surreales (lo que nos remite también al cine de Kusturica, el Fellini de los Balcanes, y por supuesto al gran Fellini), por su banda sonora, por lo que allí se cuenta y cómo se cuenta: geniales se me antojan algunos diálogos, y aun ese casi monólogo (diálogo del prota con Stefanía) en la que éste acaba poniendo en evidencia y por ende desmotando todo el autoengaño, la falsa conciencia, el falserío de la susodicha. No tiene desperdicio. Dice así: 

Stefania: No, no. Ahora me dices cuáles son mis mentiras y mis fragilidades. Soy una mujer con pelotas. Vamos, habla.Gambardella: Ante una mujer con pelotas cedería cualquier caballero. Stefa, tú lo has querido. En orden aleatorio… Tu vocación civil en la universidad no la recuerda nadie. Sin embargo muchos recuerdan otra vocación. Una vocación que se consumía en los baños de la universidad. Escribiste la historia del partido porque eras amante del líder. Tus 11 novelas publicadas por una pequeña editorial suscrita al partido, analizadas en pequeños periódicos cercanos al partido…, son novelas irrelevantes, lo dice todo el mundo. Eso no quita que mi novelita juvenil fuera irrelevante, tienes razón. Tu historia con Eusebio… ¿Cuál? Eusebio está enamorado de Giordana. Lo sabe todo el mundo. Hace años que comen en Arnalda, en el Panteón, bajo el perchero como dos enamorados bajo un roble. Todos lo saben pero fingen como si no. La educación de tus hijos que llevas minuto a minuto… Trabajas toda la semana en la TV, sales todas las noches, incluso los lunes, cuando no salen ni los camellos de popper. No estás con tus hijos ni en las largas vacaciones que te concedes. Además precisando, tienen mayordomo, un camarero, un cocinero, un chófer que lleva a los niños al colegio y tres niñeras. ¿Cómo y cuándo se manifiesta tu sacrificio?... Estas son tus mentiras y tu fragilidad. Stefa, madre y mujer. Tienes 53 años y una vida devastada. Como todos nosotros. Así que en lugar de darnos clases de ética y mirarnos con antipatía, deberías mirarnos con afecto. Estamos todos bajo el umbral de la desesperación. No tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía, tomarnos el pelo. ¿O no? 

Demoledor este Monólogo del prota Gambardella (interpretado magistralmente por el actor Toni Servillo), que tanto se parece (no en el físico, aunque también) al Marcello Mastroianni de La dolce vita, y aun de Ocho y medio, o la propia Roma del mago Fellini. En realidad, La gran belleza, sin restarle un ápice de belleza (valga la redundancia), es como una revisitación actual del gran cine italiano, sobre todo de Fellini, un viaje (como todas o casi todas las pelis del autor de Amarcord) al final de la noche (el escritor Céline también está presente en este filme de Sorrentino). 

Un viaje fascinante, surrealista, delirante incluso, del frustrado y cínico Gambardella (escritor de una única novela, El aparato humano, porque buscaba la belleza, según él, y no la ha encontrado... por eso no ha vuelto a escribir) a los saraos romanos de la actualidad, donde todo es bano y vacuo, poblado por una galería de personajes grotescos, extravagantes, flotantes, que, a pesar de ser ricos (o precisamente por serlo) no saben qué hacer con sus vidas (también aparece una enana, fetiche en las pelis de Fellini), vidas en danza (el cine es baile) que se nos sirven en una explosiva mezcla de sonidos de mariachis, acid house, ritmos caribeños y las pegadizas/empalagosas melodías de la iconográfica Raffaella Carrà.  

En el fondo, al protagonista de esta historia le gustaría, como hubiera querido Flaubert, escribir sobre la nada, entretejer naderías, aunque en realidad lo hace mientras recorre su ciudad, va de fiesta en fiesta como un zombi bajo el disfraz de un dandy, y observa el mundo, en definitiva, desde una terraza enfrente del Coliseo romano.
Sorprende, impactante resulta esa colisión, hacia la final de la peli, entre la monja centenaria y desdentada subiendo arrollidada una escalera y la secuencia posterior de una joven guapa (la novia en tiempos de Gambardella) mostrándonos sus pechos, enseñándoles a él, en realidad, cuando era un adolescente. La chica desaparece de la orilla del mar, y reaparece nuestro galán adulto, cuyo pensamiento se adentra en la muerte. Se pasa del Eros al Tánatos. Esa muerte que preside todo, qué fuerte, también La gran belleza: "Termina siempre así, con la muerte", asegura el prota a la vez que vemos el rostro desencajado de la monjita añosa, con los ojos revirados, intentando aún trepar por las escaleras.  
La voz en off del prota continúa su discurso: "Pero antes, hubo vida. Escondido debajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco”.

El carnaval de la muerte

Más que un Carnaval, el útero de Gistredo está tomando el rostro de un entierro permanente. Y no se trata precisamente del entierro de la sardina, ni de ninguna anguila (como aquella que pescáramos hace décadas, siendo uno un rapacín, en las Llamas del Valle). Ojalá celebráramos el entierro de la sardina, como vemos en el famoso cuadro de Goya, que se puede visitar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, ay, las Bellas Artes, cuánta emoción y ayuda nos procuran. El Arte, con mayúsculas, como un modo y un medio para evadirnos, para sentir, de todas las maneras posibles, para hacer que nuestra vida sea acaso más llevadera.
En el útero-Noceda del Bierzo estamos de entierro, un día sí y otro también, y a este paso nos quedaremos sin gente. El pueblo se quedará despoblado. Un pueblo (villa) que en los últimos tiempos ha perdido muchísima población. 

En verdad, todos y todas estamos en el mismo barco a la deriva. Y al final vamos a creernos aquello de que este es en verdad un valle de lágrimas, con más sombras que luces, más penas que alegrías. Y es que, cuando uno crece y toma conciencia de la finitud, de la brevedad de la vida, nada es ya igual, todo o casi todo se torna y adquiere tintes de amargura, por más que uno quiera verle el lado bueno y positivo a la vida, que lo tiene, al menos para quienes han saboreado los laureles rosa de la felicidad, o algo que se le parezca, pues la felicidad es término metafísico, genérico, quizá abstracto, que nos desborda a propios y extrañas. 
Cuando uno es joven, la vida parece algo infinito, y el paso del tiempo se vive con ilusión. Uno desea cumplir años a todo trapo, para hacerse mayor y hacer lo que nos viene en gana. Error. La libertad, si es que existe (que no), se pone en práctica en la infancia (hablo de Noceda, o de mi Noceda, claro está, porque en la mayor parte del orbe los niños y las niñas también mueren como las moscas, sin que nadie le ponga remedio ni cascabel al gato). 
La infancia como única patria o matria verdadera, al menos para quienes pueden vivir su niñez sin grandes adversidades, sin grandes traumas, jugando, volando, imaginando un futuro ensoñador, o algo tal que así. En la infancia se vive, luego sólo se sobrevive, llegó a decir el poeta Leopoldo María Panero, a él que le truncaron ya su primera época adulta (casi adolescente) recluyéndolo en un frenopático. 
La infancia es por tanto un tiempo de felicidad, sobre todo cuando uno no vive las penurias de un rapaz de guerra incivil ni posguerra, pongamos por caso, como tantos y tantas, que tampoco hay que obviar estas realidades. En cambio, cuando uno se acerca (peligrosamente) al medio siglo (joder, si hace nada era un niño), la vida se ve con otros ojos, aunque no quiero perder aún las esperanzas, las ganas de luchar, el deseo de seguir batallando, dando guerra. 
Carnaval en Noceda 2016

Si el pasado año la muerte se ensañó de lo lindo en Noceda, segando la vida de cerca de una veintena de paisanos y paisanas (entre ellos, no puedo ni quiero olvidarlo, la de mi padre), este año ya vamos por quinto, que recuerde. El primero, Pepín Combrao, el hermano de Toño (que fuera alcalde de Noceda a principios de los ochenta), la segunda Pilar, la mujer de Alfredo (ya fallecido) y hermana del ex alcalde Emilio. Y los tres más recientes en estos últimos días: Pedro Carrera (el padre del amigo Gelo, a quien le doy un gran abrazo y mucho ánimo), y el matrimonio Milagros y Pepe, que en tiempos tuvieran un bar, el bar Avenida, en el barrio de Vega, un sitio al que iba, siendo también un chavalín (entonces a los niños nos dejaban esa libertad, al menos a uno, tal vez por vivir en un pueblo, o por lo que fuera) a jugar al ajedrez (en aquella época era jugador de ajedrez, algo que ayudaba, cuando menos o cuando más, a repensar los espacios y los tiempos). Allá que me iba a jugar con el amigo Ricardo, que era todo un experto en jugadas ajedrecísticas y sobrino carnal de Pepe 'Zabaleta', el hijo de Secundino Zabaleta. 
A Pepe lo recuerdo siempre sonriente y bromista. Se parecía, me da la impresión, a su madre Ángela, panderetera oficial, junto con Ludivina, de Noceda. 
Ángela, la de Secundino (a quien le dedicara un texto en La Fragua de Furil) era una buena mujer, con un ánimo extraordinario. Y Pepe heredó a buen seguro ese carácter. 
Al igual que le ocurriera al maestro y filósofo Gustavo Bueno con su mujer, que nos dejara el pasado año un par de días después de la muerte de su esposa, le ha sucedido a Pepe, que tampoco aguantó la muerte de su mujer Milagros. Y en unos días de nada la Parca se los ha llevado a ambos. Qué jodido. 
Pues eso, que la muerte, en el útero, nos tiene contra las cuerdas de este ring, en el que nos jugamos la vida a cada paso, a cada instante. 
Hoy, domingo de Carnaval, estamos de luto por la muerte de nuestros queridos paisanos y nuestras queridas paisanas. Y los seguimos velando. 

martes, 21 de febrero de 2017

La fragua literaria leonesa: José Luna Borge

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

José Luna Borge: "El artificio no sirve de mucho en poesía, pero conviene conocer bien la técnica"

Manuel Cuenya | 21/02/2017 - 13:32h.

El poeta, ensayista, antólogo, crítico literario y diarista José Luna Borge, autor de 'Reloj de melancólicos', anda en estos momentos preparando la quinta entrega de sus diarios, cuyo título quizá sea 'Pasos al atardecer'.

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Andaluz originario de Sahagún y leonés de Sevilla, José Luna Borge es poeta, ensayista, antólogo, crítico literario y diarista. Un hombre polifacético, que lleva toda una vida en la capital hispalense, aunque reconoce que su tierra le tira mucho, al igual que le ocurre con Asturias, donde también anduviera errante.
En todo caso, Sahagún es "el lugar fundacional, allí donde todo comenzó, un territorio de la memoria y de la melancolía donde uno se cobija y encuentra amparo cuando pintan bastos o vienen mal dadas", matiza José, que siente su tierra natal como un refugio sagrado, protector, donde se encuentra a salvo.
"Sahagún no es nada, es un pueblo despoblado, olvidado pero a la vez lo es todo y allí vuelvo como si fuera la primera vez. Son los territorios de la memoria que han conformado nuestra sentimentalidad y nunca se olvidan", apostilla el creador de 'Los días inciertos', quien, desde el sur de España, percibe que la provincia de León está muy desamparada y maltratada por las instituciones, y aun por sus propios hijos e hijas, porque, a su juicio, ahí nadie hace patria.
"León y Castilla en general van camino de convertirse en un circuito turístico-cultural de segunda, con manadas estabuladas de gentes de todo tipo y pelaje a los que se pastorea por rutinarios monumentos eclesiales y barrios más o menos húmedos. Nuestros pueblos se van muriendo de soledad y llegará un día en que tendrán que cerrar por abandono generalizado", se expresa contundente Luna Borge.
En lo tocante a la literatura leonesa, aunque confiesa que apenas tiene trato con escritores leoneses,  se siente identificado con la prosa viajera de Julio Llamazares, con su mundo de memoria y olvido, así como con el cuentista y novelista José María Merino, sobre todo con aquel fundacional libro de versos 'Cumpleaños lejos de casa', que fue todo un descubrimiento.
Asimismo, reivindica a Andrés Trapiello por su enorme talento literario, a Luis Mateo Díez por haber logrado un territorio con señas de identidad propias. También muestra su interés por las crónicas viajeras de Ernesto Escapa y los libros de viajes y peregrinaje del siempre olvidado Jesús Torbado, "escritor de temple y amplios registros" -entre ellos 'Tierra mal bautizada'-, que abrieron, en su opinión, caminos que pocos se atrevieron a transitar.
"León y Castilla en general van camino de convertirse en un circuito turístico-cultural de segunda, con manadas estabuladas de gentes de todo tipo y pelaje a los que se pastorea por rutinarios monumentos eclesiales y barrios más o menos húmedos. Nuestros pueblos se van muriendo de soledad y llegará un día en que tendrán que cerrar por abandono generalizado"
"Pablo Andrés Escapa, de una generación más joven, me interesa mucho. Sus historias, siempre arropadas en un especial lirismo, resultan memorables. El día que se atreva a dar el paso a la novela de cierta envergadura, asistiremos al nacimiento del gran novelista que lleva dentro. Un reciente descubrimiento ha sido Avelino Fierro, sus diarios", señala Luna Borge, al que le gusta releer a Leopoldo Panero, a Antonio Colinas, quien, "desde hace tiempo, brilla con luz propia", a Antonio Manilla, con sus artículos, "que son la mejor crónica de la ciudad de León... el poeta que mejores obras está cuajando, por edad y madurez, en la actualidad. Ha sabido construirse un mundo identificable y su estilo es inconfundible".
Entre todos estos creadores y creadoras está la poeta de Bembibre, Pilar Blanco, cuyo mundo –agrega José- le resulta caro y próximo, "esa sentimentalidad a pecho descubierto y a palabra desmembrada y recreada me llega y emociona". Y es que Pilar Blanco escribe que José Luna Borge se ha convertido, desde sus diarios y crónicas, de sesgo autobiográfico, tramados en un lenguaje excelente, en intérprete de la aventura interior, cuyo punto de partida se arraiga en una memoria, que fija campos, personas, afectos y estampas como antídoto contra lo cambiante. Que analiza y construye ficciones verídicas contra el avance de la desmemoria que de todo se adueña.
Además de la poeta Pilar Blanco, Luna Borge reconoce el potencial poético del joven Sergio Fernández Salvador, que fue todo un acontecimiento con su primer libro 'Quietud', corroborado en 'Lo breve eterno'. Estos son los autores (y autoras) de la provincia leonesa que le entusiasman, consciente de que en su lista no figure algún rezagado u olvidado, "pero la vida está ya andada y las quebradas del camino uno ha ido aprendiendo a orillarlas", argumenta el autor de 'Reloj de melancólicos', una poética sobre el paso inexorable del tiempo, en la que pueden rastrearse versos con sabor a Gil de Biedma, aunque el propio José dice que, más que este poeta catalán de la Generación del 50, tras su poemario está toda esa corriente de literatura moral que recorre la Alta Edad Media, "cuyo fruto maduro sería 'Relox de Príncipes', del benemérito obispo de Mondoñedo Fray Antonio de Guevara, fiel consejero del Emperador Carlos V a quien acompañó en sus viajes por Europa, al que, por cierto, algún poeta del setenta, como mi buen amigo J. Juaristi, acostumbraba a saquear en una época en alguno de sus títulos, como 'Arte de marear'". Y agrega: "Ese mensaje moral del Tempus fugit y del Memento mori que llega hasta hoy en los relojes de sol de algunas casas solariegas, con su leyenda impresa de Omnes vulnerant, ultima necat (Todas hieren, la última mata) es la que he querido recoger en mi libro".
Cree Luna Borge que, aparte de los clásicos y alguna antología más o menos palatina, posiblemente sea la Generación del 50 la que más haya leído. "Y en esa constante criba algo haya influido para que me decidiera a escribir un poema". Entre los escritores que más le han marcado estarían Á. González, F. Brines, C. Sahagún, R. Defarges, J.G de Biedma, C. Simón... y algunos poetas de la del setenta como Miguel d´Ors, V. Botas, J. Juaristi, E.S. Rosillo, J. Salvago.... "todos ellos han pasado a ser de la familia, personajes habituales de mi casa", precisa este ensayista, crítico literario y antólogo, que lleva años dedicado a estos menesteres y ha publicado algunos volúmenes como el dedicado a la 'Generación poética del 70', 'Antología de la joven poesía sevillana' o 'Bazar de lecturas'.
En realidad, sigue haciendo crítica de aquello que le gusta, "nunca bajo pedido, y la sigo enviando a la prensa o a la revista que te hace un hueco y te invita".
El ensayo y los diarios
Respecto al ensayo, está convencido de que es un empeño de mayor calado, que requiere tiempo y dedicación; "tengo algunos trabajos abiertos (Eugenio de Andrade, J.A. Muñoz Rojas, F. Brines, etc.) a los que vuelvo de tarde en tarde, pero sin demasiada ilusión y poco convencimiento pues para esos empeños se necesita el ímpetu del poeta joven que aún no ha cambiado la primera pluma", admite este diarista, cuyos diarios vienen a ser una costumbre, según él, "un paño de lágrimas que limpia y cauteriza las heridas y te ayuda en tu trabajo solitario. Llega a ser una fatalidad y un espejo donde te ves reflejado y a veces sientes que no te gustas". En el fondo, "un diario debiera ser el reflejo de la vida del paseante solitario que lo escribe, vida fijada en el papel sin demasiado artificio, sin voluntad de estilo, como las que uno se encuentra por la calle: una vida de diario, sin trajes de gala".
En este sentido, en sus diarios trata de reflejar, en un  lenguaje sobrio y con palabras verdaderas, lo que le pasa, que no es otra cosa que la vida de cada día sin florituras, sin componer la figura ni hinchar el pecho, "pues la vida que tenemos los ciudadanos de a pie, la vida que nos pasa, no da para largos recorridos ni otras enormidades. Y es que creo que en este país se ha perdido la perspectiva y la tradición del buen diario, aquella que sentara S. Pepys o Kafka, por apuntar dos diaristas tan distintos y distantes, que es la del mero reflejo del diario acontecer en tu entorno. R. Cansinos-Assens lo supo hacer como nadie y su obra 'La novela de un literato', que no es exactamente un diario, pero que tiene su estructura,  es, con diferencia, su mejor obra que, sin embargo, dejó inédita".

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com):

martes, 14 de febrero de 2017

La fragua literaria leonesa: Mario Tascón

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Mario Tascón: "Ser maestro me ha convertido en alumno para aprender"

Manuel Cuenya | 14/02/2017 - 09:06h.

El periodista y narrador berciano Mario Tascón, autor de 'Escribir en Internet' y coautor de 'La Biblia bastarda', entre otros, tiene previsto escribir un par de ensayos y otra novela con su hermano Fernando.

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Reconocido y prestigioso periodista, en el ámbito nacional y aun en el internacional (como asesor, por ejemplo, del 'Corriere della Sera'), Mario Tascón, que pertenece a la estirpe berciana de periodistas Tascón (véanse asimismo Fernando y Alberto), fue uno de los fundadores del diario 'El Mundo' e impulsor de su web ocupándose, en los noventa del pasado siglo, de la sección de infografía de 'El Mundo', con la que consiguiera los máximos galardones en los premios de la Society of News Design (SND), aparte de varias medallas de oro, menciones especiales del jurado y un Best of Show.
También, en la década del 2000, ejerció como Director General del área digital del Grupo Prisa, encargándose de las páginas web del diario 'El País', el rotativo económico 'Cinco Días', el deportivo 'As', la radio 'Cadena Ser' y la radio fórmula musical '40 Principales', entre otros. Tascón fue posteriormente editor en la compañía Diximedia, impulsora del periódico nativo digital Lainformación.com
En su trayectoria profesional como periodista también cabe señalar que es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. A este respecto dice que ha sido para él una escuela estimulante "en la que ser maestro me ha convertido en alumno para aprender", apostilla este gran periodista, especializado en el mundo digital y los nuevos medios, autor y director de 'Escribir en Internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales', el primer manual práctico de uso de Internet en español, con el objetivo de escribir de forma correcta en la Red, "una gran obra que afortunadamente prosigue en Internet gracias a los esfuerzos de la Fundación del Español Urgente (Fundéu)", señala Mario, quien es también coautor de los ensayos 'Ciberactivismo'. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas' y de 'Twittergrafía. El arte de la nueva escritura'.
"Twittergrafía es un divertido antecesor de 'Escribir en Internet', que todavía a día de hoy es una referencia que no ha pasado de moda"
Cuenta este narrador berciano que 'Ciberactivismo' es una de las obras de las que está más orgulloso porque se anticipó a fenómenos que hoy están en boca de todo el mundo, "además planteó tesis que en su momento fueron visionarias". Por su parte, "Twittergrafía es un divertido antecesor de 'Escribir en Internet', que todavía a día de hoy es una referencia que no ha pasado de moda", precisa Mario, quien, entre sus muchas labores, ha impartido clases en la Universidad de Navarra, en el CEU San Pablo de Madrid y aun en universidades norteamericanas y europeas.
En la actualidad, es socio director de Prodigioso Volcán, una compañía de consultoría estratégica, dirección de proyectos, arquitectura de la información, estrategias de comunicación y diseño para nuevos medios.
Periodismo y Literatura
Entrenado en la escritura, a resultas de su trabajo como periodista, Mario es también narrador, contador de historias, "hay muchos periodistas que escriben literatura y lo contrario, parece bastante natural", aclara él, cuyo estilo de escritura ha sido influido por la prensa, "el modo periodístico de escribir los reportajes y las entrevistas es lo que me ha moldeado el estilo", reconoce el coautor de 'La biblia bastarda', que escribiera, al alimón con su hermano Fernando (a quien también le dedicamos una fragua en este mismo periódico).
En realidad, a la hora de escribir esta obra, Mario recuerda que "cada uno fue escribiendo una parte tras pactar un hilo argumental y una trama, luego repasamos varias veces la totalidad cada uno de nosotros para ajustar el estilo".
'La Biblia bastarda' (Planeta, 2013), cuyo motivo de escribir esta singular obra fue, según Mario, divertirse tanto él como su hermano Fernando, se ha convertido en todo un best seller, con una trama ficticia de intriga y espionaje, que se sustenta asimismo en una base sólida y documentada, con hechos y personajes reales. Una novela que nos ofrece dos líneas temporales de forma paralela, una a mediados del XIX (cuando se descubre el Códice Sinaítico, que podría poner en entredicho algunas partes de los evangelios), y la otra en torno a la II República española (donde se nos muestra una castigada por la miseria y la convulsión política, con un reportero de raza, que sale a la calle en busca de noticias, que se ve envuelto en un enredo, teniendo que enfrentarse a los intereses eclesiásticos). 'La Biblia bastarda' es, en su opinión, una buena mezcla de lo ficticio y lo real.
(Puedes continuar leyendo esta fragua en ileon.com):

domingo, 12 de febrero de 2017

De Salamanca a El Cielo gira


http://www.salamanca24horas.com/articulo/cultura/sala-palabra-acogera-viernes-presentacion-publicacion-mapas-afectivos/20170208133355996114.html

Me ha gustado volver a Salamanca, tierra familiar y entrañable, para presentar Mapas afectivos. Y sentirme arropado por Daniel Álvarez, berciano de San Pedro Mallo que vive en la ciudad helmántica, y Nicolás Miñambres, salmantino de Alba de Tormes que vive en León. 
Y por su puesto mi agradecimiento a Encarna, la mujer/compañera de Daniel y a Almudena Jiménez, del teatro Liceo, donde hiciera la presentación, que se mostró muy eficaz y resolutiva en los trámites previos y luego con su presencia y acogimiento en la sala de la palabra (bonito nombre para presentar un libro). 
También mi agradecimiento a Daniel, el técnico de la sala la palabra, y tantos cuantos asistieron al evento (no esperaba a tanta gente, la verdad, aunque algunas personas que sí me hubiera gustado ver no estuvieron). Y gracias al joven Juan Arnaiz Lafuente, que se mostró interesado en la charla. Bueno, creo que la charla interesó a todo o casi todo el mundo. Hasta hablé de la similitud entre los místicos españoles como Santa Teresa y los derviches que entran en éxtasis a ritmo sufí. 
Foto de Alberto Martín. En sala la palabra (teatro Liceo, Salamanca)

http://salamancartvaldia.es/not/140633/mapas-afectivos-viajes-emociones-manuel-cuenya/
Una pura coincidencia con Nicolás Miñambres, quien no estaba previsto que me presentara, pero a veces se dan estas casualidades. Y Nicolás, que maneja la palabra con soltura, me dedicó palabras afectuosas.
Por su parte, Almudena Jiménez, al decirle que era del Bierzo, me contó que en la Universidad de Salamanca había tenido un profesor del Bierzo: Molinero. Su profesor de Antropología, apostilló. Qué curioso, Rodríguez Molinero era, ya falleció hace unos años, de Quintana de Fuseros, pueblo hermano de Noceda. 
Me ha gustado recorrer los sitios de siempre, asomarme al mirador-balcón, donde está ubicada la Facultad de Químicas, para contemplar el discurrir del Tormes. Y echarle un ojo, una vez más, a la rana-calavera de la fachada de la universidad o bien a la Casa de las muertes, que siempre está cerrada, al igual que la casa donde viviera Unamuno. Y acercarme a la cueva de Salamanca, donde sigue estando el busto de Torres Villarroel. Y pasear por la Rúa Mayor. Y por supuesto por la Plaza Mayor. Compartir, en definitiva, momentos placenteros con Daniel y Encarna, que se mostraron hospitalarios, llevándome también al mítico bar-restaurante Bambú, aledaño a la Plaza Mayor, que uno conociera, en época estudiantil, por sus "palomas" (cortezas rellenas de ensaladilla rusa). Y esa conversación estupenda en la que -oh, sorpresa y azares de la vida- salió a relucir el documental El cielo gira', de Mercedes Álvarez, porque Encarna, la mujer de Daniel, es de Aldealseñor, donde la cineasta Mercedes Álvarez (también oriunda de este pueblo soriano) rodara este documental. Son amigas y se conocen de toda la vida. 

Confieso mi admiración por esta película sobre la memoria rural, sobre esos espacios y paisajes, esas gentes con las que me identifico. Os la recomiendo. 
El cielo gira, que tiene una sensibilidad parecida a En construcción, de Guerín (no en vano Mercedes Álvarez fue jefa de montaje del documental de Guerín), nos engancha con la poética de sus imágenes, con esos personajes de carne y hueso que nos cuentan, con transparencia, su forma de vida, incluso su aceptación, sin aspavientos y con naturalidad, de la muerte como algo que forma parte de la vida. 
El cielo gira también me hace pensar en las películas de Erice, entre ellas El sol del membrillo, en Elogio de la distancia, de Felipe Vega y Julio Llamazares, en Los montes, de Chema Sarmiento, Ancestral Delicatessen, de Gabriel Folgado  o en El árbol de los zuecos, de Olmi, entre algunas otras, como Los espigadores y la espigadora, de la cineasta francesa Agnès Varda. 
El asunto es que el cielo... de Salamanca (estos días algo tristón a resultas del clima) me ha llevado al cielo gira. 
Pues sigamos girando... con Mapas afectivos... o como sea. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mapas afectivos en Salamanca

http://www.tribunasalamanca.com/noticias/el-liceo-acoge-la-presentacion-de-mapas-afectivos-del-escritor-berciano-manuel-cuenya/1486566265

Mapas afectivos en Salamanca, aunque mejor sería decir que Salamanca es un espacio afectivo, uno de esos lugares que me ha enhechizado, como le ocurriera a buen seguro a Cervantes (léase su Licenciado Vidriera) y tantos otros, que han conocido y/o vivido en esta ciudad charra, que sigue atrayendo a estudiantes de todo el mundo. De todo el mundo, sí, además de alumnado de toda España, incluido el Bierzo, por supuesto, otrora nuestro campus, cuando la Universidad de León ni siquiera existía, o, en el mejor de los casos, acababa de empezar, con titulaciones que a algunos y algunas no les decían nada. O sí, pero el asunto era salir a ver mundo, salir por el mundo adelante para dar cuenta de la movida salmantina, que tenía buena fama, y la sigue teniendo, claro. Pues a esta ciudad castellana (y leonesa, no nos olvidemos) iban a parar rapaces y rapazas hasta del útero de Gistredo. Como Mingo, José, el de Alejandro, Jordi, Mar, Fernando... Qué tiempos aquellos. 
http://www.lavanguardia.com/vida/20161225/412895042578/la-sala-de-la-palabra-de-salamanca-arrancara-el-ano-con-la-presentacion-de-cinco-publicaciones.html
Visité por primera vez esta ciudad, donde te enseñan la rana y en ocasiones el astronauta de la catedral, hace muchos años, tantos que hasta he perdido la cuenta, es un decir. Y después de aquella primera visita me enamoré de su belleza, de sus monumentos (algunos andantes, quizá esto no me quedó muy lucido ni lúcido, pero lo dejaré, a ver si a partir de ahora hilvano mejor el discurso), de su río, cuya historia me devuelve al Lazarillo, que me cautivó cuando lo leí hace una eternidad, y al que he vuelto en alguna ocasión, porque me invita a zambullirme en la picaresca, ay, tan presente antes, hoy y mañana en nuestra España de verbena y olé, nuestro país machorro, sólo apto para corruptos, fijosdalgo -hoy pijísimos-, y gentes trajeadas, con corbatín, dispuestas a arrearte 'estoupa' por todo el poramen del alma.
Pero esto forma parte de la farsa que vivimos acá y allá, esa vida falsaria, ese veneno, que conviene expulsar dándose por ejemplo un baño espiritual y balsámico en el sagrado Tormes (al que no arrojan los muertitos y muertitas, como hacen los hindúes en el Ganges). Y que este baño no coincida a ser posible con el lunes de aguas, o sí, que más da, el tema es darse un chapuzón, antes de zamparse un hornazo, con el fin de espantar los malos espíritus, el mal fario, la falsedad... porque Salamanca tiene alma bruja y rejoneadora, porque la Salamanquesa tiene algo que te atrapa y te hipnotiza, con el color dorado y carnal de sus monumentos, con la savia de sus gentes...
http://www.salamancaciudaddecultura.org/programacion/escena/details/1700-mapas-afectivos-manuel-cuenya.html
Tal es su duende, o su belleza, o su marcha nocturna... o su cielo... azul comestible... azul protector... que acabamos enamorándonos de esta tierra, en la que uno podría vivir la mar de a gusto (nunca olvidaré mi estancia allí), aunque tiene uno la impresión de que, para vivir en Salamanca, habría que seguir siendo estudiante, o, en el mejor de los casos, profesor, más que nada para estar ligado y aun religado a la universidad, que todo lo preside, en torno a la cual, como si se tratara de un fuego purificador, regenerador, se reúnen propios y extraños, ilustrados y 'dilustrados', todos ellos dispuestos a comerse un cachito de cielo, ay, ese cielo, esa genial obra pictórica que seguimos viendo en el que fuera el techo de la Biblioteca de la Universidad, con esas constelaciones, con esas estrellas, bajo las que contemplamos, absortos, el firmamento, la Vía Láctea. 
Bueno, en realidad los/las estudiantes llegan a la ciudad frayluisesca atraídos/as por la universidad (también por la fiesta) y esos cursos de castellano/español que tanto parecen gustar a los guiris. Será que la ciudad a orillas del Tormes se lo ha sabido montar muy bien. Por decirlo de un modo corriente y hasta vulgar. Y ha sabido sobre todo vender su lengua (que es la nuestra) y su cultura (que también es la nuestra, más o menos). 
http://www.salamanca24horas.com/articulo/cultura/sala-palabra-acogera-viernes-presentacion-publicacion-mapas-afectivos/20170208133355996114.html
Pues bien, el próximo viernes -dios mediante, que decía el cura de mi pueblo- para allá que me iré cual peregrino en busca, quizá, del santo Grial (ah no, que este Grial está en la capital de León, o eso dicen, habrá que darse una vueltina por el interior de San Isidoro, que por cierto tuvo relación con la villa de Noceda, o eso dicen también los sabios), en busca entonces de la santidad teresiana o sanjuancrucesca (¿se puede decir así? Ojalá los académicos y académicas de la lengua no le pongan vallas al campo de las palabrinas, que hartos de vallas y de muros estamos). 
En busca tal vez del fuego (como en la peli de Annaud), quiero decir de la espiritualidad que procura echar la vista al Tormes para entender, una vez más, que sus aguas siguen fluyendo, por los siglos de los siglos, como en la época de Torres Villarroel, por ejemplo, que fue un ilustre salmantino. 
Tantos ilustres e ilustrados ha dado Salamanca que uno, cuando visita la ciudad, tiene la sensación de acercarse, aunque sólo sea un poquito, a la Ilustración, a un tiempo bucólico (con parada en el huerto de Calixto y Melibea a echarse una siestecita), un tiempo aderezado con la serenidad que procura la contemplación del Tormes, momentos hermosos, que uno siente en sus entrañas. Ahora me entró la vena lírica y morriñosona. 

Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,

       (Espronceda)

Estuve, estoy y estaré en Salamanca, el próximo viernes -si los dioses y las diosas que en el mundo son así lo quieren, y son muchísimos y muchísimas- presentaré Mapas afectivos en el céntrico teatro Liceo (sala de la palabra) en compañía del toreniense y salmantino Daniel Álvarez, impulsor y editor, junto al bueno de Paco Vuelta, de la obra de Paco González, otro toreniense ilustre e ilustrado. 

martes, 7 de febrero de 2017

La fragua literaria leonesa: Mónica Rodríguez

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Mónica Rodríguez: "No hay buen escritor que no sea buen lector"

Manuel Cuenya | 07/02/2017 - 10:33h.

La narradora Mónica Rodríguez, autora de 'Alma y la isla', que obtuviera el XIII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, que está ahora terminando un texto, que transcurre en la cuenca minera astur.

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Licenciada en Ciencias Físicas e investigadora en energía nuclear, Mónica Rodríguez, cuya auténtica pasión es la literatura, se planteó, hace ya un tiempo, dedicarse de lleno a la escritura creativa, algo extraordinario, habida cuenta de lo difícil que resulta dedicarse a las letras en este país.
Avalada por varios premios literarios, entre los cuales sobresalen el Ala Delta o el hecho de haber sido finalista en la Colección Barco de Vapor o Gran Angular, entre otros, además de publicar en editoriales potentes como la propia Colección Barco de Vapor, Edelvives, Anaya o Everest (ahora ya fuera de onda), le han permitido vivir de la literatura.
En su caso, reconoce que los premios han sido un gran aliciente, un empujón para seguir escribiendo en momentos de duda, en los se planteaba si merecía la pena tanto esfuerzo. "Los premios son dinero que se traduce en tiempo. Tiempo para dedicarme a mi vocación, a escribir solamente, sin volver al Ciemat para poder pagar la hipoteca y los gastos de una familia numerosa con perro incluido", señala con buen humor esta narradora y poeta, especializada sobre todo en Literatura Infantil y Juvenil, que entiende la escritura creativa como una necesidad, "una forma de mirar de mundo, de tratar de entenderlo o al menos de ordenar algunas ideas", una forma de vida y una vocación ligada a la lectura, tan importante para ella, hasta el punto de que "no hay buen escritor que no sea buen lector. Es imposible. Como decía Carlos Fuentes: 'Tienes que amar la lectura para poder ser un buen escritor', porque escribir no empieza contigo. Y parafraseando a mi hermano Julio Rodríguez, que es muy certero y agudo: 'El valor de un escritor se mide por los autores que plagia'".
Así se expresa Mónica, convencida de que la escritura empieza con la lectura. "Yo leía mucho y de forma mimética comencé escribiendo poesía muy joven. Quería aplacar esa desazón que remueve a todos los adolescentes. Después empecé a escribir cuentos para contarle a mis amigos cosas que no era capaz de hacer de otra manera y finalmente no pude parar. Junté mis dos mayores aficiones: la escritura y la infancia, y aquí estoy después de un larguísimo camino, leyendo y escribiendo, gozando y sufriendo. Aprendiendo en este apasionante y también difícil mundo de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ)".
"Los premios son dinero que se traduce en tiempo. Tiempo para dedicarme a mi vocación, a escribir solamente, sin volver al Ciemat para poder pagar la hipoteca y los gastos de una familia numerosa con perro incluido"
Como especialista en Literatura Infantil y Juvenil cree que es imprescindible tener en cuenta el público al que va destinado, "que es un público exigente, crítico, pero que está en proceso de maduración y que bajo ningún concepto quiere que se le engañe".  Por eso, cuando escribe, según ella, trata de hacerlo desde su verdad, sin impostar la voz, sin engañar ni buscar artificios para complacer al lector o al mercado. "A veces consigo cosas interesantes, a veces no, pero al menos lo intento", matiza, encontrando una relación entre su formación como científica y su labor como literata.
Ciencia y poesía, un buen tándem
"Hay una relación a la hora de buscar la lógica interior del texto. Mi razonamiento es científico, aunque dentro como variables están todas las pasiones humanas. A veces las historias me resultan similares a los problemas matemáticos, hay varias soluciones, pero una es la óptima y esa es la que estoy buscando. A veces la encuentro y otras no. El planteamiento es exacto escriba LIJ o literatura de adultos", manifiesta Mónica, que, aunque nacida en Oviedo, tiene orígenes bercianos.
Su padre, que fuera Rector de la Universidad de Oviedo, era natural de Ponferrada. Y para ella el Bierzo es un referente familiar, está en sus raíces y en sus recuerdos. Es, en su opinión, un lugar donde vive la memoria de su padre.
"Cuando paseo por Ponferrada, a orillas del castillo, cerca del trocito de muralla que resiste junto a la casa que fue de mis bisabuelos, imagino a mi padre subiendo a la higuera que daba los mejores higos del mundo o viendo a la cabra milagrosa que dio leche a todos los hijos de los bisabuelos. Más arriba veo a mi padre junto a su hermana Julita, volviendo del cine, a la carrera, las mejillas coloradas, y a Julita cayendo en el rellano de la casa, fulminada. ¿Pero qué haces, Julita? Arriba, no te hagas la muerta. Y los llantos de la abuela Teresa y mi padre, parapetado tras las escaleras, viendo revolotear ese pájaro negro, que era la muerte. Y en aquellas calles, detrás del ayuntamiento, está mi padre jugando al fútbol, fumando a escondidas o comenzando los primeros programas de radio junto a Luis del Olmo; el abuelo diciendo: 'Deja eso, que con la radio uno no se gana la vida', ya ves tú. Y también veo a mi padre dando clases en el instituto, algo tirano y joven, y a mi madre, aburrida, con la mejilla apoyada en la mano, haciendo problemas de matemáticas para entretenerse, mientras su primera hija, Marta, mi hermana, dormitaba en la cuna, durante aquel año que vivieron en Ponferrada, después de casarse, y eran tan jóvenes como aquella fotografía en blanco y negro que conservo en mi casa", rememora con nostalgia Mónica,
Son muchos sus recuerdos acerca de la capital del Bierzo, entre los que se encuentran las Semanas Santas de su infancia, con olores y sonidos característicos, como el olor a sangría y a cera, el tambor retumbando, "la trompeta: Tiriríiiii, pun, pun, pun", y a su  hermano Julio, que también es escritor (al que le hemos dedicado una fragua en este mismo periódico digital), vestido de Nazareno, con la cruz al hombro, protestando, "y yo callada, pensando que no era justo que solo fueran de nazarenos los hombres y eso que yo no quería. Y el silencio y la muchacha loca que limpiaba en el piso de mis tíos y el olor del rellano de la casa de mi abuelo. Todo eso es Ponferrada para mí y también más cosas". Así recuerda la capital del Bierzo la autora de 'Alma y la isla', entre otros muchos libros.