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lunes, 14 de agosto de 2017

Verano mortuorio

Jeanne Moreau
El verano, que es acaso la estación más lírica y festiva, la más luminosa y apetecible (al menos en nuestra Europa de contrastes), también enseña sus colmillos afilados, con su hoz al hombro, para ensañarse con quien se le ponga a tiro. Todos y todas estamos en el mismo barco a la deriva, aunque nos hagamos los mensitos. Y empleemos la falsa conciencia, el autoengaño, para creernos inmortales, eternos. Si sólo estamos un ratín en esta vida, y en muchas ocasiones 'peliados' (que dicen en Hispanoamérica) con el vecindario. Cómo somos los humanos. Pues eso, que también en época estival se nos muere la gente, porque la dama de la guadaña ('gadaña', nos gusta decir en mi pueblo) no tiene miramientos. Y atiza estopa a diestro y siniestro. La muerte siempre a nuestros lomos, cabalgándonos cual jineta jodida. Siempre la dichosa parca dándonos la lata, acá y allá, porque esta cabrona no entiende de fronteras ni ningún tipo de lindes, los muros y obstáculos los ponemos nosotros, pobres diablos, porque cuando el demonio no tiene que hacer espanta las moscas, o escarba las uñas, que sucias debe tener. 
El verano, que es quizá la estación más hermosa (al menos para este penitente), se revela igual de mortuoria que el resto de estaciones, aunque desde que mi padre nos dejara, en el mes de abril del pasado año, también la primavera está teñida por el color negro de la muerte. Y no digamos el otoño, cuando caen las hojas (les feuilles mortes, de Prévert, interpretada por Montand) y los ánimos de las personas, cuando la depre hace mella en nuestros corazones. En cuanto al invierno, sólo el frío, a veces polar, nos deja para el arrastre, 'escarabándonos el pellello'. 
Hoy mismo es el funeral en Noceda por José, el abuelo de Maika, que a buen seguro no aguantó el golpe de su hija, quien también nos abandonara, joven, el pasado año. 
Un año que jamás olvidaré, porque si en éste han fallecido muchos paisanos y paisanas, amén de varios personajes mediáticos, el pasado fue fatídico para uno. Como una pesadilla-culebra que se enroscara y me impidiera respirar. 
Lo siento, Maika. Tu madre y tu abuelo te guiarán, serán tu luz, estarán contigo en espíritu. Te lo dice un no creyente en dioses ni en diosas, al menos tal y como nos han contado. Pero sí debemos aferrarnos a algo, al alma de quienes hemos conocido, con quienes hemos compartido momentos inolvidables, aquellas personas que nos han querido y a quienes queremos. 
Lo único que nos queda, estoy convencido, son los afectos. Lo demás, no sirve para nada. 
A finales de julio nos decía adiós el polifacético Sam Shepard, cuya obra es amplia y sustanciosa. Ahí quedan, entre otros, los guiones de la contracultural 'Zabriskie point', de Antonioni (grabados tengo algunos fragmentos, con la banda sonora de fondo de Pink Floyd. Y esos paisajes del Valle de la Muerte, en California, uno de los lugares, en verano, más calurosos del mundo), y sobre todo 'París, Texas', de Wenders, una peli por la que siento auténtica devoción, que he tenido la ocasión de ver y rever, incluso que he compartido, al menos algunas secuencias, como el inicio, o bien la archiconocida escena del pep show, con alumnado. 
Nastassja Kinski, en su rol de mujer apaleada por la vida, se nos muestra como una actriz fuera de serie, con una interpretación que nos arranca el alma. 
También la gran actriz Jeanne Moreau, a quien recuerdo, entre otras, por 'Le journal d'une femme de chmabre', de Buñuel o 'Jules et Jim', de Truffaut, se nos ha muerto. Mi amiga Catherine la recuerda sobre todo por la canción 'Le Tourbillon de la vie', incluida en 'Jules et Jim'.  
Martín Patino en la ciudad de Salamanca

Amiga de grandes como Cocteau, Genet, Henry Miller, Anaïs Nin, Duras, entre otros y otras, Jeanne Moreau fue icono de la Nouvelle Vague o Nueva Ola francesa (compañera también del cineasta Louis Malle, ahí están 'Ascensor para el cadalso' o 'Les amants'), y, al decir de Orson Welles, "la mejor actriz del mundo". Pues también trabajó con el colosal Welles en películas como 'Campanadas a medianoche' o 'El proceso' (basada en la obra homónima de Kafka, otro genio). 
Y ayer mismo nos enterábamos de la muerte de nuestro paisano José, el abuelo de Maika, y del cineasta Martín Patino, con quien tuviera la ocasión de cruzarme un buen día en Salamanca, su provincia de nacimiento. Me quedo sobre todo con su documental 'Queridísimos verdugos', rodado antes de la muerte del Generalísimo, cuando aún existía la pena de muerte en España y los verdugos ajusticiaban a sus reos con absoluta frialdad. Brutal. Como para ponérsele a uno todo los pelos parados. Y así seguimos, con la muerte a cuestas. Vaya cruz la nuestra. 

*Me olvidaba de la actriz Terele Pávez, que nos cautivó con su papel como La Régula en 'Los santos inocentes', de Mario Camus (basada en la magnífica novela de Delibes). Y su papel de La Celestina, extraordinario.   

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