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martes, 28 de abril de 2015

La fragua literaria leonesa: Fernando Montes

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La Fragua Literatia Leonesa

Fernando Montes: "León y Galicia se acercan mucho a la visión del realismo mágico"

Manuel Cuenya | 28/04/2015

El profesor, narrador y bloguero Fernando Montes, autor de 'Filandón negro', ha escrito una obra de teatro de contenido profundamente crítico y ahora está escribiendo un libro de poemas.

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El profesor, narrador y bloguero Fernando Montes, que realizara su tesis doctoral sobre Henry David Thoreau y Nietzsche, confiesa su admiración por estos autores –en realidad sus referentes la hora de entender el mundo y la literatura– entre los que existe gran afinidad, como demostrara Fernando en su trabajo doctoral. "Lo más importante que me han enseñado ambos es que no podemos establecer una frontera rigurosa entre el arte y la vida. El uno se nutre necesariamente de la otra o, de lo contrario, nace muerto", precisa el creador de 'Filandón negro (cinco cuentos y medio)' (Eolas Ediciones, 20014), una serie de relatos que aúnan la tradición del filandón leonés y la novela negra americana, que podría leerse como un conjunto de historias independientes, pero también como una sola historia. En todo caso, se trata de un libro entretenido, en el que su creador ha buscado la complicidad con sus lectores y lectoras. "Es importante que los lectores se impliquen emocionalmente en los relatos, y que sientan genuina curiosidad por ver en qué para todo", aclara Fernando.
"Creo que el principal cometido tanto del docente como del escritor debería consistir no en dar respuesta (para eso están las enciclopedias), sino en hacer que los destinatarios de nuestra obra o nuestras enseñanzas se planteen las preguntas adecuada"
Cuenta el todoterreno de las letras Ramiro Pinto, en el prólogo de 'Filandón negro', que es un libro socarrón, impregnado de 'humor inglés', que sorprende su lectura y las historias escapan a lo previsible, que estos cuentos desconciertan porque están escritos desde la cercanía, que su autor transforma los detalles cotidianos en algo trágico y cómico.
En el fondo, el sentido del humor inglés, que caracteriza a su autor, tiene que ver, de un modo inevitable, con que Montes haya estudiado a fondo la cultura y la forma de ser de Inglaterra, donde ha pasado largas temporadas. "Aunque también pudiera ser que sea mi forma de ser lo que me ha llevado a interesarme por la cultura anglosajona. El eterno dilema del huevo y la gallina", apostilla este narrador y profesor de inglés, quien reconoce a Ramiro Pinto como un sabio y un  caballero andante tardío, "en un tiempo en el que ya no hay sitio para los caballeros andantes (esto mismo pasaba hace cuatro siglos, cuando Cervantes escribió el Quijote)". En esta línea, Montes agradece a Pinto su implicación con el Ágora Poética aparte de otros eventos culturales en los que él mismo ha tenido la ocasión de participar. "Algo asombroso, que ha contribuido de forma importantísima a hacer popular una forma de cultura  que hasta ahora se consideraba propia de las minorías y las élites literarias", se expresa Fernando a este respecto. "Creo que es fantástico que se divulgue y que la gente acuda, cada vez en mayor número, a disfrutar de ello. Y creo que es una oportunidad magnífica para que den a conocer su obra autores que, de otra forma, estarían condenados al permanente ostracismo y que, sin embargo, muchas veces tienen una gran calidad".
"Lo más importante que me han enseñado Thoreau y Nietzsche es que no podemos establecer una frontera rigurosa entre el arte y la vida. El uno se nutre necesariamente de la otra o, de lo contrario, nace muerto"

Principio de economía narrativa
Como narrador, está convencido de que en un relato no debería haber ningún detalle superfluo o innecesario (lo que se llaman "cabos sueltos"). Y por supuesto es muy importante el elemento sorpresa. "Pero, ojo, sorpresa no equivale a engaño, porque el lector debe experimentar una suerte de catarsis al llegar al desenlace, según él, pero de alguna manera debe intuir que aquel mismo desenlace era lo más previsible. "Tendrá entonces la grata sensación de haber colocado la última pieza de un puzle... No recuerdo ahora mismo quién dijo aquello de 'si aparece un clavo en un relato de novela negra, alguien debe aparecer muerto colgando de él'".





(puedes seguir leyendo esta fragua en este enlace): http://www.ileon.com/cultura/050852/fernando-montes-leon-y-galicia-se-acercan-mucho-a-la-vision-del-realismo-magico

miércoles, 22 de abril de 2015

Jovino Andina



(Artículo publicado hoy mismo en la Nueva Crónica, dedicado a Jovino Andina, que aparece en la foto a la derecha, junto a Mar y Jota en su pueblo de Taramundi). 

Originario de Taramundi -un nombre con sonoridad sublime que invita a soñar y me devuelve a ese espacio mítico que es Trasmundo, tal vez porque lo asocio a Trasmundi o Taramundus-, Jovino Andina Yanes será el próximo invitado a Tardes Literarias en Bembibre, la matria que lo acogiera a finales de los sesenta para impartir clases de Lengua y Literatura. Desde esa época, el autor de ‘Caminos a Santiago por el Bierzo Alto’, ha vivido y trabajado en la villa del Benevivere, siempre implicado con las nobles causas: la enseñanza y la investigación. Como dato curioso, me recordaba hace ya un tiempo que de su pueblo astur, casi galaico, procede la familia de Mariví Lorido, la mujer del actor cubano-estadounidense Andy García así como la familia del cineasta argentino Campanella. 

Aunque Jovino insista en que no es ningún creador (qué difícil resulta por lo demás crear o construir algo), ni escritor, ni nada por el estilo, sólo un simple maestro jubilado, tiene mucho mérito lo que hace el colaborador de la colección ‘Bierzo mágico’, el cual dará una charla el miércoles 22 de abril en la casa de las culturas de la capital del Bierzo Alto. Su afán por saber lo ha llevado a conseguir, con gran esfuerzo sin duda, la colección más completa de ediciones de ‘El señor de Bembibre’, del escritor berciano Gil y Carrasco, al que este año, a resultas del bicentenario de su nacimiento, se le está rindiendo homenaje en toda la provincia de León. 



El asunto es que Jovino, que también ha escrito una introducción a la obra más y mejor conocida de Gil, conserva en su casa cerca de un centenar de publicaciones distintas sobre esta novela romántica, entre las cuales se halla un ejemplar de la primera edición o una que encontrara en Coimbra, además de otras muchas e interesantes, como la que prologara el escritor Ramón Carnicer en Seix Barral, la que hiciera el especialista Picoche para Castalia, la de Cremades en Cátedra, la de Mestre y Muñoz Sanjuán en Austral, la edición escolar debida a un maestro, Rafael Alonso, al que acabaron asesinando durante la Guerra Civil, o bien la edición más reciente del intrépido escritor y periodista Valentín Carrera, que ha participado, asimismo, tanto en las Tardes Literarias como en las Tardes de cine de la villa a orillas del Boeza, sin olvidarnos, por supuesto, de la que le obsequiara su compañero del colegio Menéndez Pidal, el profesor Simón, cuando se jubiló el autor de ‘Leyendas bercianas’. Una labor titánica, la que realizara su colega, al manuscribir de cabo a rabo esta novela.



Quienes así lo deseen podrán ver la colección del profesor Andina sobre las diversas ediciones de esta conocida obra de Gil en una exposición en el Castillo de Ponferrada. Y también será una buena ocasión para verlo/escucharlo en su disertación titulada ‘El señor de Bembibre: 171 años de vida editorial’, que a buen seguro será amena e instructiva, porque Jovino, a quien agradezco, dicho sea de paso, su colaboración con la revista ‘La Curuja’, tiene un buen manejo de la palabra, no sólo escrita sino oral. 

A continuación de su conferencia, procederemos a hacerle una ofrenda floral al ilustre e universal escritor villafranquino en el parque bembibrense que lleva su nombre.

http://www.lanuevacronica.com/jovino-andina

martes, 21 de abril de 2015

La fragua literaria leonesa: Beatriz Mayo



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La Fragua Literatia Leonesa

Beatriz Mayo: "Disfruto aprendiendo, pensando, opinando"

Manuel Cuenya | 21/04/2015

La profesora e investigadora Beatriz Mayo, autora de 'La represión de maestros en la provincia de León durante la Guerra Civil', trabaja en estos momentos en dos proyectos, uno literario y otro de investigación.

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Beatriz Mayo. Foto: Carlos Rodríguez Fernández
A Beatriz Mayo Lorenzo la nacieron, como decía su abuela, en Zamora, de donde procede casi toda su familia, pero esta profesora e investigadora se siente leonesa sin renunciar a sus raíces zamoranas. "He vivido siempre en León (capital y provincia), por eso me siento leonesa", matiza ella, que obtuvo la Licenciatura en Pedagogía, con grado, nota de sobresaliente y premio extraordinario. Asimismo, cuenta que cofundó una revista de educación, hizo sus cursos de doctorado y suficiencia investigadora, recibió varias becas de investigación, entre otras de la Junta de Castilla y León y de la Universidad de León, y fue finalista del Premio Arquímedes como joven investigadora, hasta que decidiera opositar como Profesora de Educación Secundaria y consiguiera finalizar su tesis doctoral, titulada 'La depuración del magisterio en la provincia de León', con la máxima nota de Cum Laude. Esta tesis es realidad el embrión de su reciente libro 'La represión de maestros en la provincia de León durante la Guerra Civil'.
En la actualidad, Beatriz Mayo ejerce como Directora del Equipo de Orientación Educativa de Valencia de Don Juan y colabora como profesora asociada, en algunas ocasiones, con la Facultad de Educación de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Universidad de León. Ha trabajado con grupos de investigación de ambas universidades y ha publicado varios artículos en la revista 'Papeles Salamantinos de Educación'.
Como leonesa, cree que la provincia de León cuenta con buenos narradores y poetas, en general con magníficos artistas, educadores e investigadores/investigadoras, como es su caso, a resultas de la curiosidad e interés, unidas a la formación, principalmente, de la gente leonesa. Y, por otro lado, cree que la tradición de la transmisión oral de la cultura es una costumbre que puede haber influido en este hecho.
Beatriz Mayo, que ha dedicado (y sigue dedicando) parte de su vida a la enseñanza y las animaciones a la lectura, es consciente de que la lectura es esencial no sólo para escribir sino para poder tener una visión crítica ante la vida y poder hacer nuevas aportaciones ante estas críticas. Y, en este mismo sentido, destaca la labor que realizan los maestros y profesoras en la cultura y la educación de cualquier país. "Esencial e imprescindible, uno de los elementos más importantes en la educación de las nuevas generaciones junto con las familias". Acaso por este motivo, se planteó escribir 'La represión de maestros en la provincia de León durante la Guerra Civil', que editara el todoterreno leonés Héctor Escobar en Eolas Ediciones.  Se trata de un libro "que ahonda en la investigación de un proceso que se llevó por delante el futuro de centenares de maestros leoneses –asegura Julio Llamazares–, como demuestra la relación de personas 'depuradas' (apartadas) del servicio y condenadas, por tanto, al ostracismo profesional y al exilio o al hambre, y pone en evidencia una vez más el odio del régimen de Franco hacia unas personas que con su labor ayudaron a despertar las conciencias de los más humildes, algo imperdonable entonces y todavía hoy por desgracia, como demuestran continuamente otras dictaduras".
"Estando todavía en la universidad como alumna de la Licenciatura de Pedagogía empecé a investigar sobre esta época de la historia de España por gusto".
La importancia de los maestros y profesoras en la cultura y la educación
Beatriz reconoce que fueron varias las variables que la impulsaron en su decisión de empezar y terminar este trabajo, todas ellas igual de importantes. "Estando todavía en la universidad como alumna de la Licenciatura de Pedagogía empecé a investigar sobre esta época de la historia de España por gusto". Y este 'gusto', unido a la curiosidad –precisa– determinó su interés por conocer qué le sucedió de verdad al magisterio en esos años de transición entre la Segunda República y la dictadura de Franco, marcados por una Guerra Civil/Incivil. "Así inicié mi labor investigadora. Después encontré otra justificación que daba importancia al estudio y fuerza a mi labor: ya existían otros trabajos sobre la depuración de otras provincias, pero no había ninguno sobre la depuración en León desarrollado a partir de fuentes primarias". Por lo que Beatriz consideró necesario aportar una pieza más al mapa de la depuración. Y de este modo surge esta obra, a partir de su tesis doctoral, que  defendiera en la Universidad Pontificia de Salamanca.

http://www.ileon.com/cultura/050584/beatriz-mayo-disfruto-aprendiendo-pensando-opinando

jueves, 16 de abril de 2015

El arte de moldear las palabras

Muchas gracias, Mar Iglesias, por esa preciosa entrevista que me has obsequiado en Bierzo 7 sobre "el arte de moldear las palabras". Una tarea harto complicada a la vez que muy estimulante, esto de moldear las palabras, al menos para quienes sentimos las palabras como seres vivos en sí mismos, quienes deseamos corporeizar, carnalizar, si tal puede decirse, las palabras, quienes en definitiva nos acostamos con las palabras, como nos recordara el gran Cortázar (un fenómeno de las letras), porque la escritura, aparte de redactar de un modo correcto, que resulte inteligible, que ayude a reflexionar incluso, que emocione, lo cual ya entronca con el arte, es reinventar el mundo a través de la palabra, que construye/crea pensamiento, habida cuenta de que el pensamiento se articula a través del lenguaje, de la palabra escrita, que se transforma en imagen poética, en poesía, esa maravilla que, cuando lo es de verdad, se vuelve vida, o al menos debería aspirar a ser vida, como pretende nuestro Premio Cervantes Gamoneda. En el fondo, siempre estamos contando, narrando, poniendo en orden el pasado e intentando averiguar qué ocurre en nuestro “complejo” mundo interior, ese universo sumergido en los confines de los océanos, ese inconsciente/subconsciente que funciona como genuino narrador, al igual que ocurre con la memoria, con el recuerdo. La memoria y el olvido. Poderosas imágenes. Como leemos en 'Hiroshima, mon amour', de Marguerite Duras. 
Cuenta Proust, en 'El tiempo recobrado', que “el libro verdadero lo llevamos dentro antes de escribirlo". Pero la (buena) historia no se escribe sola. Hay que ponerle talento, gancho, fuerza, ganas, tiempo, mucho tiempo (la sangre del escritor/a), mucha escritura y re-escritura, mucha corrección, mucho pulido, porque la literatura (el arte en general) se nutre de la vida pero tiene sus propias reglas y estrategias. Por eso, haber vivido mucho no significa más que eso, otra cosa es cómo lo contamos (la forma) para que eso resulte interesante, que enganche, que despierte la curiosidad de los posibles lectores y "lectrices". Lo importante es saber contar, aunque sea con gusanos en la boca, como alguno de los muertos que se nos aparecen en los cuentos de Rulfo (el genio mexicano), o bien el narrador en 'Sunset Boulevard', de Wilder, que la escritora cubana Zoé Valdés rescata en su novela 'Te di la vida entera'. Confieso que me entusiasma cómo narra Zoé, aunque hace tiempo que no le sigo los pasos literarios. 
Por su parte, la escritura, al menos la llamada escritura creativa, no es concebible sin la lectura, sin una lectura activa, como bien nos dijera Umbral en su 'Mortal y rosa', otra de las obras cumbre de la narrativa española en prosa poética, que recomiendo a propios y extrañas. Una obra esencial, un diario imprescindible. Quiero destacar la importancia que tiene durante todo el proceso de escritura-reescritura contar con alguien en quien uno confíe, un analista lector o lectora, que lea-relea, opine, sugiera, abra los ojos al autor o autora sobre posibles errores, erratas, fallos en la estructura, aquello que no funcione, que esté repetido... porque cuatro ojos siempre ven mas que dos. Y, cuando uno está embebido en este proceso de construcción/creación, no logra ver con claridad tantas y tantas cosas, que se le escapan, sin duda. Por este motivo, la lectura creativa es fundamental, esa que emplea lápiz para subrayarla, integrarla, digerirla, porque hay que empaparse de lecturas, lo mismo que hay que empaparse de vida, calarse hasta los huesos con letras, y, en este mismo sentido, se me hace insustituible seguir modelos y estilos. Hay que devolver vida a la lectura, como nos dijera otro grande de las letras, Henry Miller, quien reconoce, sin pudor, que comenzó en la noble tarea de escribir intentando plagiar novelas, lo cual daría para mucha tela que cortar esto de los plagios, y sobre todo los plagios creativos, válidos por lo demás, siempre que se cite a los autores o autoras que uno vaya a afanar, ¿verdad? porque el llamado arte literario a menudo se resuelve en oficio, lo que no está nada mal, y en este oficio, como en el resto, hay una gran parte de transpiración (que las musas y los musos me pillen trabajando), entrenamiento, trabajo, y re-escritura (ya lo había dicho). Al maestro Pereira le entusiasmaba reescribir, pulir, aplicar la economía narrativa, la precisión verbal. Por su parte, el Premio Nobel Cela (otro coloso y camaleón de la escritura, además de un plagiador, con premeditación y alevosía) confiesa haber reescrito 'La Colmena' hasta treces veces. Quizá se le fue la pinza. Cela era algo exagerado pero muy firme y constante. Un cabrón, aunque muy grande en su oficio/arte, al que tuve la fortuna de llegar a ver en una ocasión en la Vetusta clarinesca. 
A uno le gusta sobre todo la escritura como viaje, como aventura narrativa, como exploración de otros mundos. Sobre esto ya he escrito alguna que otra vez, incluso en este mismo blog. Y la literatura de viaje es extraordinaria, incluso la mediocre literatura de viaje, porque ésta es la madre en esencia de toda la literatura. Uno de los retos de los escritores y escritoras es encontrar el lugar idóneo para escribir. Hay manías para todos los gustos. En realidad, uno debe escribir donde pueda y se sienta a gusto, incluso en cualquier sitio y en cualquier momento, provisto de cuaderno (ahora moleskine) y lápiz o boli, ordenador, máquina, tablet, o lo que proceda. Contaba Gabo, otro coloso de las letras (y también del cine), que lo ideal para escribir sería una isla desierta por la mañana (en busca de silencio) y una gran ciudad por la noche (con alcohol y amigos para conversar). Pero lo cierto es que cada cual debe encontrar su espacio adecuado al ritmo de su escritura. Al parecer, el escritor José Luis Sampedro  (a quien también tuve la ocasión de ver, esta vez en San Marcos en León) llevaba siempre un bolígrafo y cuadernito de notas que le permitían capturar y escribir ideas repentinas… Un buen modo, sin duda, de que nada se nos escape. No en vano, era un avezado pescador de ideas. "Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos, aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos", nos dice el filósofo Sartre al inicio de 'La náusea'.  Por su lado, Torrente Ballester (a este hombre, ya mayor, lo recuerdo en el café Moderno de Salamanca, aunque su estatua figure en el café Novelty) decía que a él le hubiera gustado en verdad ser un marino/marinero, antes que escritor, pero como era enclenque y miope pues se metió a a escritor, qué cosas. Un escritor-marino, con espíritu explorador, en todo caso, este galego afincado en la ciudad charra, con muchos hijos, y una prosa, la de la 'Saga/fuga de J.B,', que me deslumbró por lo que tiene de realismo mágico, con Castroforte del Baralla como ciudad imaginaria, una especie de Macondo galaico. “Caminante no hay camino, sino estelas en el mar”, decía otro marino, amante de la tierra de secano, y las olas trigales, un tal Antonio Machado, gran poeta, sin duda, al que recuerdo con entusiasmo por su filosófico 'Juan de Mairena' y por supuesto sus 'Campos de Castilla'. En todo caso, habría que que buscar mareas, corrientes, vientos que no hayan sido probados aún, escribir para revelar o desvelar algunas verdades ocultas, algunos tesoros escondidos en los fondos marinos. Algo así llegó a decir el greguerístico y genial Ramón Gómez de la Serna o la Sorna. En ocasiones, en muchas ocasiones, tampoco hace falta descender a los fondos, ni marinos ni de otro tipo, basta con fijarse en un personaje, una situación, un objeto, una mirada… Y ahí que uno puede encontrar el germen de su historia. Y una vez que se tengas, es cuestión de ponerse manos a la tarea. Tampoco uno debe obsesionarse con que lo que  va a escribir sea autobiográfico o no, porque "toda novela es autobiográfica y toda autobiografía es ficción", como bien nos recuerda otro magnífico escritor, el leonés Julio Llamazares, que acaba de publicar nueva novela, 'Distintas maneras de mirar el agua', que hoy mismo presentará en la feria del libro de Ponferrada. En todo caso, si es conveniente que uno conozca de antemano lo que va a escribir. O no. Cada cual tiene su librillo, como los maestrillos. En todo caso, aunque uno escriba sobre algo real o algo autobiográfico, no conviene hacerlo de un modo literal, es mejor, resulta más interesante que la realidad se transfigure o transubstancie. A decir verdad, tampoco sería posible hacer una transcripción fidedigna de la realidad, porque, entre otras razones, no existen traducciones literales de la realidad a la escritura, ya que estamos hablando de lenguajes diferentes. Ni siquiera  entre lenguas o idiomas diferentes es posible, pues la traducción es traición, siempre. No se imagina uno 'El Quijote' traducido a otras lenguas, a pesar de ser una de las obras más y acaso mejor traducidas a otras lenguas e idiomas. Cabe recordar que el cronista más riguroso no relata, sino que reconstruye de modo artificial: selecciona detalles, los recorta, omite, ajusta, sintetiza, procede por elipsis. Por su parte, nuestros personajes cobrarán realidad (literaria) en la medida en cómo los tratemos, en la manera en que les hagamos decir o hacer, en función de la carne verbal con que los diseñemos, con independencia de que tengan una base más real o fantástica, ficticia. Lo importante es que los construyamos de tal modo que resulten creíbles y hasta emocionantes. 

Me da la impresión de que la realidad (los recuerdos, la nostalgia, las imágenes primigenias…) sirve o puede servir como punto de partida para después trascenderla, llevarla por los derroteros de lo fantástico. Pero para ello deberíamos mirar, sentir lo cotidiano-real como si lo hiciéramos por primera vez, con ojos atentos, asombrados, hiper-sensibilizados, logrando una visión no estereotipada y a ser posible “original”. Qué difícil es ser original, término por otro lado que nos remite a un origen incierto. ¿Cuál? 
La mirada "singular" como algo importante, mas no sólo debemos trabajar con la vista sino con todos los sentidos, con sensorialidad y puntual detalle (fundamentales se me antojan los olores -ahí esta 'El perfume', de Süskind-, sabores, tacto, sonido…) a la hora de escribir, que resulta estimulante hacer con un lenguaje fluido, elocuente, que cause emoción en el lector o "lectriz", perdón, lectora. Cabe recordar que escribimos hacia fuera, para otros y otras, para que nos lean. Asimismo, deberíamos encontrar el punto de vista narrativo adecuado, el tono del relato, el personaje clave, un desenlace sorprendente… esto siempre, un desenlace impactante, como la vida misma, que siempre acaba en tragedia, en muerte. Qué pena. Todo lo que escribimos, además de escribirlo con nuestra propia sangre, es conveniente hacerlo por placer y con regularidad, sin marcarnos, al menos en un inicio, grandes retos, porque la escritura es una carrera de fondo, no obstante, no está nada mal que escribamos algo a diario, o casi, de forma que podamos ejercitarnos en la escritura y que ésta se convierta en algo habitual, que logremos un plan ordenado de trabajo -habida cuenta de que la escritura es un trabajo-, de modo que desafiemos el supuesto bloqueo ante la página en blanco. Tampoco está de más aproximarnos a los concursos literarios (aunque sepamos de antemano que lo tendremos muy complicado, pero que muy difícil, salvo que conozcamos al jurado, sobre todo si se trata de premios sustanciosos y siempre amañados), a crear nuestro propio blog (buena herramienta, a mi entender), a escribir a diario en redes sociales como el Facebook, Twiter… (esto sirve sobre todo para relacionarse, cierto es, y poner en valor nuestros escritos). Si deseamos dedicarnos a escribir, en cuerpo y alma, debemos ser persistentes, perfeccionistas (por eso debemos corregir lo que escribimos y reescribirlo tantas cuantas veces sea necesario). Asimismo, es fundamental, estimados alumnos y alumnas, que seamos auto-disciplinados. Y si mostramos sentido del humor en lo que escribimos, mucho mejor. Las chispas humorísticas se agradecen mucho en la escritura. Y no olvidemos que para aprender, lo que sea, hay que ser humilde y en esto de la escritura funciona muy bien que seamos buenos transmisores de sentimientos. También, para determinados tipos de escritura, será necesario tener vena investigadora, documentalista (para eso nos apoyaremos en bibliotecas, Internet…). Como ya apunté, es imprescindible que, para escribir, seamos buenos lectores o lectoras, habida cuenta de que muchos de los grandes escritores y escritoras han sido/son autodidactas. Para finalizar este recorrido, si os parece bien, estimadas y estimados, podéis inscribiros en algún taller literario, que sin duda os obligará a escribir con pautas, con cierta técnica y rigor. Recuerda que si aspiráis a escribir, de un modo creativo, convendría que tuvierais una sensibilidad especial (al menos para este asunto), además de gusto por el manejo de la palabra, escrita y oral, también. Y sobre todo una gran capacidad de observación. Mucha imaginación. Una excelente memoria. Casi nada. 
(aquí va la entrevista de Mar Iglesias para Bierzo 7. Muchas gracias, Mar). 

miércoles, 15 de abril de 2015

Oporto leonesa

14/04/2015AA
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Oporto leonesa (publicado en La Nueva Crónica ayer martes 14 de abril)
http://www.lanuevacronica.com/oporto-leonesa

Hermanada con la ciudad de León y perteneciente, otrora, al Reino leonés, hasta que se independizara, casi a mediados del siglo XII, con la consiguiente formación del Reino de Portugal (al que da nombre, ‘Portucale’), Oporto es una ciudad que atrae cada día a más y más turistas, provenientes en su mayoría de España, como pude comprobar en mi reciente viaje a esta urbe, que ofrece al visitante una estancia agradable, sobre todo si el clima se torna veraniego. Una maravilla visitar Oporto bajo un sol radiante, con una luz pictórica, que colorea e insufla vida a esos edificios de aspecto decadente, en los que asoman ropas tendidas, tan frecuentes en el casco histórico.
El buen clima es algo esencial para poder recorrer con gusto cualquier ciudad, para saborearla, como una sabrosa francesinha o un bacalhau à brás, en toda su exquisitez. Oporto se me mostró esplendente y se me abrió, marítima y acariciadora, en su parte costera, que recorrí desde el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad, hasta Matosinhos, visitando con calma, durante horas, sus playas y fortalezas y, sobre todo, la desembocadura del Duero (Douro), donde este río, tan cantado y glosado por poetas y trovadores, se funde/confunde con el Océano Atlántico en un abrazo mistérico y amoroso. 


Como toda gran ciudad, en el amplio sentido del término, ofrece muchos rostros al turista o viajero, los cuales dependen, por lo demás, del estado anímico con que uno la encara o la siente a través de sus ruidos y sus fados, porque son muchos y variopintos los modos de adentrarse en una ciudad, eso sí, siempre con los cinco sentidos, en un intento ‘cognoscitivo’ por degustarla, olerla, tocarla, escuchar su latido y su temperatura, no sólo ambiental, sino afectiva. Y para eso no hay nada mejor, creo, que callejearla, dejarse extraviar en sus callejuelas empinadas, estrechas, laberínticas, aunque también merece la pena contemplarla en su totalidad desde el mirador de la Torre de los Clérigos, o bien treparse al Puente Luis I, que tanto recuerda el diseño de la Torre Eiffel, para gozar de impresionistas panorámicas sobre el río. 
Asimismo, resulta inspirador acercarse, desde la animada Ribeira, a la otra orilla, Vila Nova de Gaia, donde se concentran las bodegas del dulce vino de Oporto, y por supuesto se me antoja atrayente darse una vuelta por los alrededores de la estación de tren de São Bento (y aun visitar el vestíbulo azulejado de la misma), que, a pesar del lavado de cara, sigue mostrando a una población de desheredados y buscavidas. Algo, por otra parte, habitual en las estaciones de todas las ciudades del mundo. 


Son ya varias las ocasiones que visito esta ciudad y cada vez encuentro algo novedoso y estimulante que me engancha. Mi último viaje hasta ahora a Oporto coincidió con el fallecimiento del cineasta Manoel de Oliveira, originario de esta ciudad, aunque nadie acertara a decirme dónde vivía. 
Quizá no insistiera demasiado o no diera con las personas adecuadas. En todo caso, este ha sido un motivo para recordar a un director más que centenario, cuyo primer cortometraje se titula ‘Douro, faina fluvial’, que nos muestra a los pescadores en las riberas del Duero.
O bien su largometraje, ‘Aniki Bobó’, que relata las peripecias de una pandilla de rapaces en las calles de Oporto, el cual podría considerarse como un antecedente del neorrealismo italiano. Asimismo, Oliveira trabajó con actores y actrices de fama internacional como Catherine Deneuve, Irene Papas, Mastroianni, Piccoli o Malkovich. Y resulta inolvidable su interpretación en ‘Lisbon story’, de Wenders, imitando al genial Chaplin, lo que me conduce directamente a un edificio modernista y neogótico que alberga una librería con aires cinematográficos, próxima a la Torre de los Clérigos.
Se trata de la legendaria Lello e Irmao, una de las más bellas del mundo, que sirviera de inspiración a la autora de la serie de libros de ‘Harry Potter’. Al parecer J. K. Rowling vivió, como profesora de inglés en la ciudad de Oporto durante dos cursos, aunque esta librería, cuya singular y céntrica escalera de madera atrae la atención de propios y extraños, no sirviera de escenario, como se ha dicho, para el rodaje de ninguna de las películas sobre la saga Potter, aunque sí como plató para la filmación de escenas de películas como ‘O Xangô de Baker Street’, según me contara Hugo Cardoso, uno de los dependientes de esta librería, atestada de hordas de turistas, y en la que figuran los bustos de algunos ilustres escritores portugueses: Eça de Queiroz, Camilo Castelo Branco, Antero de Quental o Tomás Ribeiro, entre otros, además de contar con un excelente surtido de magníficas obras como ‘El libro del desasosiego’, de Pessoa. 

La que fuera capital cultural de Europa en 2001, con la inauguración de la ‘Casa da Música’, sigue cautivando al viajero -qué difícil es ser viajero en estos tiempos de turisteo planificado- con sus aires de ciudad como de otra época en su centro histórico, con su brisa marina y sus puestas de sol en la ciudad costera y moderna, con los sabores de su gastronomía y la cercanía y hospitalidad de sus gentes, que quizá hagan recordar que alguna vez fueron nuestros paisanos y nuestras paisanas, en realidad lo siguen siendo,
no en vano estamos hermanados, aunque conviene no olvidarse de que también uno puede toparse con la picaresca y la chusma andante. Como en cualquier parte de la Tierra.

martes, 14 de abril de 2015

La fragua literaria leonesa: Pablo Huerga Melcón


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La Fragua Literatia Leonesa

Pablo Huerga: "La Filosofía ahora no puede salvar el mundo, ni curarlo"

Manuel Cuenya | 14/04/2015

El profesor, filósofo y ensayista Pablo Huerga Melcón, autor de 'El fin de la educación', Premio de las letras Asturianas en 2009, está a punto de publicar nueva obra, 'La ventana indiscreta', un ensayo filosófico materialista sobre el cine.

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Pablo Huerga Melcón. Foto: Esther Castro Martínez.
Premio de las Letras Asturianas en 2009 por su ensayo 'El fin de la educación', Pablo Huerga Melcón es un filósofo y ensayista nacido en Benavides de Órbigo, "una 'villa' arraigada en el trabajo y el esfuerzo, que a pesar de que también sufrió a su modo el maremoto de dinero europeo que arrasó España, sigue adelante. Un referente renovado en la comarca del Órbigo y en la provincia de León. Siempre lo ha sido. No hay más que ver las Fiestas del Cristo, año tras año".
Formado en la Facultad de Filosofía de Oviedo, donde realizó su tesis doctoral con el maestro Gustavo Bueno, "el mejor filósofo español del siglo XXI, y uno de los más grandes de todos los tiempos", asegura Pablo, quien desea que la obra del autor de 'El mito de la cultura' se divulgue y sea leída todo lo posible por los españoles, porque "en su trabajo hay ante todo una exaltación de la firmeza, de la fortaleza, de la resistencia, de la tenacidad, el altruismo y el rigor racionalista contra el fanatismo y el papanatismo ideológico que hoy hunde a España en la miseria". En este sentido, está convencido de que aquellas personas que estén en disposición de leer alguno de los magníficos libros de Gustavo Bueno, estarían salvadas de la barbarie. Así de contundente se expresa este profesor de Filosofía y Coordinador de Nuevas Tecnologías en el IES Rosario de Acuña de Gijón.
'El fin de la educación' es un ensayo de análisis filosófico de la educación desde el materialismo filosófico, que estudia el origen histórico de la escuela en su vinculación con transformaciones históricas como el origen de la escritura alfabética, así como de las crisis de personalidad que han ido fraguando la Historia. Se lamenta Pablo que ahora ya ha desaparecido de este premio la categoría de ensayo en la que le cupo la suerte de participar.
Aparte de este laureado ensayo, ha publicado 'La otra cara del Guernica', un extraordinario análisis del cuadro de Picasso, y 'La ciencia en la encrucijada', que recoge su trabajo de Tesis doctoral sobre el físico soviético Boris Hesse, siempre desde el materialismo filosófico, que es una doctrina de raíces profundas y lejanas, arraigada en los mismos orígenes de la filosofía académica, en Grecia, y construida por Gustavo Bueno en una serie de libros que, para él, son fundamentales: 'Ensayos materialistas', 'El animal divino', 'Teoría del cierre categorial', 'España frente a Europa', 'El sentido de la vida', entre otros, habida cuenta de que la obra del filósofo Gustavo Bueno es extensa y sustanciosa.
Argumenta Pablo que el materialismo filosófico consiste en analizar las ideas filosóficas considerándolas como entidades materiales (dotadas de una materialidad no tangible, pero tampoco reducibles meramente a pensamientos o productos psicológicos), por tanto, en conceder a la Filosofía un valor como disciplina académica sustantiva. "Además, el Materialismo entiende esta disciplina como un saber de segundo grado que se alimenta del propio desarrollo de las ciencias; un saber que considera las ideas como surgiendo y realizándose a través de las ciencias, artes y técnicas, en conflicto constante; y que usa la disciplina de la symploké platónica para analizar dichas ideas y sus conflictos, es decir, el pluralismo filosófico, entendido como racionalismo operatorio, no como relativismo; que no se conforma con tomar a las ideas en sus totalidades lingüísticas o estéticas y las analiza en sus componentes materiales y sus conflictos histórico-dialécticos".
Por tanto, se podría decir, en palabras de Pablo, que el materialismo filosófico es la única forma de practicar el arte de la filosofía académica hoy en día. "Pero es difícil de entender, de desarrollar, y de leer", matiza. "Lo que hoy se entiende por filosofía en general, no tiene nada que ver con la disciplina académica, o tiene tanto que ver con ella, como cualquier otra cosa; y los que suelen practicarla en tertulias y programas de radio, no suelen ser filósofos, sino más bien los nuevos sofistas. Pero es un fenómeno inevitable en democracia, como ya pronosticó Platón".
Como buen filósofo, señala que la Filosofía ha sido entendida tradicionalmente como la medicina del alma. Y el papel que debería cumplir hoy es criticar, analizar y dar la batalla de las ideas en la medida de lo posible. "La filosofía se ejercita siempre a la contra. Ahora, no puede salvar el mundo, ni curarlo. Si se está vivo, se está enfermo. Comprender el presente histórico, analizarlo, conocerlo todo lo que se pueda, es tarea de la filosofía; de los hombres, de los pueblos, condenarse o salvarse", nos previene, consciente de que si la enfermedad del mundo es una enfermedad moral no hay duda de que la Filosofía tiene un papel importante que desempeñar. "Ahora bien, si la enfermedad del mundo consiste en haberse insensibilizado con respecto a la filosofía, la cosa se complica, y seguramente el mundo enfermo, el mal de Europa es precisamente éste. Ya lo pronosticó hace muchos años Edmund Husserl en un libro famoso: 'La crisis de las ciencias europeas'. Nos hemos dejado arrastrar por el maquinismo desalmado".
"Benavides es arcilla, ladrillos, vino, sol y viento helado de Galicia. La conciencia clara del trabajo impostergable y pese a todo. El calor de Las Tejeras en invierno... Mirar desde la ventana de la escuela la ventisca con nieve racheada mientras un rebaño de vacas se dirige a la plaza del ganado. Los garrafones de vino de Melcón vacíos..."
Pablo, que en tiempos fuera profesor asociado de la Facultad de Filosofía de Oviedo, ha publicado en revistas como 'El Basilisco', 'El Catoblepas' o 'Paideia', entre otras, así como en diversos medios periodísticos. Es coautor de varios manuales de Filosofía de Enseñanza Secundaria y Bachillerato. Y ha colaborado también con la Universidad Autónoma de México en diversos proyectos editoriales, dirigidos por su amigo, el profesor mejicano Carlos Massé Narváez, desde el año 1999, cuando coincidió con él en Cuba en un congreso de Ciencia, Tecnología y Sociedad, adonde iba a presentar su ópera prima 'La ciencia en la encrucijada'. "Nos conocimos en Camagüey y pasamos también algún buen rato en La Habana. Era cuando el neoliberalismo empezaba a hacer estragos en el mundo académico universitario hispanoamericano a través de la OEI. Desde entonces siempre que me lo han pedido, he colaborado con ellos, y son ya varios los proyectos. Creo que les ha interesado la perspectiva del materialismo filosófico de Gustavo Bueno", rememora este autor leonés,  quien reconoce que su tierra es pródiga en escritores y estudiosos, como es el caso de Fray Bernardino de Sahagún, "sin duda uno de los más importantes eruditos leoneses de todos los tiempos". Asimismo, dice que ha leído con gusto a Llamazares, y a Luis Mateo Díez. "Recuerdo que hace ya muchos años hicimos la ruta del Curueño con tienda de campaña, siguiendo el libro de Llamazares, 'El río del olvido'".
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