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miércoles, 28 de enero de 2015

Nuevo Teatro San Francisco

28/01/2015AA
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http://www.lanuevacronica.com/teatro-san-francisco

Teatro San Francisco

Que se inaugure, en estos tiempos de crisis económica, un nuevo teatro en León es todo un acontecimiento cultural que deberíamos festejar por todo lo alto, sobre todo quienes amamos el teatro como arte y aun materia esencial en la educación. El teatro como forma de vida, un modo de estar en el mundo. Me agrada esta noticia, y me alegra saber que este Teatro San Francisco se llene de contenido, porque un edificio en sí mismo dedicado a las Artes Escénicas, salvo por su valor arquitectónico, no tiene mayor misterio si no cuenta con una programación estimulante. Como ocurre, pongamos por caso en la ciudad de León, con la sala de teatro de El Albéitar, que dispone de una brillante programación, no sólo teatral sino cinematográfica y musical, gracias al gran Pepe Tabernero, que lleva toda una vida programando, con gusto y conocimiento, en la Universidad de León. Qué tiempos aquellos, estimado Pepe, en la desaparecida Escuela de Cine del Campus de Ponferrada.

Por el momento, sabemos que el Teatro San Francisco contará, durante los próximos meses, con una interesante oferta teatral, así como con un ciclo de cine dedicado a los ‘120 años de la historia del cine (1895-2015)’ con películas magistrales del llamado ‘Séptimo Arte’, entre ellas, ‘Una noche en la ópera’ de los Hermanos Marx, ‘Psicosis’ de Hitchcock o ‘Tiempos modernos’ de Chaplin. Algo que, de un modo inevitable, me hace rememorar aquellos ciclos y conferencias de cine que dedicáramos en su día en Bembibre al mago del suspense, al genio del humor mudo y a los creadores de las ocurrencias surrealistas. 

Hace un tiempo me llamaba el profesor y escritor Fernando Montes para contarme la idea de poner en marcha un ciclo de cine en este nuevo teatro leonés, lo que me entusiasmó, como no podía ser de otro modo, porque a uno le apasiona el cine y el teatro, aunque he de confesar que no frecuento ya, desde hace meses –años quizá, demasiados–, las salas comerciales de cine. En todo caso, debo decir que me interesa (y siempre me ha interesado) el llamado cine de autor o autora, los clásicos, el cine independiente y en ocasiones las películas poco o nada convencionales. Véase, por citar una sola, ‘Las noches salvajes’, del francés Cyril Collard. Por tanto, esta es una excelente ocasión para ver o rever (visionar, que se dice en el argot) algunos clásicos, como los mencionados, y aun otros, con la hipnosis que siempre procura la gran pantalla, todo hay que decirlo, porque la magia del cine también reside, no lo olvidemos, en la proyección en una sala oscura, envolvente, confortable, y equipada como es necesario.

martes, 27 de enero de 2015

La fragua literaria leonesa: Eloy Rubio Carro

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La Fragua Literatia Leonesa

Eloy Rubio: "La poesía debe ser una fulguración del lenguaje que se escapa al pensar"

Manuel Cuenya | 27/01/2015

El profesor de Filosofía, poeta y narrador Eloy Rubio Carro, autor de ''Pajaroquealanochesederrama', acaba de publicar un libro inédito, 'Arriería Maragata. Empresa de Diligencias del Poniente de España', de su tío Esteban Carro Celada, y cree que en breve él podría editar nuevos poemas.

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Eloy Rubio Carro. Foto Manuel Cuenya
Profesor de Filosofía y poeta, Eloy Rubio Carro se define como un 'currante de la filosofía', que realizó su tesina sobre el filósofo Husserl e imparte clases en un instituto de León. "Lo que sí me ha dado la filosofía es esa visión de larga distancia, el desvínculo vinculante que practicaba uno de los personajes de Tennessee Williams, creo que en 'Un tranvía llamado deseo'", aclara este autor astorgano, que pertenece a una familia de periodistas, entre los que se hallan sus tíos, los hermanos Carro Celada, Juan María González Gullón, otro tío suyo, además de sus primos Magín Revillo y su hermana Carmen González Revillo o su propia mujer, María Antonia Reinares, que lleva ejerciendo el periodismo desde hace ya varios años y ahora regenta el periódico digital 'Astorgaredaccion.com', con el que colabora Eloy realizando entrevistas y reseñas de libros y autores/autoras. Como por ejemplo el análisis del libro del poeta Luis Antonio de Villena, 'Lúcidos bordes del abismo', dedicado a los Panero.
Rememora su infancia en una Astorga de largas vacaciones, y también de regreso y de "regresión", porque si bien ha cambiado su fisonomía en los últimos años, ha habido demasiado control social, según Eloy, lo que impide que uno madure adecuadamente. Y aunque en la actualidad vive a diez kilómetros de la capital maragata, sigue asomado a la misma, "si me subo a un corredor veo las torres de la catedral", que es como "estar asomado al balcón de la infancia... una manera muy catuliana, 'Odi et amo', de estar".
Como buen maragato, Eloy cree que la provincia de León ha dado y sigue dando buenos narradores y poetas a resultas de la magnífica labor realizada por las generaciones anteriores, "los Panero y Carro Celada en Astorga, Carnicer o Pereira en el Bierzo", aparte de la contribución de las revistas 'Espadaña' y 'Claraboya' en León.
"Abundan demasiado esos poetas de quince libros que no han ido más allá del primero".
Fascinado ante el lenguaje, "el lenguaje que tú produces que te dice cosas, un lenguaje que viene de ti y que piensa antes de que puedas pensar nada, un ir por delante del lenguaje sobre el pensar, esto que dijeron los dadaístas de que 'el pensamiento surge en la boca'", descubrió ya en la infancia su gusto por la escritura creativa.
Durante su estancia en Vigo, a finales de los años ochenta, recién egresado de la universidad, Eloy descubrió la movida contracultural viguesa y participó colateralmente en la misma, colaborando con algunos cuentos en revistas efímeras y 'underground' ('Tintimán' en Vigo, 'Hipocausto', en Astorga) y otras publicaciones de corte étnico, como 'Nevipens Romaní', incluso llegó a editar un libro,  'Odioso, esto no es el paraíso', en el que proponía una visión muy crítica "de eso que amparándose en el inmovilismo se denominó movida, yo ya estaba en la quietud...".
Cunqueiriano
Su libro de cuentos, con aromas fantástico cunqueirianos aunque con el tono desabrido y nihilista de aquella época de la movida, tuvo difusión en pequeños grupos, entre sus amigos. Y su idea de continuar con aquel tipo de cuentos, que se leyeran en la incipiente Onda Cero de Astorga, nunca  llegaron a publicarse, porque, según él, nunca ha perdido el tiempo en currarse a los políticos. Supone que se quedarían en algún cajón del Ayuntamiento de Astorga.
"Lo que me ha dado la filosofía es esa visión de larga distancia, el desvínculo vinculante que practicaba uno de los personajes de Tennessee Williams, creo que en 'Un tranvía llamado deseo'"
Autor del poemario 'Pajaroquealanochesederrama', dedicado a su tío José Antonio Carro Celada, Eloy se siente cercano a poetas como T. S. Eliot, el Vallejo de 'Trilce' o Huidobro, y cree que el poeta tiene que aportar algo o bien no tiene sentido insistir en el error, porque "abundan demasiado esos poetas de quince libros que no han ido más allá del primero". Tal vez por eso su obra literaria es breve, breve pero intensa, en todo caso. "La poesía debe ser una fulguración del lenguaje que se escapa al pensar, aunque el pensar corre luego detrás, es una respuesta enigmática y muy emotiva a esas preguntas que nos merodean siempre, el nacer y el morir", precisa este poeta y narrador, al que le gusta viajar por los libros, "como decía un judío de 'El hombre de Kiev' como si cabalgara en la escoba de una bruja, hasta el próximo Sabbath", y cuya poesía es "críptica, enigmática, a veces abisal, escapa de sí misma y rehúye el ser".

miércoles, 21 de enero de 2015

Alvite, grande de las letras

21/01/2015AA
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Alvite, grande de las letras

Se nos ha ido Alvite, después de una dura enfermedad, a tocar acaso el arpa con el arcángel San Gabriel, que diría en tono humorístico un cuate azteca. Me quedo, por tanto, con su sentido del humor y su sinceridad conmovedora, con su grandeza literaria. 

Me apena no haberlo conocido, aunque mantuviera contacto ‘online’ con él y hasta me dijera que podríamos vernos en su Santiago del alma, la Compostela donde nació y donde quiso morir, tal como me escribiera en un correo, que ahora, al releerlo, me estremece. Es este un momento de tristeza para el periodismo y la literatura, porque Alvite –al que leía con devoción, en ‘La Voz de Galicia’ o ‘El Faro de Vigo’, y últimamente en ‘La Razón’, aparte de lo que él colgaba en su muro del Facebook–, era un experto francotirador al blanco sucio de los instintos y falsas conciencias. 


Su estilo, entre el realismo más crudo y el surrealismo más lírico, lo emparenta con Artaud, el autor de ‘Para acabar con el juicio de Dios’. Ahí quedarán para siempre sus historias del Savoy, los cuentos titulados ‘Almas del nueve largo’ así como ‘Áspero y sentimental’. Recuerdo, entre otros muchos, un artículo suyo sobre el integrismo islámico, ‘Cabeza sin rostro’, que me devuelve de un modo inevitable a la barbarie cometida contra ‘Charlie Hebdo’.
Contaba el autor gallego que hay en la intolerancia del integrismo islámico una obvia evidencia de que sus promotores carecen de sentido del humor. Y éste, que sin duda es signo de inteligencia, al menos emocional, no está bien visto ni acá ni allá, porque con el humor se pueden dar excelentes pases toreros además de manejar con tino la dialéctica. Al final es lo único que nos queda (aparte de los afectos, del amor) en este mundo esclavizado no sólo a una religión, sino a varias, a trabajos alienantes y mal pagados, a hipotecas, a enfermedades, a despidos, a desempleos, a quedar en la calle, al sereno congelado de la miseria, al miedo ancestral, en definitiva, que emplea el poder imperante, a todo aquello que procura incertidumbre y causa infelicidad. Un problema que no sólo atañe al integrismo islámico sino a la Iglesia católica en sus oscuros días de intransigencia y hoguera. En el fondo, la Iglesia católica, con sus dogmas y sus inquisitoriales actuaciones, no está tan alejada del integrismo musulmán. Y las mujeres en nuestro país (velamen incluido, otrora) siguen atadas a la pata de la cama (más de 50 mujeres asesinadas el pasado año) al igual que lo están las musulmanas. Algo que no sólo tiene que ver con las religiones. 

Un último abrazo, querido hermano gallego.

martes, 20 de enero de 2015

La fragua literaria leonesa: Eduardo Keudell

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La Fragua Literatia Leonesa

Eduardo Keudell: "El nacionalismo se cura viajando"

Manuel Cuenya | 20/01/2015

El escritor y periodista Eduardo Keudell, autor de 'El sino', está ahora con un ensayo titulado 'La Gran Mentira'. Y prepara una novela, 'La magnitud de las palabras', a la vez que intenta corregir un viejo original cuyo título es 'Las abejas africanas'.

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Eduardo Keudell. Foto de Manuel Cuenya
"Estoy en un pueblo perdido de los valles leoneses, hacia los Ancares, lindando con Galicia, cuyo nombre jamás revelaré. En el pequeño cementerio yace mi madre. Murió a manos de la sanidad oficial. Por eso la enterré en su aldea, lo más lejos posible de las instituciones. Aquí crecen flores silvestres entre las lápidas, anidan los pájaros en los huecos de la tapia, y el viento es la voz de los muertos..."
('Epílogo', 'Ese extraño cansancio', Eduardo Keudell)
Aunque nacido en la provincia de Buenos Aires, en concreto en San Pedro "su atalaya americana", a la vera del cuarto río más grande del mundo, el Paraná, donde pasaba sus vacaciones Rafael Alberti durante su exilio argentino en compañía de su mujer, María Teresa León, el escritor y periodista Eduardo Keudell es berciano, del Alto, me atrevería a decir, porque el Bierzo también configura su memoria, y los paisajes de esta singular comarca leonesa están en sus libros, como ocurre en su novela 'Ese extraño cansancio', que finaliza describiendo el paisaje de una aldea berciana, donde Eduardo pasa largas temporadas con su mujer. "Llevo en mi memoria los diversos paisajes de los lugares donde viví, y uno de ellos es el paisaje berciano", al tiempo que añade: "Como dijo Ortega,  'el Ser se compone de individuo y paisaje, y cuando falta el paisaje sólo queda medio Ser', de modo que el paisaje es una parte esencial de lo humano".  En realidad, Eduardo es de acá y de allá porque vive a uno y otro lado del Atlántico, lo que le confiere un sentido cosmopolita, que se trasluce en todo cuanto escribe, ya sea novela, relatos, artículos de opinión y por supuesto reflexiones o ensayos, porque Eduardo Keudell, con quien me une la amistad y algunas andanzas cinematográficas, es un filósofo, que reniega de la palabra 'Patria' porque es un término perverso, según él, que ha causado y sigue causando mucho daño. "No tengo Patria sino 'tierras'... Además, la etimología deriva de 'pater', padre, pero se la representa como una señora oronda, lo cual revela cierta perversión. En todo caso debería ser 'matria'. El psicoanálisis tiene mucho que decir al respecto. El nacionalismo se cura viajando", apostilla este escritor-viajero, que ha tenido la fortuna y la inquietud de viajar y aun vivir en diferentes lugares del mundo, y que está convencido de que viajar es vivir. "Es claro que los viajes han aportado mucho a la literatura. Los emigrantes europeos llevaron lo mejor de sí mismos, y desarrollaron su afectividad en las tierras de acogida. Al viajero le ocurre lo mismo, aprecia la empatía, la hospitalidad, el afecto. El turista, en cambio, se fijará en el menú, en el precio de las cosas, en la higiene de los monumentos, en fin". Y en este sentido cree que para escribir es necesario alejarse del contexto, retirarse como se retira el científico en su laboratorio, solo ante el microscopio, o el pensador  para reflexionar. "Hay que tomar distancia, objetivar, para poder reflexionar, escribir, crear. Viajar es una condición humana, y uno nunca vuelve, sino que siempre va, porque los únicos paraísos son los paraísos perdidos", así se expresa este autor argentino-berciano, en realidad ciudadano del mundo,  cuya vocación literaria comenzó siendo un crio, que disfrutaba en la librería e imprenta de su abuelo maño, que era ateo y comunista, el cual leía mucho y escribía con una caligrafía perfecta. "Yo observaba cómo se construían las palabras, letra a letra, en la imprenta, y eso siempre me fascinó".
"Llevo en mi memoria los diversos paisajes de los lugares donde viví, y uno de ellos es el paisaje berciano"
A su abuelo Mariano Villacampa lo recuerda también con gran afecto pescando en el enorme delta del río Paraná. Por su parte, la madre de Eduardo era maestra y su padre tenía una pequeña biblioteca, entre cuyos libros eligió 'La náusea', de Sartre, sin saber por qué. "Fue una casualidad, pero me impactó, después leí a Güiraldes, fascinante,  y al universal Borges, en cambio los clásicos de lectura obligatoria en el colegio nunca me llamaron la atención". Y a partir de ahí se forjaría su carácter como narrador, fabulador. Recuerda que hace más de treinta años presentó cuatro cuentos a la agencia literaria de Carmen Balcells, en Barcelona, y lo aceptó. Algo muy importante para él y para quien se dedique a la literatura. "De todas maneras mi producción es escasa. Prefiero vivir a escribir", aclara.
En cuanto a Buenos Aires, me remito a Borges: '...se me hace cuento que empezó Buenos Aires, la juzgo eterna como el agua y el aire'. Es una ciudad hermosa y promisoria. Como dice el tango, es una ciudad donde perdura 'la esperanza de amar'".
Aparte de Güiraldes, el autor de la extraordinaria novela 'Don Segundo Sombra', o bien el maestro Borges, por quien Eduardo siente devoción y a quien tuvo la ocasión de conocer, también pudo entrevistar a otros grandes como a Juan Carlos Onetti, "impresionante escritor, premio Cervantes, un existencialista". Asimismo, su gran descubrimiento, quizá tardío, a los treinta años, fue Delibes. La lectura de 'Las ratas' le resultó reveladora y se dio cuenta de cómo describir la realidad, "esa manera magistral de narrar de Delibes, de  objetivar sin que los conceptos primen sobre los afectos". En todo caso, Eduardo reconoce que era muy afín a la subjetividad mágica de los latinoamericanos, al 'realismo mágico' y esas cosas. Y también rememora las buenas épocas de Llamazares, "su capacidad de entrar y salir indemne de la locura en 'La lluvia amarilla',  y a Adelaida García Morales, muy jóvenes entonces y brillantes, y por supuesto Faulkner y García Márquez". La lista es más larga –sintetiza-, pero llevaría mucho tiempo y espacio, porque uno se hace escritor leyendo, no sólo literatura, sino también filosofía, y psicoanálisis, por ejemplo, y por qué no física o matemáticas. "Sábato fue un destacado físico que trabajaba en París, y Borges jugaba con la filosofía porque la dominaba".
Julio Llamazares o Antonio Pereira como ejemplos de la buena literatura que se hace en la provincia de León.  "Yo era amigo de Antonio Pereira, y mi libro 'El sino' está dedicado a él. Era una persona maravillosa y un escritor magistral, un maestro en el género de los cuentos, que tenía la capacidad de dar afecto, y esto es un prodigio en un ámbito como el leonés, que tiende al retraimiento, inclusive a lo hosco". Y, en esta misma línea, Eduardo cree que la buena literatura leonesa quizá se deba a la retracción, el ensimismamiento o encierro al que obliga el frío, y aun a la costumbre del filandón, que "puede ser una urdimbre primigenia de la narrativa... también el paisaje montañoso, un contexto tal vez abrumador, las relaciones humanas difíciles".
"Hay que tomar distancia, objetivar, para poder reflexionar, escribir, crear. Viajar es una condición humana, y uno nunca vuelve, sino que siempre va, porque los únicos paraísos son los paraísos perdidos"
Apasionado de los cuentos, porque le gusta la síntesis y la precisión, Eduardo ha escrito y publicado, además del estupendo 'El sino' bajo el prestigioso sello Muchnik Editores, otros volúmenes de cuentos, como 'El cazador' y 'El faro de Cabo Bravo', que tuvieron buena crítica. Un género muy agradable el cuento, según su creador, porque no necesita del largo aliento de la novela, que a veces es tedioso. "Aborrezco las novelas largas. Aprecio la síntesis, la precisión, los significados y significantes de las palabras. Para hacerlo metafórico, el significante es como un rayo que atraviesa a la palabra y la ilumina. Es el descubrimiento, porque la literatura es revelación, es el reacomodamiento de los significantes cuando se desvela lo oculto. No olvidemos que el discurso es ocultación, y el literato se encarga de buscar la verdad en ese maremágnum desiderativo, una tarea enorme, porque la verdad es insoportable".
El propio Borges sólo escribió cuentos, aunque "de tal fuerza nuclear que perdurarán para siempre. De un cuento, como 'El jardín de los senderos que se bifurcan', nada menos que Foucault obtiene la inspiración para 'Las palabras y las cosas', libro esencial de la filosofía moderna. Asimismo, se considera a Borges el inspirador de la física cuántica", aclara este narrador que también ha escrito 'Ese extraño cansancio', donde figuran precisamente dos mundos, del lado de acá y de allá, el Sur y el Norte, Argentina y España, San Pedro y Viñales, la poesía y la prosa, la dualidad. "A juzgar por mis descripciones en la novela, los lectores y los críticos suponían que yo había estado en  la zona del Mississippi, por donde anda el protagonista, pero jamás estuve en Estados Unidos, ni pienso en ir. Es insólito, pero la idea de la novela me surgió por el caso de un amigo periodista que se intoxicó en un vuelo de Iberia. Le dieron un postre contaminado, y así arranca la novela".
En su faceta como periodista, Eduardo Keudell, que trabajó durante veinte años en Barcelona y ejerció como columnista de opinión en algunos diarios nacionales, sostiene una postura descreída acerca del periodismo actual, al que considera la punta de lanza de la política. Come de la mano del Poder, según él, le ríe las gracias, le acepta mendrugos y prebendas, y negocia la verdad. "Después de Umbral, no queda literatura en el periodismo. Ya no leo los diarios. Si uno apaga la radio y la televisión, y no lee los diarios, percibirá la realidad circundante, quizá el canto de los pájaros y el viento entre las ramas. Onetti sugería: 'Dejemos hablar al viento'.
Si bien se define como cinéfilo, al que le sigue encantando el llamado 'Séptimo Arte', sobre todo si las salas son amplias y confortables, no ve cine en televisión. Y sobre esta industria de entretenimiento su opinión es que en el cine uno no piensa sino que es pensado, como en el teatro, de modo que es una 'dis-tracción', es decir que el espectador se evade por un rato de la tracción penosa de la vida, con otras penas o alegrías, con imágenes que le son dadas, en la pantalla o el escenario, y no tiene que formarlas en su mente como cuando lee".
"Antonio Pereira era una persona maravillosa y un escritor magistral, que tenía la capacidad de dar afecto, y esto es un prodigio en un ámbito como el leonés, que tiende al retraimiento, inclusive a lo hosco".
En esta etapa de su vida se dedica más que nunca a leer y escribir. Está con un ensayo titulado 'La Gran Mentira'. A este respecto dice que en la vida cotidiana prima la Gran Mentira. "El discurso político es perverso, dicen una cosa y hacen otra. ¿Cómo asumir, por ejemplo, que los bancos son estafadores? Hay estafados que sueñan con la dinamita, como la chica que soñaba con el bidón de gasolina". Además de este ensayo, prepara una novela, 'La magnitud de las palabras', a la vez que intenta corregir un viejo original que tituló 'Las abejas africanas', pero que no le satisface. "No tengo horario para escribir, sino que lo hago cuando tengo ganas. Antonio Pereira decía que la literatura 'es la espuma de la vida'", concluye Eduardo Keudell.
Entrevista breve a Eduardo Keudell
"Prefiero la vida a la literatura"
¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
'Don Segundo Sombra', de Güiraldes.
Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
Mi abuelo Mariano Villacampa Mur.
Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
Portada de El sino
Portada de El sino

Muchos insoportables, Paulo Coelho, entre otros.
Un rasgo que defina tu personalidad.
Prefiero la vida a la literatura.
¿Qué cualidad prefieres en una persona?
Buen conversador.
¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
Los políticos son excrecencias sociales, ineptos para la vida civil, estupefactos, porque la sociedad es estúpida.
¿Qué es lo que más te divierte en la vida?
Darme cuenta, reflexionar, por ejemplo: nos decían que los comunistas nos robarían nuestros bienes, y en realidad han sido los bancos quienes nos han robado.
¿Por qué escribes?
Para comunicar pensamientos elaborados.
¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
No soy usuario de ninguna red.
¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
Escribo con el diccionario a mano, y suelo abrir al azar algún libro de mis autores preferidos, para leer algún párrafo.
¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
No escribo ni sigo blogs, ninguno. Inclusive rechacé el ofrecimiento de un diario para publicar un blog.
Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
Al final, los afectos priman sobre los conceptos. Es de Bobbio.

miércoles, 14 de enero de 2015

París árabe

París árabe


París, ciudad de la luz, bella urbe, espacio artístico, otrora capital del mundo, sueño y realidad, incluso surrealidad artaudiana, se ha convertido en los últimos años en un hervidero de violencia. El hedor agresivo late con fuerza no sólo en su periferia, como ocurriera y ocurre, por ejemplo, en la comuna de Saint-Denis, sino en el centro mismo de la ciudad. No hay más que darse una vuelta por la histórica calle de Saint-Denis, o bien por lugares como Pigalle o Barbès, que es en verdad un barrio árabe, una auténtica medina, que respira a ritmo islámico, con el muecín como oración musical de fondo. Me da la impresión de que París, cuyo Instituto del Mundo Árabe está albergado en un impresionante edificio, es también una ciudad mora. Y lo árabe puebla e impregna cada uno de sus rincones. No en vano, el provocador e iluminado escritor Houellebecq está convencido de que el próximo presidente de la República Francesa será un musulmán, aunque también haga hincapié en que «el Islam es la religión más gilipollas del mundo». Toda una bomba de relojería. 


Tras su apariencia monumental, histórica, engatusadora, se esconde una fiera xenófoba que vomita rabia y pólvora por su entrepierna. Quizá en otra ocasión me atreva a contar algunos desaguisados que viviera durante mi estancia en la capital francesa en los noventa.

Aquel París bohemio e intelectual de Henry Miller, tranquilo y romántico, al que iban a parar artistas y enamorados de todo el orbe, además de españoles/españolas currantes, y aun muchos exiliados en busca de liberación como el Premio Cervantes Juan Goytisolo, se ha ido transformando con el paso de los años en una ciudad jodida, con el rostro agriado y amenazador. El mito del París mestizo y plurirracial, en el que convivieran en paz y armonía gentes de diversas procedencias, se está derrumbando. O ya está roto, habida cuenta de lo ocurrido recientemente con los fanáticos que se cargaran a sangre fría, de un modo brutal, a varios periodistas del ‘Charlie Hebdo’, el semanario francés que, según algunos islámicos integristas y sanguinarios, ridiculizaba la figura de Mahoma. Un atentado terrorista, planificado sin duda, contra la libertad/vida, el bien más preciado de cualquier ser humano, contra el sentido del humor, que es síntoma de sana inteligencia. Una barbarie que, a partir de ahora, desatará aún más el miedo y las iras entre su población (y a buen seguro de las poblaciones de otros países), lo que lamentablemente tendrá consecuencias inimaginables. Como el recrudecimiento de la ultraderecha Le Peniana e islamófoba en Francia. Qué peligro. 

martes, 13 de enero de 2015

La fragua literaria leonesa: Salvador Negro

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La Fragua Literatia Leonesa

Salvador Negro: "El ego está terminando con el concepto del bien común"

Manuel Cuenya | 13/01/2015

El poeta y psicólogo Salvador Negro, autor de 'El silencio', poemario que presentará en los próximos días, publicará en febrero 'La ausencia de mi carne', bajo el sello editorial Berminghan, que dirige el periodista y escritor Félix Maraña.

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Salvador Negro. Foto: Manuel Cuenya
¿A ti de qué te hicieron, poesía?, no fue de una costilla,
oh escritura liberada de los propios deseos,
oh hecha añicos
la voluntad que ocultara tu luz
¿A ti de qué te hicieron, poesía?
Te forjaron entre pequeñas manos
llenas de ternura,
y echaron a volar todas las letras.
('Origen de la poesía', 'Ave Manhattan')
Autor de poemarios como 'El silencio', que presentará en los próximos días en León, a Salvador Negro le gusta firmar con este nombre artístico porque lo escuchó cuando era adolescente y se quedó prendado del mismo. Es como si hubiera escuchado un verso que le encantara, entonces supo que era y quería ser Salvador Negro. "Descubrir quién es él, parece la tarea de mi vida", aclara este poeta, que lleva toda la vida escribiendo, aunque ha comenzado a publicar recientemente. En el mes de febrero verá la luz otro poemario suyo, 'La ausencia de mi carne', bajo el sello editorial Berminghan, que dirige el periodista y escritor donostiarra Félix Maraña.
En 1995 recibió el Primer Premio en el Certamen de poesía San Juan Bosco. Un premio de instituto que le dio aliento para continuar con la poesía durante años, en realidad, hasta el día de hoy. Gracias a su profesor Ángel García Aller, Salvador Negro descubrió su "vena poética". "Los profesores realizan una labor vital", añade este creador, que ejerce su profesión de psicólogo y está convencido de que su labor como poeta y especialista en la mente humana están interrelacionadas. "Creo que el paciente viene a verme porque no entiende algo, porque algo le duele. Y habla. Del mismo modo yo empiezo a escribir, siento que hay algo que me está deslumbrando, que me ciega. Y escribo. Sé y no sé. Como el paciente", matiza este leonés, que ha escrito y escribe sobre el paisaje y paisanaje de su tierra, donde vive él y su familia, aunque cree que en lo que escribe está su pérdida. "No me importa demasiado lo que veo, ahora soy un esclavo de las cosas. Pero una vez viví a través de ellas. Y eran otras. Ir a por la leche, beber agua del botijo, las moreras. Queda su desaparición, y me ilumina", se expresa con nostalgia a la vez que reconoce que en la provincia de León existen buenos narradores y poetas, entre otros, Ramiro Pinto y Luis Miguel Rabanal, a los que quiere mucho. "Son hombres en peligro de extinción, por su integridad, por su bondad. Ramiro es un gran dramaturgo y Luismi un poeta imprescindible". El clima, la historia, las tradiciones, el paisaje, los maestros previos, según Salvador Negro, son buenas condiciones para que surjan tantos y tan excelentes escritores. "Este carácter nuestro puede favorecer la soledad, la introspección. Vivir más hacia dentro. Eso nos hace mejores oyentes de la poesía...", precisa este poeta de la trascendencia, a quien le gusta escribir del yo al nosotros, del aquí al infinito, del ahora a lo eterno, del ego a la vacuidad.
"Este carácter nuestro puede favorecer la soledad, la introspección. Vivir más hacia dentro. Eso nos hace mejores oyentes de la poesía..."
"...Ofrezco este libro a la memoria de todos aquellos que han muerto víctimas del arte. O del amor" (Prólogo, 'Ave, Manhattan')



http://www.ileon.com/cultura/047456/salvador-negro-el-ego-esta-terminando-con-el-concepto-del-bien-comun