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martes, 31 de diciembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Luis Aínda

La Fragua Literaria Leonesa
Cultura cultura

Luis Aínda: "El músico y el poeta se encuentran en el mismo camino: la búsqueda tenaz de la belleza"

Por Manuel Cuenya | 31/12/2013

El poeta y músico Aínda, autor de 'Luz in Móvil', sigue componiendo y escribiendo poemas de un modo pulsátil, atendiendo a sus vibraciones


Luis Aínda: "Escribo para ahorrarme el psicoanalista"

Por Manuel Cuenya | 31/12/2013

Entrevista breve a Aínda


Luis Aínda. Imagen: Manuel Cuenya






sábado, 28 de diciembre de 2013

“Semos” árabes o albinos del Polo

Me apetece desempolvar este artículo, escrito hace tiempo, a resultas de los supuestos rasgos árabes de los habitantes de Torneros de la Valdería.
http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/semos-arabes-albinos-polo_68898.html 


         La polémica que se ha levantado, cual polvo en la era de las faenas estivales, a resultas de los supuestos rasgos árabes que presentan los habitantes de Torneros de la Valdería, nos tiene sobrecogidos. Que somos árabes es algo que no debería preocuparnos lo más mínimo. No vamos ahora a sacar la historia, nuestra historia, a relucir. 

Nuestro gran problema es la amnesia que sufrimos, y encima nos foguean con mierda gringa, nos lavan el cerebro una y otra vez, haciéndonos creer que descendemos de alguna divinidad con rasgos nórdicos, arios, “célticos”, vikingos, normandos, albinos del Polo Norte... 

No sabemos en realidad cómo era Adán, y Eva, tumbada en su huerto de placer y frutas prohibidas, ansiadas, jugositas, es probable que tuviera ojos de mora de Almería, los pechos como una sirenita de Copenhague, y el vientre como una danzarina marroquí de Meknés. Una de esas odaliscas que nos invitaran a introducirnos en un imaginario harén de fantasía y voluptuosas ensoñaciones. 

Sobre el pubis de Eva no vamos a pronunciarnos en esta ocasión. Tal vez, en una próxima entrega, hagamos una  pequeña disertación acerca de los encantos físicos que atesora esa madre primigenia y mítica, esta madona que nos han obsequiado los confesores de la buena fe. 

Dicho lo cual, y sin ánimo de ofender a los de Torneros, que sepan que algo de árabes deben de tener. Pues todos y todas en este país “semos” un poco moros (y moras). Nada que ocultar tras los siete velos de la danza del vientre. 

Algunas moritas, dicho sea de corrido y a la buena de dios, están muy bien. Y sus rasgos árabes nos hacen creen por instantes mágicos en Alá y en todo el Oriente legendario. 

A los españolitos nunca nos han gustado los moritos, esa es la verdad, y renegamos de ellos en cuanto a alguien se le ocurre atribuirnos su fisonomía. El origen árabigo atribuido a los de Torneros quizá no se conserve ni siquiera se observe en su tez, pero pudiera ser que si estuviera presente en algunas de sus costumbres y hasta en su forma de vestir. No sólo en Torneros sino en muchos lugares de Bierzo, y en la provincia de León al completo, seguimos viendo a gentes que nos hacen recordar el mundo árabe en esa su forma de ataviarse, en esa su forma de vida. Y esto no lo decimos con desprecio hacia sus personas. Sólo es una constatación. 

Cuando uno viaja a un país árabe, no hay nada mejor que confundirse con el pueblo. Y si uno tiene que recurrir a la chilaba y al fez en la testa mejor que mejor. 

Somos mestizos que aspiramos a integrarnos en cualquier paisaje humano. “Je suis un bordel, comme toute l’Europe”, nos dice el protagonista de la peli Une aubergue espagnole, que en castellano se tradujo como Una casa de locos.

martes, 24 de diciembre de 2013

A Lentxu Rubial

Lentxu Rubial y Javi Arias Nogaledo


Sabía que no andaba bien de salud a resultas de una enfermedad, pues estuve a punto de verla en Bilbao el pasado año, por estas fechas, bueno, a principios de diciembre, con motivo de la presentación de mi fragua de Furil en la Casa leonesa de la capital de Vizcaya, pero su muerte me ha pillado por sorpresa, como casi siempre la muerte le coge a uno a la trampa. Puta muerte. 

No llegué a conocer a Lentxu, decía, pero sí me da la impresión de haberla conocido. Me puse en contacto con ella a raíz de un artículo que escribiera sobre su padre, el histórico Ramón Rubial, que era descendiente de Robledo de las Traviesas (Ayuntamiento de Noceda), en el Alto Bierzo, en las faldas de la sierra de Gistredo. 

http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/descendiente-bierzo_665575.html

Y a partir de ese momento nos escribimos algunos correos electrónicos. Me apetece, dicho sea de paso y a la buena, mostrar este correo, que me enviara ella a principios de enero de 2012. 
Lentxu y Ana
Guardo un buen recuerdo y me alegra que mis amigos Javi y Ana sí tuvieran la ocasión de conocerla.


De: Lentxu Rubial
Para: cuenya67@yahoo.es
Enviado: lunes 2 de enero de 2012 11:40
Asunto: RE: Para Lentxu Rubial

Estimado Manuel:
He accedido al enlace que me has enviado y, en primer lugar quiero agradecerte tus palabras sobre su figura.
Me gustaría aclararte al respecto algunas cosas . La Fundación Españoles en el Mundo que creó mi padre junto a Carmen García Bloise para ayudar a los exiliados españoles en el exterior. Al morir mi padre, se le añadió su nombre y ahora es el Instituto Ramón Rubial, insertado en la Fundación Ideas.
La que yo presido, la Fundación Ramón Rubial, la creamos hace 10 años para difundir los valores que presidieron la vida de mi padre y en ese sentido, tenemos premios anuales a una serie de valores, concurso de cuentos, etc..
Otra cuestión es que mi padre no estuvo condenado a muerte pero pasó mas de 20 años en las cárceles franquistas, además del destierro y 3 detenciones posteriores. La que ha sido concejal de Bilbao ha sido mi única hija y única nieta de Ramón y que ahora es parlamentaria en Europa. Como ves, poca familia pero todos de la cuerda socialista.
Muchas gracias de nuevo por recordar su figura. Estamos en proceso de renovar la web, pero creo que ya se puede acceder y en 30 días podrás ver un montón de documentos y cosas interesantes sobre el socialismo  y Ramón Rubial. Yo he sido senadora dos legislaturas, pero en estas elecciones no he salido elegida, aunque siempre seguiré en el socialismo.
Un abrazo y a tu disposición si necesitas algo.

La fragua literaria leonesa: Mónica López Bordón

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Mónica López Bordón: "Ser periodista es una forma de vivir muy intensa al igual que la escritura"

Por Manuel Cuenya | 24/12/2013

La poeta y periodista Mónica López Bordón, autora de 'Una mujer escribe este poema', sigue con su labor creativa, componiendo poemas.


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Mónica López Bordón: "Nos quedan muchos caminos por recorrer y muchos lugares por conquistar"

Por Manuel Cuenya | 24/12/2013

Entrevista breve a Mónica López Bordón








Mónica lópez Bordón: Imagen de Ana Rosa Adán Martínez




jueves, 19 de diciembre de 2013

La luz de tu noche

Os dejo este artículo publicado ayer miércoles 18 en la Nueva Crónica. 

La luz es fuente de vida. Nos ilumina y nos procura calor. Embellece la realidad. Con luz las cosas parecen y son de otro modo, acaso más lírico. Aseguraba el genio Pessoa que "a luz do sol vale mais que os pensamentos/ de todos os filósofos e de todos os poetas". La luz es, sin duda, esencial en la vida pero también en el arte, que en realidad se me antoja otra forma de ser y estar en el mundo, no menos emocionante. A uno le gustaría vivir siempre de claridades, con la luz poética de la sonrisa que nos invita a movernos con ritmo en la salsa de nuestro tiempo. La luz de tu día, animada, protectora, plástica, la luz de tu noche o de mi noche como el título de la obra de José Luis Presa, que acaba de ser galardonada por la Diputación de León en la categoría de mejor Libro de Creación, tanto por sus bellas imágenes como por los textos literarios que las acompañan. Una extraordinaria fusión de fotos y palabras. Algo parecido a lo que vemos en ‘París, Texas’, la obra maestra de Wenders.

        En este premiado libro las imágenes podrían hablar (y hablan) por sí mismas, porque este mago de la luz ilumina nuestro universo y nos invita a realizar un fascinante viaje al fin de la noche, “entre la peña sagrada y el fuego purificador”, a la vez que sentimos la textura aromática de la belleza bajo firmamentos estrellados.
        El autor de ‘La luz de mi noche’  logra retratar, con una mirada original, hecha con el hechizo que procura la luz, una buena parte de nuestro patrimonio natural y cultural, esos espacios y símbolos de la provincia leonesa, que definen y configuran nuestra identidad, nuestro paisaje, que es memoria afectiva, entre ellos, monasterios e iglesias; castillos y palomares; pallozas y bodegas; ríos, lagos, pantanos y montañas, entre otros.
        Desde Las Médulas, pasando por la ribera cereal del Órbigo, hasta las Hoces de Vegacervera, sin olvidarnos de las entrañas de alguna mina, o los emblemáticos xardón de Otero, el arce de Fombasallá o el milenario tejo de San Cristóbal de Valdueza, en el eremítico valle del Oza, Presa nos lleva de la mano, como buen cicerone, enseñándonos la luz de su noche.

        Sus imágenes, como las de Storaro en el cine o bien los cuadros de Vermeer o Hopper, nos ayudan a reflexionar sobre nuestras esencias aproximándonos al encanto de lo cercano y nos acaban mostrando, en definitiva, el espíritu de nuestra tierra. Ojalá que, en tu próximo proyecto, estimado José Luis, también logres reinventar nuestros paisajes y nuestros sueños. 

martes, 17 de diciembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Luis López Álvarez

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Luis López Álvarez: "Castilla es generadora de una lengua universal"

Por Manuel Cuenya | 17/12/2013

El renacentista Luis López Álvarez, autor de 'Los comuneros', está con varios proyectos a la vez, entre ellos su segunda novela de ambiente congoleño, 'Congo River'.
Luis López Álvarez: Foto de Judith Roig


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Entrevista breve a Luis López Álvarez

Por Manuel Cuenya | 17/12/2013

"Los políticos improvisan soluciones para una sociedad atemorizada".

viernes, 13 de diciembre de 2013

Grande, Sábato

Recupero este texto, con algunos retoques, porque Sabato o Sábato nos dejó, a punto de cumplir el siglo. Desde hacía tiempo el escritor permanecía recluído en su "monacato".

Sábato, que logró algunos premios sustanciosos, como el Cervantes, fue uno de los candidados al Nobel de Literatura. Lástima que no se lo otorgaran a este superviviente de la gran generación literaria argentina, entre los que estaban Borges, Bioy Casares y Cortázar. Vaya cuarteto.

Cuando leí El Túnel me quedé conmocionado. Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne. Un inicio definitivo, que me eriza las entrañas, como cuando el prota de American Beauty nos dice, más o menos: Yo aún no lo sé, pero dentro de un año estaré muerto. Se me ponen los pelos parados.

El túnel, que tan próximo está de El extranjero, de Camus, nos adentra en los bajos fondos humanos, en los subsuelos, como también quiso el maestro Dostoievski. Puro existencialismo, de la mejor y más grande factura. "...había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío..."

Aparte de su faceta como físico, novelista, y militante comunista, Sábato es un magnífico ensayista, y prueba de ello es su El escritor y sus fantasmas, que conviene leer o releer. Algunos fragmentos de esta obra me resultan ciertamente actuales, aunque el libro lo escribiera en los años sesenta. Dice así: “El pueblo de hoy no es esa fresca y virginal fuente de toda sabiduría y de toda belleza que imaginan ciertos estéticos del populismo, sino el alumnado de una pésima universidad, envenenado por el folletín de la historieta o la fotonovela, por un cine para oficinistas y por una retórica para chicas semianalfabetas y cursis”.

El pueblo, al parecer, no siempre tiene la razón, como se decía antaño. Ni tampoco es una fuente de sabiduría, según el refranero popular. Hoy el pueblo ha sucumbido a las tentaciones mediáticas. Tampoco sabemos si es la universidad la que falla o son los alumnos quienes no tienen inquietudes o ni siquiera han tenido la ocasión de recibir una formación crítica y constructiva en la escuela. Algo está, en todo caso, fallando en la enseñanza. Que el alumnado, así como sus papás, está envenenado por las fotonovelas, culebrones y programas asquerosos de televisión es un hecho bien real.

El cine, por su parte, también ha dejado de ser arte para convertirse en mercadería apta para burócratas bien cebados, y sin mayores preocupaciones, salvo las de salir a tomar copas y ramonear un fin de semana cualquiera. En cuanto a las chicas semianalfabetas y cursis, y los chicos horteras y apijotados, sólo hay que acercarse a Operación Triunfo, a los triunfitos, o a ese pastel que ha sido el Gran Hermano, encierro de monos y monas dispuestos a flagelarse y enmierdarnos con sus delirios, obscenidades y alucinaciones. Y así en este plan bárbaro y abusado. La fauna está al completo:

A decir verdad ya perdí la cuenta de los grandes hermanos y hermanitas... de la "caguidad". Me debí quedar, nomás, en  la rapacina aquella, a la que llaman Indhira, cuya ejemplaridad era todo un modelo a "descaminar". O ese Arturito de la mesa cuadrada, o la vieja gallega, o su hija pepona, etc. La pijería andante. Como aquella bobalicona, llamada Fresita, que concursó hace tiempo, bastante inútil a tenor de lo visto en alguna escena televisiva, una escena o secuencia digna de ser filmada por Luis Buñuel. Me refiero a esa en que la Fresita, la pijolondia de marras, se queda atrapada en la puerta, en su torpe intento por ahuyentar a una vaca. Jopé, tengo miedo. Cuánta pose y floritura. También Buñuel filmó a una vaca encima de la cama de una alcoba en La edad de oro. Pero esto son imágenes mayores. “Vaca pa’lantre, me cagüen la re... que te parió”, diría sin duda algún paisano, vecino, curtido en faenas varias, instruido sobre todo en ganado vacuno. Es probable que la Fresita de las pelotas, y aun otros niñatos con cuento, no hayan lidiado nunca con una vaca. Y no digamos con un verraco.  A buen seguro esta chavalina era la primera vez que se enfrentaba con una vaca de carne y hueso, y lo más que viera en su vida, hecha de asepsia y descafeinado  sin sentido, fuera la Vaca que ríe, que se ríe, claro está, de su jeta de niña tontuela. Creo que me estoy pasando de roscón. Y además yo había venido a hablaros de Sábato. Fresa o fresita se les dice en Méjico lindo y añorado a las chamaquitas que acá llamamos pijillas. Lo de fresita, pues, le va como anillo al dedo. Pero regresemos a Sábato.

Un escritor de su talla puede dar mucho de sí. Conviene, en cualquier caso, no desaprovechar su sabiduría y su buen hacer. El pueblo ya no es lo que era. Eso se oye a menudo. Incluso los pueblos ya no son los que eran. La tan cantada solidaridad de la que se hacía gala en los pueblos ha dejado paso a una individualidad corrosiva y malvada. Y el pueblo, en su globalidad, se ha vuelto harto prepotente. Se ha impuesto el poder de las masas, la vulgaridad, que diría Ortega y Gasset. Por eso, de vez en cuando, es conveniente acercarse a los grandes pensadores, leer ensayos que nos ayuden a entender la realidad. Sólo así seremos capaces de entender el mundo en que vivimos. Sólo así podremos acercarnos a la realidad o irrealidad de la que están hechos nuestros sueños e ilusiones, la subrrealidad (surrealismo) que asimismo influyó en el autor argentino, mientras vivió en París como científico.

Me da la impresión de que el pueblo español, quijotesco y catolicón, nunca ha sido un pueblo muy asentado en el principio de la realidad. Somos extremadamente idealistas. Algo fantasmones. Construimos castillos en el aire. Y vivimos de apariencias, que no de claridades y certezas. Quiero luz, claridad. Pues la oscuridad me confunde. Pero esto podría dar para otra opinión. De momento continúo con El escritor y sus fantasmas, de Sábato, cuya lectura, y aun relectura, me tiene absorbido.

Y no es para menos, pues en este libro uno encuentra algunas esencias, con las que perfumar su espíritu. “Acaso el pueblo, tal como existía en las primitivas comunidades, tenía el sentido profundo y verdadero del amor y la muerte, de la piedad y el heroísmo... Cuando el pueblo estaba aún entrañablemente unido a los hechos esenciales de la existencia: al nacimiento y la muerte, a la salida y puesta de sol, a las cosechas y al comienzo de la adolescencia, al sexo y el sueño. Pero ahora ¿qué es, realmente, el pueblo?”. El pueblo se ha convertido en un Gran Hermano que nos vigila. Todos vigilantes y vigilados. Atrapados en un mismo universo asfixiante en el que sólo vemos programas y programillas de cotilleo, cuando canta el gallo, en horas de siesta, a todas horas del día y la noche...

Lo que cuenta Sábato en su ensayo, que por otra parte deberían leer aquellos y aquellas que aspiran de algún modo a convertirse en escritoras, escribidores o simplemente en escritorzuelos, es tan efectivo como que parece escrito para esta época mediocre e infame que vivimos.

La mediocridad es algo que nos caracteriza, pero la infamia ya ha alcanzado la cima de la gloria. Cuanto más infame te muestres, más alto puedes llegar en la escala de la popularidad. Las belenes, aídas, jorgejavieres... y no sé cuantos más seres están alimentando la carnaza. Carnaza por el tubo catódico y la cañería oxidada de una realidad que es ya ficción, impostura, artificio... «Afuera el mundo es un espanto y no vale la pena enterarse de nada», dijo el desencantado escritor argentino en una de sus últimas entrevistas, tal como recogiera Carlos Fidalgo en una de sus columnas del Diario de León.

Al pueblo parece gustarle lo grotesco y lo ramplón, siempre que esté aderezado, eso sí, con ciertas dosis de morbo. Mientras, el mundo seguirá girando en el túnel de los desamores y desencuentros, que a veces se tornan en amores y encuentros, lo cual se me antoja extraordinario y me hace levitar de pura emoción. Por fortuna, todavía nos queda el espíritu impreso de Sábato.

Aventuras y desventuras de Gerardín del Bierzo

Os dejo este relato, publicado en el Adelanto bañezano, que inicialmente figura en mi libro, Trasmundo, en una versión más ampliada. 

http://adelantobanezano.com/?p=15705


Gerardín del Bierzo, natural de Bembibre, se doctoró en psicología clínica por la Universidad de La Borgoña, donde permaneció durante años. En la ciudad francesa de Dijon trabajó en un hospital psiquiátrico, donde se familiarizó con psicóticos, enfermeras y algunas doctoras versadas en técnicas teatrales. Gerardín del Bierzo, antes de arribar a Dijon, dio tumbos por diversos lugares de la geografía española, y aun por otros países extranjeros, no encontrando lo que buscaba. Quizá sólo ansiaba alejarse de vivir conforme a unas reglas establecidas. Siempre fue un tipo inquieto. Durante años se dedicó a viajar por América del Norte, Europa, Oriente Medio, el Norte de África y aun otros rincones. Incluso llegó a vivir en las dunas de Merzouga, en el sureste marroquí. 


En aquella época, Gerardín estuvo a punto de convertirse en derviche. “Algún día me gustaría alcanzar la santidad”, pensó. Después de algunos meses en el desierto, decidió emprender rumbo a las Américas. Se hizo pasar por noble —soy el duque de Los Conforcos, solía decir— aunque en realidad vivió como vagamundo. Llegó incluso a simular demencia precoz. De ahí le vino tal vez su afición a las patologías. Gerardín, aunque se la pasó de lo lindo, ora corriéndose farras en el Caribe, ora metiendo gata por coneja en algunas plazas públicas, vivió atormentado. Nunca llegó a creer en nada ni en nadie, ni siquiera en sí mismo. Y tampoco llegó a alcanzar la espiritualidad ansiada. Estuvo durante años cavilando acerca de la inmortalidad del cuerpo, también se pasó la vida dándole vueltas a la existencia de dios. “Si dios existe, es probable que yo sea el Papa”. En su adolescencia fue ávido lector. Comenzó leyendo a Larra y terminó adentrándose en la filosofía de Nietzsche. Y cuando le preguntaban si creía en los extraterrestres, él, sin cortarse un pelo, respondía que nunca se ha sabido de otros marcianos que no fueran los terrícolas. Sabemos, por lo que dejara escrito en cartas varias y confidenciales textos, que la vida no es más que un absurdo para ser cantado con alegría bajo la sombra de algún castaño milenario. En el fondo, era un hombre con gran sentido del humor, aunque en ocasiones se mostrara deprimido. 


En su primer viaje a Méjico tuvo la ocasión de conocer a travestidos lunáticos postrados ante la virgen de Guadalupe, falsos echadores de cartas en el Zócalo del DF, chupadores de pus y sangre infecta en el barrio de Tepito, payasos a quienes les gusta practicar psicoanálisis en la cama de la vecina, misioneros briagos deambulando por la Avenida de Insurgentes, cojos albureros jugando en Chapultepec, filósofos casposos arengando a meretrices en el Barrio de La Merced, actrices moribundas intentando vomitar la última velada hecha de tequila y mezcal oaxaqueño, ermitaños y mayordomos arrejuntados con lagartas… Después de haber viajado y conocido tierras y personajillos tan variopintos, Gerardín se dedicó a escribir, dormir, comer y recordar sus aventuras y desdichas, que en verdad fueron muchas. En Ámsterdam, ciudad por la que sentía un gran afecto, casó con una fulanilla que lo introdujo en el mundo de las perversiones. En compañía de Chantal, que así se llamaba la gachí, Gerardín puso en práctica algunas de sus teorías. “Holanda me ha servido para sincerarme –escribió en su Diario íntimo-. En este país he llegado a sentirme tocado por la felicidad”. Chantal era una moza de buen ver. Tenía un mirar engatusador y azulado capaz de hipnotizar a una tropa de soldados. Por lo demás, era inteligente y desenvuelta, cariñosa y alocada. Gerardín, alias el duque de Los Conforcos, murió con la esperanza de haber encontrado la felicidad. Intentó, por todos los medios, buscar el bienestar a través de los sueños, pues en su infancia sufrió pesadillas que lo dejaron marcado para siempre. Hipocondríaco crónico, se negó a aceptar la existencia de enfermedades mortales como el sida, el cáncer… “Nunca podremos vivir tranquilos  mientras haya este tipo de enfermedades”. Algunos de sus vecinos aseguran que Gerardín era generoso, atrevido, contradictorio, colérico, ateo, orgulloso, racionalista, aunque él jamás aceptara tales calificativos. “De lo que sí estoy seguro es de que en Bembibre —escribió en una de sus últimas cartas— he vivido los mejores momentos de mi vida”. 

jueves, 12 de diciembre de 2013

Divisionarios

Os dejo mi segunda columna de opinión en la Nueva Crónica. Que la disfrutéis. 

El Alemán de Noceda del Bierzo
La Guerra Incivil, el franquismo, la posguerra son manchas que dejan huella en nuestra conciencia y nos siguen estremeciendo. Una guerra fratricida no se olvida nunca. “Antes de pegarle a un hermano, me dejaría cortar un brazo”, les gritó un vecino y paisano a otros vecinos-cabestros, briagos como cubetos, que le estaban atizando una paliza a un tercer hermano en discordia. Qué tristeza. Cuánto salvajismo anida en el subconsciente pútrido  de algunos seres inhumanos. En los montes y las cunetas de nuestra geografía siguen enterrados aún, por desgracia, muchos seres humanos. Por eso no podemos ni debemos olvidar, al menos mientras tengamos memoria y sangre en las venas. La Segunda Guerra Mundial y el holocausto siguen retumbando en nuestra memoria. Y quienes se enrolaron en su día en la División Azul nos devuelven imágenes en blanco y negro, que convendría esclarecer, porque hace apenas dos semanas saltó la voz de alarma cuando trascendió el hecho de que a algunos supervivientes divisionarios del Bierzo, entre ellos a El Alemán de Noceda, se les quería rendir homenaje en esta singular comarca leonesa. En tiempo de democracia hablar de divisionarios y franquistas suena a chamusquina, aunque convendría matizar que, si de veras somos y nos creemos democráticos, con pleno derecho a la libertad de expresión, no deberíamos obstaculizar un acto-homenaje a unos hombres que tal vez se alistaran en la División Azul a resultas de la estrechez y la necesidad, provocadas precisamente por quienes se alzaron en armas en el 36. Veo a El Alemán de Noceda y no me devuelve la imagen de un cabrón, sino de alguien ya ausente, desmemoriado, incluso de izquierdas, socialista convencido, que fue a parar a esta agrupación de soldados como quien podría haber ido a parar a otro bando. 


Qué terrible es la realidad. Las heridas siguen abiertas, supurando, y la Guerra Incivil, el franquismo, la posguerra, la Segunda Guerra Mundial y la División Azul nos persiguen como fantasmas, que nos acabaran removiendo las entrañas. Decía el filósofo Adorno que «escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie». Pero uno está convencido de que la crueldad humana requiere de una reflexión filosófica y por supuesto amerita de ser analizada con lucidez. La poesía y la filosofía como armas nobles para combatir la sinrazón que sigue y seguirá produciendo monstruos, porque vivimos en una sociedad caníbal, que gusta devorar a sus semejantes, a nuestros hermanos, paisanos y vecinos.  


martes, 10 de diciembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Jesús Manuel Ferrajón


La Fragua Literaria Leonesa
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Ferrajón (foto de SVF)

Jesús Manuel Ferrajón: "El periodismo actual no es más que naturaleza muerta"

Por Manuel Cuenya | 10/12/2013

El polifacético Jesús Manuel Ferrajón, autor de 'El libro de las nubes', está ahora con tres proyectos literarios a la vez.


La Fragua Literaria Leonesa

Cultura cultura
 


"La naturaleza mima a la especie humana, que tanto la maltrata"

Por Manuel Cuenya | 10/12/2013

Entrevista breve a Jesús Manuel Ferrajón.


jueves, 5 de diciembre de 2013

De Senegal a Los Mundos




Os dejo este artículo, que publiqué ayer mismo en La Nueva Crónica. 

Casa de Nico en Villar de Los Barrios


Comienzo esta singladura con la dulce sensación de adentrarme en el bosque de los sueños y a la vez de la cordura, qué fuerte, porque tan pueril es vivir de sueños como de silogismos, dijo Umbral, con su voz untada de reflexión y lirismo, en ese libro-diario-zambombazo que es ‘Mortal y rosa’. El propio Umbral, que era un magnífico poeta escribiendo en prosa y un maestro del columnismo, aconsejaba que un artículo de opinión tiene que ser un rastro de actualidad, algo que se enciende como una noticia, se remonta como un ensayo y se resuelve en una metáfora o un endecasílabo conceptual. Procuraré, pues, seguir sus pasos.

         Se agradece que, en tiempos convulsos, donde se silencia y aplasta la cultura, vea la luz esta Nueva Crónica, a la que deseo larga y sustanciosa vida, y también un libro, ilustrado con estupendas fotos, que rescata la historia y el patrimonio artístico de un pueblo-mundo, Los Barrios, que diría su impulsor Nicolás de la Carrera (Nico), el cual regresó hace un tiempo de Senegal (del lado de allá) para darle vida y vuelo a la tierra de sus antepasados (el lado de acá), sobre todo en esta época de emigraciones y salidas en estampida de jóvenes en busca de un futuro que la madre patria (madrasta, según Juan Goytisolo) les niega, aunque casi todos tengan una formación extraordinaria, mientras los tiburones y lamedores profesionales, con un coco-loco en la mano derecha, acaso en la izquierda –esto no resulta importante– se rascan la panza los lunes al sol en playas de arena blanca bajo palapitas exóticas y ensoñadoras.
Villar de Los Barrios

         Hace apenas una semana Nico presentaba en Ponferrada Los Barrios, tres pueblos de leyenda, un libro dedicado a las singulares y bellas localidades bercianas de Villar, Salas y Lombillo. Una obra que su director de edición, con la colaboración de varios autores, ha pergeñado con mucha dedicación, esfuerzo y saber hacer.
         Gran labor la que está realizando Nico, quien, tras montar un atractivo festival internacional, Villar de los Mundos, apuesta fuerte por darle realce y valor a la tierra de sus ancestros, que lucharon con coraje por un mundo mejor. Nuestro protagonista decidió regresar de África, en compañía de su mujer senegalesa y sus hijos, para vivir con dignidad, en armonía con la naturaleza, y continuar con la lucha que emprendieron sus predecesores por un espacio más habitable.
         A partir de ahora, cuando visitemos Los Barrios, lo haremos con una mirada nueva, como si los descubriéramos o redescubriéramos por primera vez.