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lunes, 31 de enero de 2011

Gabriel Folgado en Tardes de Cine


Gabriel Folgado en la Casa de las Culturas
Es un placer que Gabriel Folgado esté en la próxima Tarde de Cine. Será el miércoles 2 de febrero y tendrá lugar en la Casa de las Culturas de Bembibre (una especie de Casa de las culturas del mundo al estilo berlinés). A las ocho. Como siempre.

No os perdáis la cita con Folgado (Beli para los amigos y conocidos) porque nos hablará  de algunos de los entresijos del llamado séptimo arte y sus experiencias con este mundo, tanto en su etapa como estudiante en una jovencísima Escuela de Cine, que acabó literalmente estirando la pata, a resultas de asuntos varios, que ahora no viene al caso desentrañar, como ahora en su tiempo profesional. Es sin duda una verdadera lástima que Ponferrada, el Bierzo, León, Castilla y León hayan dejado volar esta golondrina en formato Escuela de Cine, porque ya no volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar.

Me entusiasmará presentar a este interesante cineasta berciano, formado en la Escuela de Cine de Ponferrada, con quien tuve la ocasión de coincidir y aprender. No en vano, él era un alumno aventajado.

Nacido en el hermoso pueblo de Albares de la Ribera, como su paisano y amigo Chema Sarmiento, y aun como mi abuelo materno: Antonio, alias el Chulo (a quien nunca conocí), Beli se graduó en dirección de cine en la Escuela antes mencionada de la Universidad de León, donde pudo dirigir sus primeros cortometrajes, como Vilapicardo (2004) y La embajada toscana (2005), por la que recibió una mención especial en el Festival de Cine de Ponferrada, además de ser seleccionado en varios festivales nacionales e internacionales como el Festival Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI) o el FESTCINE (Festival Internacional de Escuelas de Cine), que se llevó a cabo desde la Escuela de Cine de Ponferrada en colaboración con la Fundación Gabarrón. Qué tiempos aquellos. 

Su trabajo de fin de carrera, La embajada toscana, está basado  en un cuento del maestro Antonio Pereira y tiene la frescura y el aroma de un corto hecho con chispa. Conviene recordar la participación, entre otros y otras, del actor Guti, del Teatro Conde Gatón, la foto de Luis Ángel Pérez (ex alumno de la Escuela de cine de Ponferrada, que está cosechando grandes éxitos) o el sonido de Farah García (chica Deviot y antigua alumna de la Escuela de cine, que ahora toca en el grupo Tarfalla).

En 2009, Beli se lanza a la aventura de rodar una película documental, logrando un resultado extrordinario: Paisajes interiores, sobre la minería berciana, que tan de cerca y tan hondo nos toca, cuya mirada nos adentra en las entrañas de unos seres, los mineros, a los que alguien debería venerar. Un documental espléndido, que incluso contó con la nominación a los Goyas en esta edición, y que ya he reseñado en este mismo blog y en algún otro medio http://www.bembibredigital.com/index.php?option=com_content&view=article&id=482:labaniego-proyecta-qpaisajes-interioresq-en-la-fiesta-del-magosto&catid=37:culturayespectaculos&Itemid=150

Seleccionada en más de una treintena de festivales nacionales e internacionales, entre ellos, el   Festival internacional de cine de Cartagena de Indias (Colombia),   el Festival del cinema latino americano de Trieste (Italia), el Moscow international festival of visual anthropology "mediating camera" (Rusia),  el Mississippi international film festival (EE.UU) o la Muestra del documental antropológico y social (Argentina), Paisajes interiores pervivirá más allá de nuestro olvido.

Aparte de esta laureada película documental, Beli ha trabajado con directores como Gerardo Herrero o los leoneses Felipe Vega y Chema Sarmiento (con éste último acaba de filmar una película sobre el síndrome de Down), entre otros.

En la actualidad, con esfuerzo, dedicación y toda su alma, Beli  está con los preparativos,  en fase de preproducción, de su segundo documental, Ancestral delicatessen, sobre el rico mundo de las castañas. Él mismo será quien nos devele algunos secretos en su charla del próximo 2 de febrero en Bembibre. Allí os esperamos.

Valdeorras

Recupero este texto, escrito recientemente para el periódico el Buscador http://www.periodicoelbuscador.com/(con el cual colaboro desde hace ya algún tiempo).


Al fondo, O Barco
La comarca de Valdeorras y la comarca del Bierzo están emparentadas, hermanadas por el río Sil, en tiempos aurífero (lo que nos devuelve a una época legendaria), por el  sentir común de su paisanaje, por su meloso y pegadizo acento, por su riqueza paisajística y gastronómica (incluidos sus vinos, con variedades autóctonas como el godello y la mencía, acogidas ambas a Denominaciones de Origen), por su microclima, y aun por su esplendor pizarrero, sobre todo Valdeorras, que sigue exportando pizarra a varios países del mundo. No en vano, esta bella y familiar comarca ourensana así como su vecina  región de Trives pertenecieron en su día  a la antigua provincia del Vierzo/Bierzo. También la historia nos marca.

         Panorámica de O Barco, desde el Castro
                               Viloira

El Barco (O Barco), su capital, nos aproxima al mar y de paso nos convida a navegar por el Sil, ese río legendario y telúrico,  en busca de algún tesoro escondido. Cabe recordar que el Paseo del Malecón, con sus cafeterías y terrazas, es uno de sus lugares animados y emblemáticos, y por momentos hace que el viajero fantasee, en cierto modo, con alguna ciudad caribeña.
                     Parque de Viloira
Cuentan que el término O Barco proviene de la instalación, en época romana, de una barca que conducía a la gente hasta el hermoso y pintoresco pueblo de Viloira (Villoira), con el fin de comunicar las poblaciones existentes a ambas márgenes del río. Haylos, en cambio, que sostienen que el topónimo proviene del celta barc o barg, que haría referencia a una concavidad. Acaso haya otras versiones, que el visitante desconoce. En todo caso, la capital valdeorresa amerita de una visita, incluso de varias. En un primer recorrido, y para tener una impresión genérica del entorno, merece la pena subirse al Castro, que domina la ciudad. Desde este promontorio se gozan de espléndidas panorámicas sobre el valle. También puede visitarse el Pazo del Castro y las murallas de la fortaleza medieval, que aún se mantienen en pie, en medio de algunas casas y algún que otro cable. Cosas de la modernidad.

                                       Xagoaza
Luego, el viajero puede acercarse al Mosteiro de Xagoaza, de estilo románico y dicen que perteneciente a la Orden de Malta, que se halla a pocos kilómetros de O Barco. Xagoaza, enclavado en un entorno de gran belleza, despierta la curiosidad del viajero, que gusta de la naturaleza, y aun del vino. Aquí se encuentra Bodegas Godeval, cuyo nombre hace honor a la variedad de uva, el godello, con la que elabora sus vinos.
                                                                                                                                                                        
Río Sil (en el límite del Bierzo con Ourense. Del lado de allá)

Y para finalizar este recorrido, el viajero –llevado acaso por su instinto-,  decide visitar Viloira, esa otra orilla desde la que se atisba en la cercanía O Barco. Viloira es un buen lugar para reponer fuerzas y descansar al calorcito de un sol invernal, que sorprende por su amorosidad. Sus jardines, con árboles centenarios, dan paz y sosiego al viajero, que se siente como en el huerto sensual de la felicidad.

jueves, 27 de enero de 2011

Sospecha, de Hitchcock

Este viernes, día 28, proyectaremos Sospecha en el Benevivere de la capital del Bierzo Alto. Estáis todos y todas invitados (envitadas, que dicen en mi pueblo).


Película controvertida, Sospecha es para algunos un título menor del maestro Hitchcock, en cambio para otros se revela como una obra fascinante, destacada tanto por su buen guión como por su fotografía, así como las interpretaciones de sus protas: Cary Grant, en el papel de vivalavirgen y seductor, y la angelical y desvalida Joan Fontaine, con quien nos identificamos en todo momento, sintiendo como ella el miedo, la incertidumbre, la sospecha. ¿Quién me mandaría meterme en este sarao? No en vano, la Fontaine obtuvo el Óscar a la mejor actriz, arrebatándoselo a la Bergman de Casablanca.

Se me antoja que Sospecha destaca sobre todo por su banda sonora, debida al compositor Franz Waxman, que ya había colaborado con el maestro en Rebeca, y es conocido, entre la cinefilia andante, por la banda sonora de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard), de Billy Wilder. Estamos, por tanto, ante su segunda película inglesa realizada en Hollywood, según nos cuenta el propio director.

Se trata de un thriller de corte psicológico, aderezado con el suspense del final y con algunas de las características propias del cine negro (véase la iluminación de estilo expresionista y el tema recurrente de la doble personalidad). Una vez más el tren aparece como escenario habitual  y metáfora cinematográfica por excelencia.

Es probable que el romanticismo inicial de la peli, salpicado de humor, nos desconcierte, al igual que su final, digamos feliz, que Hitchcock no tenía contemplado en un inicio, pero que le fue impuesto por la censura americana. ¿Cómo una estrella de la talla de Cary Grant iba a ser malo, aunque tenga trazas de ello? Pues, otra vez más, no todo es lo que parece, sobre todo en las cintas del genio de la intriga. Pero a medida que avanza la peli, la duda, la sospecha, lo incierto comienza a apoderarse de nosotros y a corroernos, sumergiéndonos en un drama.

En sus conversaciones con Truffaut, Hitchcock le desentraña al director francés el verdadero final, que hubiera deseado para su Sospecha. Pero las cosas son como son. Y en el cine no todo el monte es orgasmo, porque no depende de uno, por muy importante que este sea, sino de muchos y en ocasiones mal allegados. Conviene recordar algunos de estos entresijos. “No me gusta el final de la película, pues tenía otro”, le aclara Hitchcock al realizador de la Nueva Ola. “Tuve muchos problemas con este film”, remata el director de Sospecha.

Ahora que lo pienso, el argumento de Calle Mayor, de Juan Antonio Bardem, muestra gran parecido con el de Sospecha.

martes, 25 de enero de 2011

Río Sil

Rescato este texto, que escribiera para el Calendario de este año 2011, editado por el Consejo Comarcal del Bierzo. Corresponde a este mes de enero. Y lo dedico al río Sil.
En vez de ilustrar este texto con la foto del puente de Páramo del Sil, tal como figura en el calendario de turno, prefiero hacerlo con la foto del puente de Palacios del Sil, que me quedó más chuli, creo.

Bajo este puente, manufacturado con las hechuras de los sabores antiguos y la textura de los afectos, fluye este río, de aspecto dulce, a su paso por Páramo del Sil, la tierra que, en cierto sentido, impulsó e inspiró a Ángel González a hacerse poeta.
Sosegado, el Sil es como la gran arteria que corriera por el cuerpo del Bierzo, insuflándole energía y pasión. Lo siento como propio, aunque sea el río de todos. Siento su pasado glorioso: su fondo sobre el que aún reposan pepitas de oro, su curso cambiante, desde su nacimiento hasta su desenlace en el Miño, su tiempo presente, fluido y fecundo, forjado con la lírica romántica de los sueños y los silogismos.

lunes, 24 de enero de 2011

Pink Floyd





Pompeya
Era un rapacín cuando escuché por primera vez a Pink Floyd, lo que me causó una intensa y placentera emoción, que jamás he abandonado. Es como si de repente hubiera descubierto algo grandioso, que lo es. Y a partir de entonces comenzó mi devoción por su música, que se mantiene intacta hasta ahora, aunque durante algún tiempo no la tuviera presente.

Veranos interminables, aunque deliciosos, impregnados de música. Tiempo de felicidad, mientras contemplaba cielos estrellados al amor de Pink Floyd, y aun de otros grupos como Led Zeppelin, Deep Purple, ACDC, etc. Pero a mí siempre me entusiasmó el Fluido Rosa, y esa su psicodelia, su rock sinfónico y sideral, progresivo y atómico, que me hacía levitar y aun volar más allá del bien y el mal. Escuchando a Pink Floyd me siento cerca del universo, enroscado a los confines, dilatados y amplificados por sonidos de colorines.

En esta música llegué a encontrar algo trascendental, una especie de religación con la belleza y lo desconocido, una metafísica de lo sagrado, un espacio colmado de estimulaciones. Un chute maravilloso en todo el ADN de mi intránima. Transcurridos los años sigo creyendo que los Pink fueron y siguen siendo divinos, avanzados, experimentales, vanguardistas. Grandes. Muy vivos e influyentes en determinadas músicas actuales.

No hay más que escuchar su disco Meddle y sobre todo ese poema sonoro titulado Echoes (incluido en el concierto de Pompeya). O la bestial Careful with That Axe, Eugene, incluida en su disco doble Ummagumma y también en este concierto celebrado a puerta cerrada en la ciudad bajo el Vesubio. Otro de sus discos interesantes (que también es  la banda sonora de una peli) se me hace Obscured by Clouds. Por cierto, la banda sonora de la contracultural Zabriskie Point, del controvertido Antonioni, también es de los Pink Floyd.

También recuerdo con agrado aquel Atom Heart Mother (del que parecen renegar sus líderes, tanto Waters como Gilmour), que tuve a bien encontrar, en cinta, en una tienda de Ponferrada (Valfer, creo recordar) cuando era un adolescente. La madre con corazón atómico -en mi cassete se ve una vaca pinta- y "el desayuno psicodélico de Alan" (incluido en la misma) me impactaron, tal vez por la cercanía sonora y el experimento granjero.

En el anfiteatro de Pompeya
Y lo que nunca olvidaré es su famoso concierto en el anfiteatro de Pompeya (Live at Pompeii), que vi por primera vez en televisión hace muchos años, y que conseguí en vídeo hace otros tantos. Recientemente, he vuelto a verlo y se me antoja sublime, no sólo por sus eflúvicas imágenes y el escenario (aunque una gran parte de éste está grabado en la "trastienda" y aun en los legendarios estudios de grabación de Abbey Road, donde los Beatles, por ejemplo, grabaron casi todas sus canciones) sino por sus sonidos, como de otro universo. Me fascina el batería o baterista Mason, que me deja boquiabierto.

Recuerdo aquellas excursiones a Urdiales de Colinas desde el útero de Noceda del Bierzo. En esa época, ya mocitos, nos juntábamos un grupo de amigos y nos lanzábamos a la aventura de la montaña, en busca de algún pueblo escondido, siempre en compañía de música como alimento esencial. Y en alguna de aquellas caminatas por las veredas de la adolescencia nos dejábamos guiar por el tiempo (Time) de los Pink Floyd. On the run.

The dark side of the Moon nos tenía sorbido el seso. Era algo como de otro mundo, brillante y lunático, que nos hacía vibrar de gusto. Era habitual que los veranos de adolescencia dieran mucho de sí, porque en aquel tiempo el verano era toda una vida, y en nuestros paseos nocturnos a alguna población cercana -algunos iban a ver a sus novietas, que tal vez no lo fueran del todo- nos dejábamos arrullar, una vez más, por el Wish You Were Here y aquel Shine on You Crazy Diamond que, pasado el tiempo, descubrí que era un homenaje al psicodélico Syd Barrett, o bien nos guiábamos, en las luminosas noches de estío, por los balidos, gruñidos y ladridos de Animals (curioso disco). Al igual que me había ocurrido con Wish You Were Here, me enteré, transcurridos los años, que Animals tuvo su inspiración en esa bestial y hermosa novela conocida como como Animal Farm (traducida al castellano como Rebelión en la granja, y a la que ya he hecho alusión en este blog). Aparte de sus sonidos animalescos, me gustaba asimismo la portada de su disco, en la que figura una fábrica de ladrillo con sus chimeneas, sobre la que sobrevuela un cerdito, lo que me devuelve al viejo edificio de la MSP en Ponferrada, que ahora será la sede del Museo de la Energía. Guapo edificio, sin duda, que a su vez me traslada a Londres, y me hace recordar aquel mi primer viaje a la capital inglesa.  A las afueras de London, en el recorrido en tren desde el aeropuerto de Gatwick al centro de la ciudad, llegué a ver una fábrica parecida a la que se retrata en la portada del disco Animals, de Pink Floyd.

A finales de los setenta (supongo que ya en los comienzos de los ochenta), me llegó The Wall (incluida la peli de Alan Parker -cuyo prota era el famoso Bob Geldof-, que llegué a ver en varias ocasiones en la discoteca Donald), con un toque más comercial que los anteriores, lo que dio a conocer, de un modo masivo, a estos genios de la música, que sin duda lo eran y lo son. Lastima que Wright ya se haya muerto.

El Muro, con el paso del tiempo, se ha convertido en un disco fetiche, alavado por unos y otros, y con gran proyección luego de la tan ansiada caída del Muro de Berlín. Conciertazo que se dió Roger Waters, acompañado de varios músicos como Sinéad O'Connor, Cyndi Lauper, Van Morrison, etc., en la capital alemana.

Seguí enganchado a su música con The Final Cut (que en verdad es como su corte o punto final, al menos de una etapa), hasta que llegó un momento en que casi les pierdo la pista. Por esta época cursaba estudios universitarios y comenzaba a escuchar otro tipo de músicas. No obstante, olví a retomar contacto con sus sonidos, ya en mi época mexicana, allá por los noventa, con su Momentary Lapse of Reason y The Division Bell. Incluso estuve a punto de verlos en la Ciudad Azteca. Cómo me hubiera gustado... Tengo que conformarme, nomás, con sus discos (y aun cassetes), que de vez en cuando escucho para sentirme eremita en sociedad, alguien que todavía cree en la espiritualidad como forma de vida.



jueves, 20 de enero de 2011

Muse

A falta de una foto de Muse, otra de Santiago de Compostela (donde actuó esta banda con motivo del Xacobeo).

Si me hubieran dicho hace tan solo un año quién es Muse, me hubiera quedado alelado, a verlas venir. Si es que uno no puede saberlo todo, conocerlo todo, porque es bien cierto aquel aforismo socrático de que sólo sé que no sé nada, y cuanto uno más cree saber, menos sabe,  y esto lo digo sin aspavientos ni artificios, con absoluta naturalidad. Y aunque el saber produce dolor, qué queréis que os diga, cuando uno descubre algo, se abre todo un mundo de posibilidades, a veces de sorpresas, casi siempre de emociones importantes, y algo así me ocurrió con la banda Muse, que desde hace algunos meses escucho con devoción, como un creyente que rezara día y noche a alguna diosa... bueno, quizá esté exagerando, con la vena salida de madre.

Si es verdad que verlos/escucharlos en directo en Santiago de Compostela el pasado verano me encantó. Mi ignorancia -debo confesarla- llega a tales extremos que asistí a su concierto por puro azar. "Tengo unas entradas que me ha regalado el Gadis para unos conciertos en Santiago", me dijo el amigo Gelo, que vive en el País Vasco, aunque es originario del Bierzo (al menos sus padres). Pues que bien, debí responderle. ¿Y tú no irás?, insistí. "No", respondió categórico, "pero si tu las quieres, te las doy", me dijo. "Sólo tienes que recogerlas en el Gadis, de Bembibre", aclaró. Gracias, Gelo. Y allí que me fui, en peregrinaje, hasta el Monte do Gozo... a gozar con la música al aire libre y xacobeo de nuestra tierriña galega, nuestra hermana querida, donde la lluvia es arte -no llovió, por fortuna ese día/noche-, y las cornamusas romanas -ay, perdón, las gaitas galegas- resuenan como un canto hey. A Galicia. La entrada, por lo demás, daba derecho a un bocata, una bebida (lo que el peregrino agradeció, luego de la caminata desde el Bierzo hasta la tierra prometida del oeste compostelano, esto es un decir, nomás), ah, y una mochilita de tela. Qué guay. Qué suerte.

Pero volvamos a Muse, la musa de inspiración que me hizo despertar del letargo. Nada más comenzar la banda, el personal se agitó. Esto tiene buena pinta, debí decirme para mis adentros (lo último sobra por cursi). Qué bien suenan estos tíos, qué fuerza, cómo suena la batería... las percusiones. Es cierto que a Muse le precedía un grupín de poca monta y mal sonido (no recuerdo su nombre, para qué). No parecía nada bueno. Y qué malas son las "comparanzas".

El éxito de público se lo llevó todo Muse, porque luego actuó el mítico y enlatado Pet Shop Boys, que si bien resultaba "chistoso" en tiempos de movida popera, ha caído fuera de onda, y en concierto, más allá de algunos efectitos (todo pregrabado) y florituras, no resulta atractivo. Confieso, una vez más (hoy me siento religante/creyente en algún ser o sera) que me animó, en un principio, que actuara este grupo/señor Pet Shop.
Muse, ahora ya lo sé y espero no olvidarlo, es una poderosa banda inglesa de rock, alternativo (dicen algunos), como todas las grandes bandas de rock. Por algo los Beatles y los Pink Floyd (mi banda preferida de siempre, de todos los tiempos, a la que debiera dedicarle también unas palabras de afecto y admiración) surgieron en esta isla.

Muse, en el que pueden reconocerse influencias de Queen y algunos otros grupos como Rage Against the Machine o una suerte de minimalismo, comenzó hace dos décadas (y uno sin enterarse de la vaina) en Inglaterra, aunque dieron el gran salto (y nunca mejor dicho) a/en Usa. Es a partir del año 2000 cuando se convierten en estrellas del rock. Y se dan a conocer en toda Europa, con sus espectaculares conciertos, como el de París, en el emblemático Le Zenith, o su macroconcierto en el estadio de Wembley. También es conveniente recordar sus actuaciones en Madrid, en el Festival de Benicassim y por supuesto en Compostela.

Me entusiasman, sobre todo, Starlight y Uprising.
http://www.youtube.com/watch?v=w8KQmps-Sog&feature=channel
http://www.youtube.com/watch?v=XUEXD-NMLeU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=Pgum6OT_VH8


 

A Alfonso Manso y su Fahrenheit 2010

«¿A qué temperatura arde el espíritu?», se pregunta Manso en El Albéitar

Su 'Fahrenheit 2010' puede verse en el ateneo cultural leonés hasta el 8 de abril

 http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/a-que-temperatura-arde-espiritu-se-pregunta-manso-en-albeitar_594792.html


(Diario de León, 28/03/2011)

Me permito la licencia, estimados seguidores, de volver sobre las andadas y colocar este texto, ahora con fotos incluidas, sobre la exposición Fahrenheit 2010. Ensayos sobre la temperatura de las distopías para aquellos que no podréis verla. Así os haréis una idea de la misma. Supongo. Aunque también podéis visitar el blog de profesor y artista Alfonso F. Manso: http://fahrenhait2010.blogspot.com/
Esta exposición podrá verse en el Campus de Ponferrada hasta mañana viernes día 21 de enero de 2011. Debéis daros prisa si aún queréis verla. Merece la pena.


Alfonso, además de profesor de la Universidad de León, es un gran viajero por el mundo "alante", que ha tenido el gusto de recorrer todos los continentes, un analista de la realidad de nuestro tiempo, un filósofo de la transmodernidad. "¿A qué temperatura arde la libertad? ¿Y los ecosistemas? ¿Y la dignidad?", se plantea Manso. Y añade: "¿a qué temperatura se destruye el espíritu humano?", lo que nos devuelve, por ejemplo, a la barbarie de Auschwitz, en cuyos hornos crematorios se calcinó el alma de muchos seres humanos.


2010º F es la respuesta a todos estos interrogantes. 2010 es asimismo una metáfora, una fecha que nos ayudará a nosotros, humanos, demasiado bestiales, a repensar y comprender la distopía del mundo contemporáneo. Una distopía que se nos revela/rebela como una utopía perversa, inversa, castradora, todo lo contrario a una sociedad ideal, feliz, tal como nos propusieron, desde Bradbury, con su Fahrenheit 451 (451º F, temperatura a la que arden los libros), hasta Huxley, con su Mundo feliz, pasando por 1984 de Orwell o Moore, con su Faherenheit 9/11 y aun el propio Zamiatin, con su Nosotros, que tanto y tan bien influyó en 1984 de Orwell, el Gran Hermano que nos vigila, la telepantalla que nos apantalla y nos vuelve a todos monos de feria, peleles, marionetas al servicio del todopoderoso Dios-sistema-financiero. Y es que todo lo manda el dinero. Como nos dijera Valle-Inclán en Luces de bohemia. El Gran Hermano que vigila sin descanso, los primates luchando a muerte para lograr su premio, el confesionario, el Súper... la comuna contracultural, el hippismo reinventado, el moderno convento mixto, con matices incluso de clausura mediática... la telepantalla vigilando las intimidades... los polvos entre los simios encerrados en el zoo humano.


La libertad y los libros sustituidos por una narcótica felicidad, una felicidad irreal, virtual, internáutica, una supuesta felicidad o bienestar construidos sobre los cimientos fangosos del soma (como en Un mundo feliz), con las consiguientes inhibiciones del intelecto y las emociones (sexo sin amor y sin afecto, etc.) o bien a través de las adormideras psicodélicas (entre las que no sólo está la religión, en todas sus vertientes, como opio del pueblo, sino el fútbol, incluso el cine, la televisión, etc., la cultura/subcultura/incultura tal como nos la venden los medios de comunicación de masas, que se encargan de decidir lo que nos gusta y lo que deseamos). Léanse los Apocalípticos e Integrados, de Umberto Eco o El mito de la cultura, de Gustavo Bueno. La nuestra es la uniformidad de la especie (o la unidimensionalidad del hombre/mujer, tal como nos predijo el filósofo Marcuse), la globalización de la miseria, la debilidad y derrota del pensamiento (léase a Finkielkraut), el pensamiento único, la esclavización a las técnicas y tecnologías, el servilismo al sistema caníbal, que funciona como una apisonadora.




En el mito de la cultura, el mestro Bueno nos recuerda que la religión como «opio del pueblo 'democrático' o brebaje espiritual» no sólo tiene en cuenta la analogía con el opio que se administra el pueblo a sí mismo para calmar el dolor derivado de su estado de opresión, sino también el opio que le es administrado al pueblo por los explotadores para mantenerlo en estado intermitente de entontecida ilusión. Las funciones del opio del pueblo "democrático" las ejerce hoy la cultura, incluso la llamada cultura selecta, una vez que la religión ha perdido, al menos en nuestra sociedad industrial y materialista (no así en las sociedades musulmanes, por ejemplo), las virtudes de adormideras psicodélicas. La élite -insiste el profesor Bueno- se administra a sí misma dosis de cultura operística, de cultura literaria, de cultura vanguardista (pero no, por ejemplo, de «experimento vocal» o de «exploración combinatoria») para mantener su ensueño de minoría despierta, elegida, consciente; mientras que la plebe se administra, o le es administrada, cultura selecta ad hoc (cultura de consumo) para mantener su ensueño de libertad activa, de rebeldía suprema, de entusiasmo. De este modo, tanto la supuesta élite como la plebe alcanzan la conciencia (mejor dicho, la falsa conciencia) de la «realización de su plenitud vital, de su libertad». Pero, en el fondo, vivimos en la quimera de la libertad, por decirlo a lo Chaplin.




Por su parte, Marcuse en El hombre unidimensional, tal vez su obra más famosa, nos presenta a la sociedad capitalista “avanzada” como una sociedad en la que el ser humano ha perdido su sentido crítico. El ser humano se aborrega. Como ya nos anticipara el filósofo Nietzsche. El consumismo y la “liberación de las costumbres” lo transforman en un ser cada vez más adaptado e integrado al sistema. Ya no hay espacio para la oposición y la crítica, porque la sociedad unidimensional “integra en sí toda auténtica oposición y absorbe en su seno cualquier alternativa”. En ella se da “una confortable, tersa, razonable, democrática no libertad”.




El capitalismo avanzado ejerce su dominio, su control total, de un modo sutil, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. “No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y las aspiraciones individuales”. En esta sociedad unidimensional manda el positivismo, que sirve de base a la racionalidad tecnológica y a la lógica del dominio. Y el positivismo no tiene rival porque se ha anulado el espacio de la crítica. Incluso el proletariado ha perdido su impronta revolucionaria, seducido por el confort y el consumismo. Todos conformes en el carro del bienestar, que ahora parece venirse abajo, a resultas de la cabrona crisis finaciera, mundial, creada, cómo no, por los tiburones, y todo ese vivir por encima de nuestras posibilidades, hipotecándonos hasta las cejas, creyendo que todos éramos ricos -pobrecines, qué ingenuidad- cuando nos comimos las hostias de canto.

Marcuse cree, al menos, que los sujetos revolucionarios deberían ser los extranjeros, los explotados, los desocupados, las minorías, los marginados y los excluidos del sistema. Mas también estos están anulados. Pues no son más que los chivos expiatorios de la sociedad, algo así como las brujas de la Inquisición, incluso algunos/as se chutan con lo que pueden para poder sobbrevolar el hastío putrefacto de esta sociedad. Como bien sabemos.




También es Marcuse quien, a principios de los 60 del pasado siglo, pronostica el triunfo del pensamiento único, a través de la influencia de los medios de comunicación de masas, que han generado un refuerzo de las características de este tipo de ser humano, que se caracteriza por recoger la mayoría de sus experiencias de la televisión y "la experiencia televisiva tiende a incrementar el sentido de la impaciencia... Analfabetismo a esgaya.




Mientras que la letra impresa obliga a ejercitarse en la postergación del placer... porque sólo después de realizar complejas operaciones de análisis lógico y gramatical se comprende el sentido, y sólo entonces puede producirse el placer, pues el goce del texto escrito proviene del significado, no del significante. Las imágenes, en cambio, ofrecen una gratificación inmediata derivada del propio significante. A esto hay que añadir la hiperestimulación sensorial que incrementa aún más la gratificación instantánea. Y cuando la experiencia no es gratificante, cabe siempre la posibilidad de cambiar de canal televisivo. Zapping o zapeo va y viene.

Por otra parte, la televisión, sobre todo la basura fabricada, es un agente colaborador a la violencia que hay en el entorno. Violencia, individualismo y gratificación instantánea van moldeando al ser del siglo XXI. Ahora, la sociedad industrial organizada a partir de la tecnología opera “a través de la manipulación de las necesidades por intereses creados, impidiendo por lo tanto el surgimiento de una oposición efectiva contra el todo.” Estamos en un totalitarismo "aparentemente apartidario", un sistema de mercancías (personas, capitales, objetos) de neoliberalismo económico. La sociedad moderna se ve invadida de “necesidades falsas que perpetúan la fatiga, la agresividad, la miseria y la injusticia, un mundo social en el que el trabajo convierte al hombre en un esclavo del sistema.” Terrible panorama, ya pronosticado por Marcuse... por Huxley, Orwell, Bradbury, etc. Incluso Walden Dos, la novela de Skinner, deja entrever que el ser humano no tiene capacidad de elección, y por ende no es libre. Pasen y vean.




























El agente secreto

Este viernes, en Bembibre, proseguimos con el maestro Hitchcock. En este caso se proyectará/proyectaremos otra de sus pelis de la etapa británica, no tan conocida, creo, como su anterior obra 39 Escalones, aunque igualmente interesante. Y es que el mago del suspense y el cine negro no nos deja indiferentes, ni siquiera cuando nos ofrece una película menor, lo que no quiere decir que El agente secreto lo sea, quede claro.

Una vez más, Hitchcock se maneja y nos sumerge en el tema de la falsa identidad o la confusión de identidad, que tanto juego da, tanto en la realidad como en la ficción, contándonos una historia sobre un agente secreto del servicio de inteligencia británico, como el título de la cinta,  que es enviado al país de los relojes puntuales y precisos, Suiza,  para asesinar a un espía alemán de quien, curiosamente, desconoce los rasgos personales. Como para no perdérsela.

Me entusiasma, sobre todo, la interpretación del gran Peter Lorre en su papel de asesino mejicano. Un personaje/actor bien expresionista, con sus característicos ojos saltones y sus rasgos de malvado. ¿Quién no se acuerda de su magistral interpretación como psicópata en El vampiro de Düsseldorf, de Lang? Por cierto, El agente secreto es deudora de la influencia del cineasta alemán Fritz Lang. 

Al Lorre también lo hemos podido ver en la primera versión de El hombre que sabía demasiado, o en clásicos como El halcón maltés y Casablanca, por citar sólo algunas de las películas legendarias en la que ha trabajado.

Por lo demás, El agente secreto cuenta con algunos otros ingredientes propios e inconfundibles del cine de Hitchcock. Pasen y vean.

martes, 18 de enero de 2011

A Carlos Fidalgo

Carlos Fidalgo en Tardes de Autor

El jueves de la pasada semana le tocó el turno a Carlos Fidalgo en Tardes de Autor. Fidalgo ejerce en la actualidad, y desde hace más de una década, como redactor del Diario de León en Ponferrada (edición Bierzo).

Recientemente, Fidalgo ha ganado el premio Tristana (bien galdosiano) por su novela El agujero de Helmand, ambientada en la guerra de Afganistán, aunque este es el telón de fondo, o uno de ellos, porque como él mismo dijo, en Tardes de Autor, esta novela habla de la muerte (tema universal y bien rulfiano). No en vano, reivindicó a Rulfo como uno de sus maestros, y Pedro Páramo como libro de cabecera. Asimismo, hizo alusión a las similitudes que existen entre la novela del mexicano Rulfo y La lluvia amarilla de nuestro paisano Julio Llamazares. Ambas, llegó a decir Carlos Fidalgo, hablan de fantasmas, y tanto un espacio como otro, véanse Comala y Ainielle, no se diferencian mucho. Algo que, desde hace años, he venido señalando. Incluso en un artículo que le dedicara a Fidalgo hace años en el Diario de León, a propósito de su libro de cuentos, El país de las nieblas, lo escribo.

Me alegra que coincidamos en gustos literarios, y aun en maestros iniciáticos a la lecto-escritura. No se puede escribir, al menos escribir mediamente bien, sin haber leído, se llegó a señalar en las Tardes, porque la lectura acaso sea más activa y creativa que la escritura, que diría otro maestro, en este caso Umbral.

Por lo demás, Fidalgo reinvindicó una suerte de literatura que se mueve entre la realidad y la fantasía (a él le gusta mucho el género fantástico) aunque también nos habló de la importancia de Bukowski, como poeta, en su obra lírica.

Nos leyó algunos poemas suyos, dedicados al maestro John Ford (otra de sus inspiraciones) y a la Monroe. Incluso nos contó que le gustaría escribir una novela que partiera de Irlanda (origen del cineasta Ford), atravesara el Atlántico y recorriera los Estados Unidos, desde Nueva York hasta California. Una especie de En el camino, acerté a decir, a lo que Carlos Fidalgo respondió con un no exactamente, porque el suyo pretende ser un proyecto más lejano en el tiempo, y la obra de Kerouac (extraordinaria) se centra en el siglo XX, y su recorrido es sólo por los Estados Unidos (México incluido). Dicho lo cual, merece mucho la pena leer esta obra, On the road. Ahora espero ver la película que el brasileño Walter Salles ha rodado en escenarios de Canadá, Estados Unidos y México, basada en esta novela trepidante.

Ahora recuerdo que otra obra definitiva  es Las uvas de la ira (llevada al cine por el "tuerto" Ford), en la que se nos muestra el viaje de una familia desde Oklahoma hasta la tierra prometida de California. Colosal novela de Steinbeck y magnífica adaptación de Ford a la gran pantalla.

Vaya aquí este artículo, tal cual, sin retoques ni añadidos, que en su día le dedicara a Fidalgo en su propio medio, nuestro medio, nomás.  

EL país de las nieblas

El país de las nieblas es el poético título bajo el que se cobijan los ocho cuentos que nos acaba de ofrecer nuestro estimado colega Carlos Fidalgo, redactor del Diario de León. Confieso, Carlos, que me he perdido un buen rato en estas nieblas, y que he sentido cómo las brumas me atrapaban desde el mismo instante en que me asomé al bosque frondoso y lírico de tus palabras-árboles. Ese bosque neblinoso del que emergen seres fantásticos capaces de llevarte a un mundo ensoñador, donde la realidad se confunde con la ficción.
         Tu prosa me recuerda al mejor Rulfo, maestro de vida y muerte, escritor cuya voz sigue retumbando en nuestras entrañas, con esa fuerza y sensibilidad que tienen los verdaderos artistas, aquellos que escriben como hablan, como lo hiciera el escritor mejicano. Que tu primer cuento, “Lo que nunca le dije”, nos acerque al “¡Diles que no me maten!” de Rulfo nos  mete de lleno en ese mundo de ultratumba desde el que los muertos nos hablan cual si estuvieran vivos. Hay tantos muertos en vida que a uno siempre le queda la duda de si también nosotros somos muertos que hablamos y aun escribimos. Lo que deberíamos saber no es si hay vida después de la muerte sino si hay vida antes de la muerte. Tu primer cuento resulta estremecedor. No sólo me hace pensar en Rulfo sino en todos aquellos escritores que nos hablan desde la muerte, que nos anuncian la muerte, como García Márquez en su “Crónica de una muerte anunciada”, Carlos Fuentes en “La muerte de Artemio Cruz” o nuestro paisano Llamazares en esa rulfiana obra que es “La lluvia amarilla”. También me han parecido emocionantes cuentos como “La apatía”, “Azouz, el pájaro” o ese final de “Niebla azul” que me sumerge en las mejores páginas de Monterroso.
“La apatía” se me hace bien familiar. Como a la mayoría de los bercianos del Alto. Supongo. Con esa mina como fondo de angustia, fuente de vida y muerte, que te va entrando en el cuerpo disfrazada de sueño. Y ese personaje ya enterrado en vida, que nos habla de los sinsabores de una realidad rutinaria. Y para finalizar, como cierre alentador, está Azouz, que me invita a volar y aun a tocar el cielo, en busca tal vez de un mundo mejor. Volar siempre fue mi obsesión y mi sueño recurrente de infancia. Azouz nos deja ese regusto por la vida que nos invita a creer  que a lo mejor hay vida antes de la muerte. Como me dijera un mejicano, hace años, “tú  eres libre como los pajaritos”. Y tú, Carlos, con tus cuentos nos has ayudado a volar.

jueves, 13 de enero de 2011

39 Escalones

39 Escalones es una de las obras maestras de Hitchcock perteneciente a su etapa británica, y el embrión de otras muchas películas, como Con la muerte en los talones o Falso culpable, en las que un tipo común y corriente, inocente por supuesto, acaba siendo perseguido, acosado y acusado de asesinato, por asuntos de espionaje. Como vemos en esta peli.

El inocente o falso culpable es una de las constantes temáticas en su cine. Y el trasfondo kafkiano, absurdo (léase El Proceso) está presente en esta cinta, que cuenta además con los ingredientes necesarios para hacer que nos quedemos enganchados hasta el final.

Por activa y por pasiva, sabemos que Hitchcock es un maestro del suspense, y en esta peli logra, una vez más, mantenernos en vilo hasta el final, con situaciones límite y constantes giros y variaciones de espacio, con una sabia conjugación de la intriga, el suspense, la aventura a ritmo trepidante, fino sentido del humor, incluso aderezo erótico o pulsión sensual, con su magnífica puesta en escena, y esos personajes que viven una auténtica locura/pesadilla. Como en muchas otras aventuras del mago, el argumento no es más que un pretexto para llevarnos de la mano y así mostrarnos un viaje estimulante, impregnado de emociones. Un auténtico espectáculo.

miércoles, 12 de enero de 2011

Al genio Hitchcock

El próximo viernes, día 14 enero, o sea mañana mismo, damos comienzo, en Bembibre, a un ciclo dedicado al maestro Hitchcock. 39 Escalones, El agente secreto y Sospecha conforman estas primeras entregas para este primer mes del año. 

 Incluso a quienes no les interese  el cine, podrían quedar atrapados en la butaca, en el sofá de la sala o en la habitación si deciden sentarse a ver una película del gordo y maníaco del suspense. Hablo, cómo no, de Hitchcock, que tan buenos momentos, casi siempre angustiosos y terroríficos, nos ha procurado este genio del cine en su estado puro, acaso el cine más grande que haya conocido la joven historia del llamado séptimo arte. Nadie se olvida de Psicosis, Los Pájaros, Rebeca o Vértigo, porque se han quedado grabadas en nuestro inconsciente. Todas ellas nos han dejado impresionados. Y lo mejor del asunto, aunque las hayamos visto múltiples veces, tenemos ganas de verlas de nuevo. Ahí reside uno de sus secretos: engatusarnos una y otra vez, porque este director es capaz, a través de sus peculiares planos subjetivos (en ocasiones amplificados por una cámara fotográfica y unos prismáticos, como en La Ventana indiscreta), de meternos en la piel del protagonista (a menudo mirón o voyeur). Logra que nos identifiquemos con sus personajes, que casi nunca son lo que parecen (el falso culpable es un buen ejemplo), personajes que, debido a algún imprevisto, salen de su vulgaridad para vivir situaciones extremas, incluso absurdas. No en balde, Hitchcock es kafkiano en su concepción del cine. Nada en sus películas está porque sí. Todo está entretejido, y consigue mantenernos en vilo hasta el final, mientras vamos descubriendo, bien dosificado todo, cada hilo de sus tramas.
Lo importante en su cine es cómo nos cuenta la historia, original en su puesta en escena, con un estilo apropiado (en función de los movimientos de cámara, efectos del color, montaje, etc.), antes que el argumento en sí. Su forma de representar  la realidad viene determinada por su originalidad a la hora de componer los planos y en cómo nos presenta las escenas.

Su cine es una síntesis del modelo narrativo de Griffith, el cine alemán, sobre todo de Murnau (en lo referente a los movimientos de cámara) y  de Eisenstein (en cuanto al montaje). Su elaboración del encuadre es herencia alemana y sus mimadas secuencias de montaje, que dan la  impresión de realidad y verosimilitud, son deudoras del cine de Eisenstein. También emplea vivaces elipsis y sutiles detalles simbólico-visuales, como Lubitsch, que era capaz de guiar al espectador, de captar su atención en la forma de contar la historia, en el orden en que va dándole la información, siempre dosificada, y en el momento preciso en que conviene dársela.

Fantasioso en su estética de imágenes cargadas de metáforas y simbolismo (herencia del expresionismo alemán) y realista a la vez (lo que nos muestra debe parecer verosímil) nos sumerge en aventuras fascinantes, inauditas, en un contexto realista, lo que ayuda a hacer creíble la historia y nos sitúa, como público, en relación directa con su cine. A menudo nos muestra algo no habitual pero que podría suceder.

Asimismo, su virtud narrativa nos lleva a fijarnos sólo en lo que él quiere, en uno o dos elementos principales de la escena. Y nos muestra sutiles y complejos procesos mentales inconscientes sólo a través de la imagen. Un gesto, una expresión de un rostro o un movimiento fallido son suficientes para que nos demos cuenta de lo que sienten y piensan los personajes. Cuenta Freud que la verdad del pensamiento inconsciente y del deseo se manifiestan a través de actos fallidos, lapsus lingüísticos, resbalones, caídas, movimientos inesperados. Y en esto  Hitchcock es freudiano.
Su freudianismo/psicoanálisis es una constante en su cine,  que aparece de un modo implícito o explícito, como convención dramática, aunque también se nos muestra en otros niveles. Películas como RecuerdaVértigo (Scottie conduce a Madeleine a su escena, como la doctora Bergman conduce a Peck hasta la escena traumática del “asesinato” de su hermano en Recuerda, testimoniado por el sueño (ojos rasgados) diseñado por Dalí, o bien Psicosis (el moño en espiral de Vértigo nos lleva al moño de la madre muerta en Psicosis, y la necrofilia de Vértigo está luego en Psicosis). También Freud está presente en una peli como  Alarma en el expreso, en la que una vieja institutriz -en realidad una espía llamada miss Froy-, desaparece del vagón de un tren. Los viajeros, en complot, niegan la existencia de ésta, aunque la hubiera visto otro personaje, Iris, que descubre su apellido Froy escrito por ella en el cristal de la ventanilla del tren. Y así, en esta línea.


El realismo (fundamental en su etapa americana) le sirve para romper la barrera de frialdad del público y colocarse en relación directa con él. A menudo parte de una situación fantástica aunque dentro de un contexto realista (lo que logra hacer creíble la historia). Desea mostrar al espectador (siempre como referente, y al que pretende hacer sufrir) cosas extrañas pero que en cierto modo pueden suceder en la realidad (véanse por ejemplo Vértigo y Psicosis). La esencia de su cine se basa en la identificación del público con los personajes de la pantalla. De ahí que acabe llegando a todo el mundo.
Buen heredero del arte expresionista (sobre todo en sus comienzos, es decir en su etapa británica), su cine se fundamenta en la importancia de las imágenes con valor simbólico: escaleras de caracol (Vértigo), escaleras sombrías (Psicosis y Encadenados, que conducen a un sótano), escaleras magnificentes (Rebeca), etc. Símbolos entretejidos en función de las exigencias narrativas y melodramáticas de la peli. El suyo no es, por tanto, un lenguaje artificial o metalenguaje superpuesto al natural, sino que son las cosas, personas y ambientes más cotidianos y convencionales  los que desprenden, por el poder de estas imágenes, referencias míticas y simbólicas. Véase aun otra vez Vértigo: el ojo femenino del que brota una espiral, la espiral moño, el ramillete de flores, la escalera de caracol, las figuras de los títulos de crédito. Su realismo trasciende, en definitiva, en formas simbólicas.

Digamos que Hitchcock es un provocador y experimentador con la estética, en cierto modo fantástica, con las formas (sus característicos planos subjetivos, en ocasiones subrayados por la utilización de monóculos y prismáticos, los colores, etc.). Le encanta el espectáculo.

Educado en Londres, en una familia catolicona, cuyo padre se dedicaba al negocio de aves, Hitchcock queda marcado tanto por esta iconografía de monjas, iglesias barrocas con torres-campanario y catedrales (véase Vértigo) como por la siniestralidad de sus aves (véanse sus Pájaros o a Norman Bates en su papel de taxidermista en Psicosis, incluso la avioneta pajarraca de Con la muerte en los talones).  

En sus tiempos mozos se familiariza con varias disciplinas, entre otras, la mecánica, la electricidad, la acústica y la navegación. También trabaja en una Compañía de Telégrafos, a la vez que estudia fotografía y Bellas Artes, donde aprende la técnica y el arte del dibujo publicitario, convirtiéndose así en un hábil  dibujante. De hecho comienza en el mundo del cine como  rotulista para la productora Famous Players. Desde su inicio en la cinematografía, muestra su desinterés por cuestiones ideológicas, en cambio se obsesiona con la forma y  la estética de las imágenes, que estas tengan  valor simbólico, metafórico. A Hitchcock le interesaba sobre todo la fase de preproducción: la elaboración  del guión técnico y los story-boards (la etapa creativa, según él).  

Sus personajes

Suelen esconder, a través de su existencia cotidiana y vulgar, un mundo sombrío, en ocasiones retorcido, a veces frágil. Y casi siempre les ocurre algo, sobrevenido, por accidente, por error, de un modo imprevisto, que da un giro inesperado a sus vidas, aparentemente normales hasta ese momento. Algunos se ven envueltos en situaciones inauditas, infrecuentes, kafkianas, como ocurre en Con la muerte en los talones o en Vértigo).   Sus personajes suelen ser asesinos o personas encubiertas en falsas y/o dobles personalidades (Norman Bates en Psicosis) o personajes solapados al recuerdo del pasado.

Al maestro le gusta jugar con situaciones anormales aunque siempre dentro de un entorno realista y creíble. Entre su galería de personajes, merecen un capítulo aparte sus mujeres hermosas y rubísimas, de aspecto exterior frío aunque con fuertes pulsiones sexuales, siempre agredidas a picotazos, a puñaladas, a punto de caer en el abismo, despojadas de sus tacones (de ahí que se hable a menudo de su misoginia y de su fetichismo). Su decidido gusto por la erótica que entronca con la muerte. Eros y Tánatos rozándose. Bien freudiano. Porque detrás de su mujer-fetiche-objeto de deseo se esconde la muerte. Véase el erotismo necrófilo de Scottie en Vértigo. No en vano, sus grandes temas son el amor-pasión-deseo entretejido con la pulsión de la muerte-crimen. O la posesión de un ser vivo por una muerta, como vemos en Rebeca, que podría considerarse como precursora de Vértigo. En Vértigo y en Rebeca, los vivos están dominados y poseídos por los muertos. La ausencia (paradójicamente omnipresente) de la muerta determina en Rebeca toda la trama.  Incluso cabría decir que el personaje ausente de Rebeca está más viva que los difuntos de Manderley, como confiesa el ama de llaves.

En todas las películas de Hitchcock  hay tramas amorosas, utilizadas a veces como convenciones melodramáticas o recursos que facilitan la identificación con el público. Por otra parte, está el tema del falso culpable, como ocurre en la película 39 Escalones (un tipo inocente se ve involucrado, por accidente, en un asunto de espionaje, lo que prefigura su peli Con la muerte en los talones-en la cual unos matones persiguen al prota, al que consideran un espía americano), Falso culpable (en la que se acusa a un músico de jazz de cometer robos), Otro tema recurrente es el doble o la transferencia de culpabilidad de un personaje a otro, como en La sombra de una duda, en la que un asesino de viudas es en apariencia el doble angelical de su sobrina, y éste a su vez descubre que su sobrina es su propio doble, o en la peli Yo confieso, en la que el crimen hecho por un inmigrante alemán es transferido a un sacerdote, que como cómplice, acaba siendo el sospechoso, y aun el insólito pacto siniestro de un intercambio de crímenes en relación a una determinada trama penal, como vemos en Extraños en un tren, que es una adaptación de una novela de Highsmith, y en cuyo guión intervino Chandler.

El cine de Hitchcock sigue alimentando nuestros sueños/pesadillas y quien esté interesado en su obra, aparte de ver sus películas, recomiendo El cine según Hitchcock, de Truffaut.