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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Mapi Galán en Bembibre

Mapi Galán
Una temporada más llegan las Tardes de cine a Bembibre. Esta será la segunda edición, y en este caso contaremos con la presencia, entre otros y otras, de la actriz ponferradina, Mapi Galán, a quien vimos por primera vez, en vivo y en directo, en la inauguración de la Escuela de Cine de la capital del Bierzo. ¡Qué tiempos aquellos. Si parece que hubiera transcurrido un siglo! Pero, no, hace apenas ocho años, en el 2001, para ser más exactos. Aún conservo una foto, en la que aparezco retratado con ella. Ahora me doy cuenta de que Mapi llegó a ser como una musa o amor ideal. Como suele ocurrir con las artistas sublimadas por un deseo que nunca llega a materializarse en acto. Siendo un adolescente y pastor de gamusinos en la serranía de Gistredo, recuerdo haber visto a la Galán -qué seductor apellido artístico-, en alguna revista. No sabría decir en cuál. En todo caso, allí aparecía la actriz, retratada como una diosa del celuloide, y se hablaba de ella, o ella hablaba de sí misma -quizá fuera una entrevista- acerca de sus trabajos en el cine, tanto español como extranjero. Aquello me cautivó, lo confieso. Y me hizo soñar. ¿Cómo una actriz berciana era tan importante, conocida incluso fuera de España, y uno no sabía ni de la misa a la media? A partir de ese momento, revelador sin duda, comencé a interesarme por su carrera, que ha resultado todo un éxito, porque ha trabajado con grandes directores, tanto nacionales como internacionales. Y hasta ha rodado, como directora, un cortometraje, que pudimos ver en el pasado Festival de cine de Ponferrada. En este corto, Se Ven De, cuyo título nos sumerge en un juego de palabras, Mapi dirige a dos buenos directores, Sergio Cabrera y Antonio Cuadri, en el papel de actores, además de Juanjo Puigcorbé, uno de los rostros más conocidos y singulares del cine español.

En cuanto a su filmografía como actriz cabe destacar Bellas durmientes, una peli atrevida e hipnótica, en la que los clientes tienen fantasías con sus meretrices mientras éstas duermen plácida y complacientemente; París Tombuctú, del histórico Berlanga; El detective y la muerte, de Gonzalo Suárez, o bien coproducciones como El apartamento, junto a las actrices Monica Bellucci o Romane Bohringer (premiada con el César por Les nuits fauves), y La ciudad de los niños perdidos, de los franceses Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, directores de la fantástica y humorística Delicatessen. El propio Jeunet es también el artífice de la disparatada, romántica y exitosa Amélie. En todas éstas, y en alguna más, hemos visto a nuestra actriz, en variados papeles, desde una francesa relamida hasta una monjita entre recatada y libídine.

Te esperamos, querida Mapi, el próximo 1 de octubre en la Casa de las Culturas de Bembibre.

jueves, 17 de septiembre de 2009

De nuevo en el Bierzo

Después de una temporada en tierra canadiense, vuelvo al Bierzo como un zombi. Y es que los jet lag nos dejan apijotados y luego no hay quien a poner orden y concierto al espíritu, que se habitua en poco tiempo a lo bueno/bello, o sea, a pasear con entrega por el ancho mundo, con sentido de la libertad, y todo eso que los nómadas saben hacer como nadie. Pero ahora toca otra realidad, el día a día en un entorno más conocido, etc. Lo post se convierte en añoranza de algo que pudo ser y tal vez se perdió, y así en este plan morriñoso, que para eso uno es berciano. ¿Qué es ser berciano?, se plantea a menudo Valentín Carrera, gran viajero y amigo, que presentó su último libro en Bembibre mientras uno andaba danzando por los Vancouveres. Desde que regresé hasta el día de hoy, siento que algo se ha movido en mi yo, porque el viaje acaba siendo iniciático, transformador. La fiesta de la Encina pasó, el Cristo idem de lienzo, pero uno sigue agarrado a sus sueños, no tiene ganas de regresar a la realidad, a una realidad que se impone, por cierto, como una apisonadora. Vivir en el Bierzo quizá no sea del todo fácil, tampoco en otros lugares se atan los gatos con longanizas, pero uno descubre o redescubre su tierra y la ama por encima de todo. Hay olores, colores y sabores que no se pueden olvidar. Y los amigos, y la familia, y todo eso que uno quiere de veras, y por lo que daríamos todo, llegado el caso. Uno viaja no sólo para ver mundo, como se decía antaño, sino para conocerse mejor, para entender más y mejor al otro, a ese ser humano que tenemos delante, que sueña y piensa parecido a nosotros, porque en el fondo no somos tan diferentes, aunque unos algunos sean más iguales que otros, y todo eso que ya sabemos o deberíamos saber. Tanto tenemos que aprender, que podríamos estar varias vidas viajando, conociendo el mundo y los humanos, y no acabaríamos por saber más que "el solo sé que no sé nada" socrático. Ahora estoy elaborando algo sobre Vancouver, y me está costando más de lo que creía, quizá porque no me he puesto de verdad, tal vez porque aún sigo en Canadá, viviendo una aventura mientras escucho a The pretenders en el Stanley Park, o saboreando la cocina coreana en Robson Street, o paseándome por Chinatown, o descubriendo, de la mano de alguna oriunda, Commercial Drive, en el Broadway de Vancouver. Tantas vivencias que ya pertenecen al recuerdo, al pasado, pero ahora toca el presente, las Tardes de Cine en Bembibre, etc. Sigo vivo, amiga Orfelina, o eso creo. Y estoy dispuesto a vivir más que nunca. Carpe diem. A sentir más que nunca. A ser mejor que nunca. Lo intentaré, al menos. Y leeré todo lo que pueda. Y seguiré amando la vida por encima de todo, porque sólo creo en ésta, y el tiempo pasa, mientras nos entretenemos en otras cosas, como diría John Lennon, icono libertario, músico mgnífico al que un mal día segaron la vida. Vivamos, pues, cada instante, cada minuto, y dejémonos de idioteces. Disfrutemos con nuestros seres queridos, sobre todo ahora que siguen a nuestro lado, porque a final lo que nos quedan son los afectos, más allá de cualquier cosa material...

martes, 1 de septiembre de 2009

Aventura canadiense

La aventura canadiense, por decirlo de un modo exotico, esta llegando a su fin. Se han pasado los dias con una gran velocidad. Suele ocurrir cuando uno conoce algo. Viajare a Toronto, pero no creo que visite la ciudad, salvo que haga un cambio de billete. No estaria mal, en todo caso, darse una vuelta por esta gran ciudad, la primera de Canada. Tambien se me ponen los dientes afilados al pensar en otras ciudades como Montreal o Quebec, que me gustaria conocer. Ayer estuve en una zona o barrio conocido como Commercial Drive, cerca de la estacion Broadway, a las afueras del Downtown de Vancouver. En realidad Commercial Drive es una calle con muchos restaurantes y pubs adonde gusta ir la bohemia vancouverina. Vancouver, a pesar de lo que conte a proposito de Main Street y Hastings Street, tiene mucho encanto. Se necesita tiempo y ganas para descubrir esta ciudad. Lo que me sorprende es que entre la variada y pintoresca oferta de restaurantes, no haya ni un solo restaurante espagnol. La idea de nuestro amigo Jose Luis de montar un restaurante de sabor espagnol es excelente. Asi que sigue en vigor tu idea, Segnor Carretero. Vancouver es por lo demas un espacio digamos televisivo o filmico porque los neoyorkinos suelen rodar spots en esta tierra, a resultas de que es mas barato que en su pais y por su parecido, en cierto modo, con New York. Hasta la proxima.